Agosto 2017

Columnas de opinión del Procurador General

Nuestro mayor desvelo es la persona

Estamos en vísperas de la realización del V Congreso Internacional de Abogacía Estatal, Local y Federal que se realizará en los primeros días del próximo mes de septiembre en el Hotel Panamericano.

Para muchos de nuestros lectores, las funciones de capacitación y extensión que llevamos a cabo en la Procuración General de la Ciudad, y especialmente este próximo evento académico, pueden resultar las tareas más visibles que conozcan. Pero ciertamente el núcleo de nuestra labor profesional pasa por las actividades diarias relacionadas formalmente con los juicios, los dictámenes y los sumarios. No obstante ello, como lo hemos señalado reiteradamente, la capacitación permanente será siempre una exigencia en la formación y la carrera de los abogados que integran esta Casa.

Para nosotros es un orgullo que este congreso se haya constituido en un clásico de la Abogacía Pública de todo el país. Es una iniciativa que surgió no solo dirigida a los abogados de la Ciudad de Buenos Aires sino a todo el país. En las últimas ediciones hemos reforzado la perspectiva federal de este encuentro a partir de la mayor interacción desarrollada con la abogacía pública de las provincias. Hoy es un punto de encuentro para muchos abogados de la Argentina y también de otros países de habla hispana.

"Dignidad de la persona y derechos humanos: proyecciones sobre la abogacía pública", tal el título de nuestro próximo congreso. Bajo tan amplia y sugerente invitación nos proponemos tratar una variedad de temas de Derecho Público y de interés administrativo donde el eje central será la persona humana. La defensa de los derechos, las prerrogativas estatales, la libertad y la autoridad, la seguridad jurídica, las nuevas tecnologías y los tratados internacionales, los regímenes procesales y la defensa en juicio son solo algunos de los tantos temas que podremos reflexionar de la mano de prestigiosos catedráticos y colegas especializados nacionales e internacionales.

Hoy más que nunca debemos recuperar el valor y el sentido de la dignidad de la persona humana. La industrialización y la revolución tecnológica trajeron ciertamente consigo muchas y grandes bondades a nuestras vidas: mayor oferta de bienes y servicios, accesibilidad, globalización, oportunidades de trabajo, etc. Pero también debemos admitir que estos beneficios no han llegado a todos por igual generando una situación de desigualdad que debemos imperativamente remediar. Por otro lado, el hombre ha desarrollado como nunca un gran dominio sobre la naturaleza y una gran concentración de poder en los más variados ámbitos de la vida, y cabe preguntarse hasta dónde dicho fenómeno ha posibilitado una vida más humana.

Como hemos reiterado en otras ocasiones, la política tiene por objeto el logro del bien común, esto es, el conjunto de condiciones que permite a cada una de las personas y grupos sociales alcanzar de modo más pleno el propio bien particular. Bien común y bien personal son conceptos que se exigen mutuamente, y por ello no pueden caber las recetas individualistas ni tampoco las construcciones colectivas que desconocen los derechos y libertades personales.

El principio de dignidad de la persona humana debe estar en el centro, no tan solo de nuestras consideraciones y reflexiones, sino también de la actividad de quienes tienen responsabilidades en la vida política y social. Esa es la luz que aspiramos ilumine las jornadas que compartiremos próximamente.