Diciembre 2015

Año 3 - Número 32

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JANUS es la divinidad que expresa todo fin de ciclo y renacimiento.

Al culminar con la alegría del trabajo intenso una etapa y reiniciar otra, adviene la reminiscencia de esta figura, que reside en todo umbral. Un ciclo finaliza y uno nuevo, nace. Pero ambos están vinculados porque el futuro sin dudas se alimenta de lo hecho, de los cimientos y del porvenir.

Por eso JANUS es bifronte, mira para atrás y para adelante; sintetiza de tal suerte, el sentido del tiempo, en cuanto medida de la vida y de la historia.

¿Qué nos interesa destacar en este momento en que traspasamos el umbral de JANUS…? Que hemos trabajado en un contexto de la mayor riqueza institucional, que hemos disfrutado de una verdadera calidad organizacional y de pluralidad.

Que ello genera creatividad, alegría, entusiasmo.

Que no hay cansancio si se trabaja con motivación.

Que las energías de las personas se multiplican cuando la libertad no sufre agobio.

Que cuando hay libertad y respeto aflora la dignidad de la persona en toda su dimensión; y sus potencias se actualizan y fructifican en beneficio del Bien Común.

Vaya pues, en este emotivo momento, el merecido homenaje, reconocimiento y agradecimiento de la Casa, al Dr. Julio CONTE-GRAND, así como también a sus procuradores adjuntos, los doctores, Alicia ARBÓL Y Fabián ZAMPONE.

Y la más cordial bienvenida al entrante Procurador General, el Dr. Gabriel ASTARLOA.


  1. En el panteón romano, existe Janus bifronte. Janus expresa el principio dual: el pasado y el futuro. Lo sagrado y lo profano. Janus es la divinidad que expresa todo fin de un ciclo y renacimiento. Janus es la "bisagra" que une el pasado, simbolizado en la cara que mira hacia la izquierda y el futuro, simbolizado en la cara que mira hacia la derecha. Janus simboliza todo inicio. Por eso el primer mes del año lleva su nombre en las distintas lenguas: January, Januar, Janvier, Janeiro, etc.

Según la tradición latina, Janus reside en el umbral de la casa. Justamente porque separa el ámbito profano del exterior, del ámbito sagrado del interior. Por esa razón, ya en tiempos remotos el novio debía alzar a la novia en brazos para ingresarla en la puerta de su nuevo hogar, porque ese umbral no debía ser pisado (información proporcionada por el Dr. Alfredo DI PIETRO, abogado, doctor en derecho y romanista).