Julio 2021

Columnas de opinión del Procurador General

Pandemia, lo que pasó y lo que viene

Parece mentira, nos suena increíble, pero la pandemia lleva ya casi un año y medio entre nosotros dejando una marca indeleble en nuestras vidas. El aislamiento, el miedo, la muerte, la sensación de fragilidad, los encuentros virtuales, el distanciamiento social, la dificultad de planear el futuro, el trabajo remoto, todo ello ha estado y sigue presente como notas predominantes de nuestra existencia en este período de casi dieciocho meses que, ciertamente, parece todavía prolongarse.

La incertidumbre se enseñorea como principal condición de este drama que se encuentra aún en pleno desarrollo. Podemos tener los datos del presente, pero parece temprano todavía para poder definir lecciones del pasado y, mucho más, para desentrañar con alguna aceptable claridad lo que puede venir en el futuro. A pesar de esta manifiesta limitación, casi entre brumas nos animamos a bosquejar (como pensando en voz alta) algunas pocas evidencias que nos surgen como fruto de una mirada hacia atrás y de otra que incorpora la perspectiva del mañana.

Empecemos por reconocer que resulta muy difícil enfrentar este desafío que nos ha planteado el Covid 19. Se trata de un virus nuevo, mutable y de gran circulación y contagio. Es una pelea contra un adversario tan temible como indescifrable en algún sentido. No en vano se trata de la primera pandemia efectivamente global en la historia de la humanidad. Son todas razones poderosas que pueden explicar una cierta ineficacia en las decisiones adoptadas para hacerle frente.

Sin embargo, aún computando este natural déficit, puede advertirse que algunas medidas dispuestas en nuestro país fueron negativas o inadecuadas y terminaron por generar problemas adicionales. Hay que tener en cuenta además que estacionalmente contamos con la ventaja de poder tomar decisiones conociendo de antemano las realidades que el mismo virus había provocado en otras latitudes.

Es verdad que los cierres dispuestos el año pasado por la normativa nacional, en especial en lo referido a las escuelas y al comercio y la actividad económica, pudieron ser excesivos y prolongados, ello como consecuencia de la falta de una mejor gestión o prevención. Aunque no siempre había un acuerdo inicial entre las jurisdicciones, el esfuerzo de coordinar las medidas ha sido un aspecto valioso para resaltar. El bajo porcentaje de población vacunado a la fecha es también consecuencia de las demoras y contradicciones incurridas por el gobierno nacional en sus políticas. Ni hablar del escándalo del llamado “vacunatorio vip” que está siendo investigado por la Justicia. Más allá de la sentencia que pueda dictase en dicha causa, lo cierto es que las afirmaciones de algunos funcionarios pretendiendo justificar su temprana inoculación denotan una concepción sobre el ejercicio del poder contraria a los postulados básicos de una ética republicana.

De cualquier manera, como ya lo hemos sostenido, consideramos que nuestras energías deben concentrarse en gestionar el presente con la mayor eficiencia y transparencia, y con particular énfasis también, en preparar el futuro. No tenemos mayores certezas, ni mucho menos plazos y fechas concretas acerca del mañana, pero está claro que finalmente nos sobrepondremos a esta pandemia como consecuencia del espíritu y capacidad de la especie humana. Tenemos un futuro abierto para ser construido y para ello debemos estar bien preparados. La extensión de la tecnología de la información y la conectividad a todas las franjas poblacionales luce como condición indispensable para lograr un desarrollo integral.

Nuestro desafío es desplegar el máximo de nuestros conocimientos e inteligencia siendo capaces, con creatividad e innovación, de repensar las condiciones de nuestra vida en común para que todos podamos alcanzar el mayor bienestar posible. La política con mayúsculas debe estar a la altura para conducir este proceso. Ello resulta especialmente necesario entre nosotros cuando los niveles de pesimismo colectivo y desesperanza sobre la situación y el futuro del país alcanzan ribetes francamente alarmantes.

Cuando muchos jóvenes se quieren ir, es preciso que nos decidamos a planear un futuro posible desde ahora. Esto incluye por cierto la responsabilidad de ofrecer una fórmula política de candidatos y propuestas alternativas que logren no tan solo ganar una elección sino alcanzar también las mayorías y consensos necesarios para adoptar las decisiones de largo plazo que permitan salir del atraso y empobrecimiento que aquejan al país desde largas décadas. Este es el enorme desafío que tenemos por delante.