El mundo Surandino

Tradiciones compartidas, tanto en la relación y la devoción con la divinidad, como en el aprovechamiento y domesticación del paisaje.

Foto: Archivo/Museo Fernández Blanco

En 1532 un pequeño grupo de españoles encabezado por Pizarro tomó contacto con el actual territorio de Ecuador, última conquista de los incas.

Estos señores del Cusco habían logrado afirmar un estado que se extendía desde la costa del Pacífico hasta las selvas boscosas del Chaco y desde la línea ecuatorial, hasta el paralelo 34, en Chile. Más allá del mosaico étnico que conformó el Tahuantinsuyu, el mundo surandino estuvo cimentado en tradiciones compartidas, tanto en la relación y la devoción con la divinidad, como en el aprovechamiento y domesticación del paisaje.

El tráfico de caravanas de llamas, intercambiando mercaderías e ideas, relacionó estas etnias, generando un ámbito cultural más o menos homogéneo. A la burocracia del Estado Inca se le superpuso la no menos burocrática organización del Estado Español. La capacidad artesanal de los naturales fue aprovechada para imponer un estilo diverso, sin embargo, no fue la destreza textil o metalúrgica de los indios lo que sobrepasó las fantasías de los conquistadores, sino la riqueza de sus recursos minerales.