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Día Internacional de la mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora

Tres mujeres afrodescendientes nos cuentan desde sus experiencias, cómo influyen en su vida sus raíces afro: activismo antirracista, el arte como medio de reivindicación y una asociación sin fines de lucro que lucha contra los estereotipos.

Sábado 25 de julio de 2020

Un 25 de julio hace 28 años, un grupo de mujeres afrodescendientes de 32 países de América Latina y el Caribe, se reunieron en República Dominicana para visibilizar sus luchas, su resistencia, y definir estrategias para enfrentar el racismo y el sexismo, entendiendo estos dos ejes de violencias interseccionales, como los principales a los que se enfrentaban. A partir de esta reunión, se estableció el 25 de julio cómo Día Internacional de la mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora.

“Aún persisten miradas y prácticas discriminatorias que estigmatizan a la mujer afro, herederas de la historia de violencia perpetrada. Su sometimiento de género se suma a la situación de precariedad y exclusión a la que fueron sometidas, invisibilizadas y excluidas, generando una situación de múltiple vulnerabilidad en su colectivo”, explican desde La Red Iberoamericana de Organismos y Organizaciones contra la Discriminación (RIOOD).


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En el Día Internacional de la mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, recordamos aquel primer congreso en el que se reunieron más de 400 mujeres afrodescendientes en busca de la reivindicación de la mujer afro para generar un cambio en sus vidas. El objetivo fue y sigue siendo visibilizar la discriminación, violencia, sexismo, exclusión, pobreza y migración que atraviesa la comunidad. En su día, seguimos acompañando y escuchando a las mujeres que alzando su voz colaboran en la reivindicación histórica de sus ancestras y la visibilización, y reapropiación de sus raíces en la cultura argentina. #DDHH #MujerAfro #BAColectividades

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La colectividad afro es parte de la sociedad argentina desde hace más de 500 años, aunque muchas veces desconocemos la gran influencia de su cultura en nuestra vida cotidiana, en el lenguaje, en la música, las ideas y hasta en la gastronomía. Parte de esta invisibilización se debe a que durante el siglo XIX se corrió el mito de la desaparición de la población afrodescendiente producto de las guerras y la fiebre amarilla.

Hoy sabemos que esta desaparición, más allá de una maniobra política que buscaba construir a la Argentina como una nación blanca, se trató solo de eso: un mito. El censo oficial de 2010 indicó que de la población argentina, 149.493 personas se reconocen como afrodescendientes; sin embargo, las organizaciones que nuclean a los y las africanas y afrodescendientes, estiman que son más de 2 millones las personas de este origen.

Tres mujeres, tres historias

Hoy, en su día, tres mujeres alzan la voz para contarnos su historia y colaborar con la reivindicación de sus ancestras, la visibilización y reapropiación de sus raíces en la cultura argentina, rompiendo con los estereotipos existentes.

Afroargentinas: “La verdadera igualdad y el respeto a la diversidad, eso es lo que tenemos que conseguir como sociedad”.


Activismo antirracista

Lena Victoria Gomes Stabi tiene 24 años y se considera activista del movimiento antirracista desde siempre. “Crecí en una familia afro con consciencia sobre nuestra negritud y raíces africanas, varios eran o son activistas y desde pequeña me enseñaron a estar orgullosa de quién soy. Me motivaron a transitar por ambientes afro y africanos. Crecí mamando la lucha por los Derechos Humanos y, hoy en día, ésta es una parte fundamental de mi vida, mi formación y mi visión del mundo”.

Resalta la importancia de recuperar las raíces afro invisibilizadas en la historia argentina. “Sabemos que hay raíces afro en el Tango, la Milonga, el Malambo, en el asado, el dulce de leche y en un sinfín de palabras cotidianas que reconocemos bien argentinas. En todo aquello que miro, encuentro rasgos afro invisibilizados”. También cuenta que reconoce la mano de obra afro en cada ciudad colonial que recorre y agrega: ”Todo esto forma parte de historia argentina invisibilizada que merecemos saber, y que el racismo, entre otras cosas, nos negó”.

