La Cultura de la Selva II

Misiones Jesuíticas de Moxos y Chiquitos

Foto: Archivo MIFB

El territorio boscoso al norte de las sierras de Cochabamba, habitado por los moxos, y las planicies inundables al este de Santa Cruz de la Sierra, reino de los pueblos chiquitanos, representaron un verdadero desafío para la colonización española, y una constate amenaza como puerta de entrada de los portugueses a las riquezas minerales del Alto Perú.

A partir del éxito evangelizador, económico y militar que significaron las misiones guaraníticas del Paraguay, la corona, a fines del siglo XVII, solucionó el problema jurisdiccional, entregando la administración de estos territorios a la Compañía de Jesús y, posteriormente, a los franciscanos, a cambio de la efectiva evangelización de los indígenas.

Se repitió la experiencia al implantar un sistema fundacional de pueblos que permitía la coexistencia de una organización social de “familia extensa”, característica de las parcialidades tupí-guaraní y la “virreinal”, en tanto quedaban sujetos a la corona española. El centro de la vida en las reducciones era la práctica religiosa y el trabajo reglamentado, bajo la dirección de un misionero y de un padre coadjutor que se encargaba de los bienes materiales y de los tratos económicos y jurídicos con el exterior.

Como intento de instituir una república platónica, la población estaba organizada en talleres que tenían a su cargo la producción de bienes comunales. Albañiles, carpinteros, retablistas, imagineros trabajaban bajo la supervisión de un jesuita arquitecto, levantando templos y casas y produciendo muebles como contadores, marcos o escaños para el consumo en las ciudades virreinales.