Integridad, proporción y brillantez: Arte y devociones dominicas en el mundo colonial

Integridad, es decir perfección, proporción, entendida como armonía, y brillantez, no como lujo ostentoso sino en su acepción de luz y claridad en el mensaje, fueron los parámetros con los que el gran teólogo y filósofo dominico Santo Tomás de Aquino definió el Arte.

Al igual que en el resto de América, a su llegada a los territorios de Córdoba del Tucumán, Cuyo y Río de la Plata, la Orden de Frailes Predicadores de Santo Domingo se empeñó en el perfeccionamiento de la Fe, en la difusión del conocimiento filosófico y de la ética cristiana, y en la promoción de las artes.

A través del esplendor de sus conventos y templos, el bien y la belleza fueron entendidos como reflejo de lo divino. No fueron sólo promotores y protectores de artistas y artesanos, quienes muchas veces vivían o tenían su taller en los propios conventos, sino que, también, los mismos frailes ejercieron diferentes disciplinas artísticas. Por su parte, los terciarios de la Orden y los cofrades de la Virgen del Rosario propiciaron la importación, la producción y la donación de obras de arte para los templos. Así, los conventos de Predicadores se abastecieron de producciones locales, pero también enriquecieron sus altares y claustros con obras provenientes de otros lugares de América, Europa y Asia.

La iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Buenos Aires fue el último gran templo erigido en la ciudad durante el período colonial. Construida a lo largo del siglo XVIII, gracias al aporte financiero de Juan Lezica y Torrezuri, Manuel Rodríguez de la Vega y otros terciarios, fue consagrada en 1786. Las esculturas, retablos y pinturas que la revistieron, con excepción de la imagen titular, mucho más antigua, fueron realizados entre 1770 y 1820, convirtiéndose así en un conjunto notable de homogeneidad estilística. Lamentablemente, los infortunados hechos de 1955 provocaron la destrucción o dispersión de muchos de esos bienes artísticos. Sin embargo, algunos de ellos tuvieron como destino al Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco.

Como cierre del VIII Centenario de la Confirmación de la Orden Dominica (1216-2016) y en el marco del IV Año Jubilar de la primera santa americana, Santa Rosa de Lima, (1617-2017), el Museo Fernández Blanco se suma a estas celebraciones con una muestra que pone de manifiesto el accionar de la Orden de los Predicadores en el Virreinato del Río de la Plata a través de los lienzos, tallas y objetos litúrgicos exhibidos en sus nuevas salas.

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