Lena explica que siempre fue consciente de las opresiones del racismo y el machismo y que hoy forma parte de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, donde trabaja para avanzar en la conquista de los derechos de su comunidad. “Aprendí que nosotras mismas podemos crear grandes proyectos de transformación política,” afirma.


Romper con los estereotipos

Emmey es de República Dominicana, es médica uróloga y llegó a la Ciudad hace 6 años: “vine a hacer un posgrado y, al contrario de los estereotipos que se han creado sobre mi país, no migré por falta de oportunidades. Vine a conocer Argentina y me enamoró su diversidad cultural”.

Cuenta que a pesar de venir de un país donde el 80% de la población es afrodescendiente, “no había cuestionado nunca antes mis raíces, ya que en la escuela no me hablaron de historia negra, ni de la lucha por la libertad; me contaron siempre la historia del lado de los españoles”.

Hace un año fundó la Asociación de dominicanos Unidos en Argentina (ADUA). “La asociación nace de una necesidad personal de mostrar mi cultura y romper con los estereotipos con los que me encontré: que venimos de un país pobre, sin educación, donde las mujeres somos hipersexualizadas y utilizamos nuestros cuerpos para lucrar, y donde los hombres se dedican a ser peluqueros; necesitaba romper con este mito y mostrar la realidad”.

En su trabajo como médica, muchas veces se encuentra justificando su nacionalidad y sintiéndose discriminada o estereotipada. “Nuestra asociación se dedica a representar a la República Dominicana de una manera más diversa ante instituciones y actividades en la Ciudad. Buscamos involucrar a la colectividad dominicana en la sociedad porteña, porque es fundamental romper con los estigmas sociales para lograr una inclusión real”.


El arte como herramienta de reivindicación

Rebeca Traoré es estudiante de realización audiovisual y el año pasado guionó, realizó la dirección de arte y dirigió su segundo cortometraje "Historia de una piel" que fue exhibido en la muestra de arte "Ancestralidad, Africa en nosotrxs" en la Ex ESMA, en el Archivo Nacional de la Memoria.

“Fue un proceso de gran introspección, tuve que rememorar muchas experiencias dolorosas vividas en mi infancia. En medio de la fase de escritura comencé a contactar a mujeres afroargentinas, para entender cómo habían sido sus vivencias. Ese fue un momento desgarrador porque encontré el mismo patrón de racismo, cosificación y soledad en sus experiencias vividas en la niñez y en la adolescencia”.

Aunque la experiencia presentaba un desafío, logró transformar la angustia en el motor de su proyecto. “Entendí que era necesario visibilizar la violencia social que recibimos las personas racializadas, sobre todo las mujeres. Estas experiencias forjan nuestro carácter, nuestras psiquis y nuestra cosmovisión", cuenta.

Segura de que el racismo que sufren debe visibilizarse, utiliza su trabajo como un canal para eso: “El arte es liberador, me ayudó a sanar y expresarme en las distintas áreas del hermoso mundo audiovisual” afirma. Y adelanta, “en este momento estoy trabajando en varios proyectos, uno de ellos es un documental para el 2021 sobre la afroargentinidad. La temática afro es para mi la más importante”.

Rebeca considera al cine una herramienta de transformación social “es hora de que se deje de normalizar el micro y macro racismo. Nuestra generación ya tiene las marcas de esta violencia registrada en la memoria, pero todavía estamos a tiempo de cambiar las cosas para la siguiente. Que en sus infancias no tengan que sentir la marginación, el desprecio y la violencia física a causa del racismo. La verdadera igualdad y el respeto a la diversidad, eso es lo que tenemos que lograr conseguir como sociedad”.

Sobre medios en la Ciudad