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Las Kamikazes volvieron a la Villa Olímpica

A dos años de haberse consagrado en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, las chicas del seleccionado de Beach Handball regresaron a la Villa Olímpica, el búnker donde gestaron el oro olímpico.

Viernes 23 de octubre de 2020

Emoción. Alegría. Felicidad. Nostalgia. Recuerdos. Reencuentros. Orgullo. Consagración. Anécdotas. Todo ese “Mundo de sensaciones”, como decía el genial Sandro, vivieron Ro, Zoe, Caro, Belu, Luly y Fiore al regresar, luego de dos años, a la Villa Olímpica, el lugar donde se gestó la consagración de Las Kamikazes en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.

La lluvia asoló a la Ciudad durante todo el lunes y gran parte del martes, pero de golpe, alrededor de las 16 horas, las nubes comenzaron a reacomodarse y a dejar asomar pequeños rayos de sol. Dejó de llover. El cielo, como sabiendo de lo que estaba por venir, se sumó a la fiesta del reencuentro.

Corren como niñas. Están felices, no paran de reírse. “Uh, te acordás que acá estaba el comedor”. “Aquel era nuestro departamento”. No paran de recordar. No paran de emocionarse. “Pasaron dos años y es hermoso volver, lo estamos disfrutando mucho”, asegura Fiorella Corimberto, la más pequeña de aquel grupo que revolucionó aquellos inolvidables Juegos. “Se me puso la piel de gallina cuando bajé del auto y empecé a caminar por estas calles”, remarca Zoe Turnes.

El 13 de octubre de 2018 en el Parque Sarmiento una multitud explotaba con la consagración de aquel, ya mítico, equipo de Beach Handball, Las Kamikazes, que derrotaban 2 a 0 en la final a Croacia y se quedaban con la medalla dorada.

“No esperábamos que íbamos a convocar a tanta gente. Fue increíble el apoyo que tuvimos hasta el último partido”, recuerda Luly Balsas.

“Esto es muy loco, es la primera vez que volvimos después de los Juegos. Es maravilloso ver que ahora, donde hace dos años estaba lleno de atletas de todo el mundo, hoy vive gente. Es genial. Se me suben las pulsaciones”, se alegró Luly Balsas al recorrer las calles internas de la Villa.

Y siguen sacándose fotos. Sus padres las ven disfrutar. Las chicas están inquitas. Se ríen todo el tiempo. Y más fotos.

“No esperábamos que íbamos a convocar a tanta gente. Fue increíble el apoyo que tuvimos hasta el último partido”

“Siento una alegría y una emoción indescriptibles. Es hermoso poder volver, reencontrarme con mis amigas, con ellas vivimos todo acá. Nunca imaginé volver. Estar juntas en este lugar que tantas alegrías nos dio, es muy emocionante”, confesó con una sonrisa de oreja a oreja la jugadora de la Sociedad Alemana de Ballester, Belén Aizen.

Zoe Turnes, Carolina Ponce, Belén Aizen, Fiorella Corimberto, Luly Balsas y Rosario Soto son seis, de las nueve jugadoras que se colgaron la medalla dorada aquella tarde soleada de octubre de hace dos años y que volvieron a revivir aquellos inolvidables momentos en su casa, la Villa Olímpica. Las otras tres campeonas fueron: Gisella Bonomi, Caterina Benedetti y Jimena Riadigos.

Se juntaron las seis en el centro de la Villa para mirarse a los ojos y recordar aquellas buenos tiempos en ese lugar donde se forjó el sueño que persiguieron durante aquellos Juegos.

El 13 de octubre de 2018 en el Parque Sarmiento una multitud explotaba con la consagración de aquel, ya mítico, equipo de Beach Handball, Las Kamikazes, que derrotaban 2 a 0 en la final a Croacia y se quedaban con la medalla dorada.

“Caminábamos felices por acá, siempre juntas. Conociendo gente de otros países. Nos hicimos muchos amigos. Son recuerdos que quedaran para siempre”, enfatiza Belu Aizen. “Somos muy unidas, esto era todo para nosotros, y esto (señalando su medalla colgada del pecho) nos mantendrá unidas por siempre”, se enorgullece Luly.

Las seis atletas de oro fueron recibidas por Gustavo Gesualdo, secretario de Desarrollo Ciudadano; Gastón Busso, jefe de Gabinete de la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad, y por Juan Maquieyra, presidente del Instituto de la Vivienda de la Ciudad, quien les contó a las chicas la transformación que tuvo la Villa para convertirse en un nuevo barrio para cientos de familia de la zona sur de la Capital.

De golpe salen corriendo y encuentran aquel búnker que las mantuvo unidas durante dos semanas: el edificio 18. “El noveno A era el nuestro, aquel, aquel de las ventanitas con cortinas”, gritaron al unísono las seis.

“Yo era la más desordenada” se sincera Luly Balsas. “No teníamos muchas cábalas, sólo el pintarnos la cara con un polvito y la colita en el pelo con la bandera argentina”, recuerda la rionegrina Rosario Soto.

Y en medio de tantos recuerdos y anécdotas, ninguna se olvidó de la mentora de esta consagración, Leticia Brunatti, la entrenadora de aquel mítico equipo.

“Era nuestra mamá, aunque a ella no le guste que le digamos así, pero fue nuestra madre durante los Juegos”, remarca Zoe Turnes. “Leti nos mantuvo siempre con los pies en la tierra. Nunca dejó que nos obnubiláramos con la repercusión que estábamos teniendo en la gente”, comentó la platense Carolina Ponce. “Cuando perdimos con Holanda, vino Leti y nos dijo ´Si había que perder un partido era este´. No nos dejó caer, esa frase de Leti fue clave y creo que eso fue el disparador para llegar a la final y ganarla”, recuerda Rosario Soto.

“Leticia es inmensa. Nos enseñó muchas cosas. Ella formó esta familia y nos hizo crecer”, manifiestan las seis a coro.

Todas estaban como hace dos años, con su campera argentina y la medalla bien fundida en sus corazones. Y esa combinación de celeste y blanco con el dorado fue muy fuerte para ellas. “Fue un orgullo representar a la Argentina”, dice Aizen. “Ser deportista olímpica es lo mejor que le puede pasar a un atleta. Esos Juegos nos cambió la vida”, se emociona Zoe Turnes. “En esta campera están todos los recuerdos: emociones, la gente, la medalla, las risas, las caminatas. Todos los juegos están acá”, remarca una y otra vez Belu Aizen tomando su campera.

“Es un privilegio ser atleta olímpica, nunca me lo imaginé. Es un orgullo enorme y una felicidad indescriptible”, se emociona Luly Balsas.

“Leticia es inmensa. Nos enseñó muchas cosas. Ella formó esta familia y nos hizo crecer”, manifiestan las seis a coro.

Y siguen jugando con recuerdos. Se van, agradecen, prometen volver a reunirse cuando pase la pandemia. Volver a revivir aquellos días de gloria cuando revolucionaron a un país con su frescura y llevaron al Beach Handball a lo más alto del universo olímpico.

Reviví la vuelta de las Kamikazes acá:



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