La Cultura de la Selva

Colonización del Paraguay.

Foto: Archivo/Museo Fernández Blanco

Sin metales preciosos, población nómade, y la dificultad de la supervivencia en el bosque tropical, la colonización del Paraguay fue una empresa difícil. La región abarcaba del este boliviano al sur del Brasil y desde el Amazonas hasta la llanura pampeana.

Asunción era el último enclave español, pero en el interior, los guaraníes controlaban la navegación de los ríos. La Compañía de Jesús propuso una solución a la Corona y a los encomenderos: Los indios serían “separados” del poder secular, liberados del “servicio personal”, pero reducidos bajo la tutela de los jesuitas.

La evangelización se basó en la labor apostólica y el reagrupamiento de las tribus para evitar su dispersión. La organización del trabajo los liberaba de la dependencia económica de los encomenderos y les permitía un excedente comercializable: productos agrícolas, mobiliario, tejidos, artesanías en plata e imaginería.

Para 1767, año de su expulsión, las admiradas misiones habían concitado el recelo y la codicia, no sólo de los encomenderos de Asunción y de los hacendados de San Pablo, sino de las coronas española y portuguesa, y aún de la propia Iglesia secular.