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Hugo Conte: "Jugar con mi hijo fue lo mejor que me pasó"

El máximo símbolo del vóley argentino fue el protagonista de un nuevo "Mano a mano", en el Instagram Live de #DeportesBA. Repasó su carrera desde aquel Mundial Argentina 1982, la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl, su retiro al lado de su hijo Facundo y una imperdible anécdota con León Najnudel.

Sábado 30 de mayo de 2020

Hugo Conte es vóley. Una marca súper registrada. Casi 30 años jugando de un lado para el otro. En canchas de la Argentina y Europa. Con distintos colores, pero con una celeste y blanca que lo tiene como símbolo máximo del vóley nacional.

Conte y esa generación del ’80 fueron los padres del vóley en la Argentina. Lo hicieron crecer y darle visibilidad. Y también lograron éxitos memorables. Fueron los creadores de un boom que todavía perdura. Así como Guillermo Vilas puso en marcha al tenis en la Argentina; Hugo y sus amigos lo hicieron con el vóley.

Y el primer gran empujón se dio en el 10º Mundial de Vóley que organizó la Argentina en 1982. Fue una oportunidad única que supieron aprovechar al máximo. La selección, con poca experiencia y una gira previa llena de derrotas, se llevó nada menos que la medalla de bronce con al apoyo de miles de hinchas que coparon todos los estadios. "Aquello del ‘82 marcó un antes y un después en el vóley argentino. Y no sólo para nosotros los jugadores, sino para todo lo que vino después", relató Conte que por aquel tiempo era un pibito de 19 años y sin barba candado.

"Después del Mundial del ’78, donde Argentina fue 22°, le dan la selección al coreano Young Wan Sohn. Nos trabajó la cabeza a la perfección. Su meta era el Mundial de 1982 y nada más. Todo lo previo debía servirnos de aprendizaje. Perdimos por paliza casi todos los partidos de la gira previa, pero llegó el Mundial y salimos terceros. El nos convenció", evoca el receptor argentino, quien inmediatamente menciona la importancia que tuvo la gente en el camino al podio.

"El primer partido lo jugábamos en Rosario en la cancha de Newell's y cuando llegamos al estadio vimos una cola de tres cuadras y dijimos: '¿Che, acá hay un recital?'. Y cuando salimos a jugar y vimos a toda la gente no lo podíamos creer. Eso fue fundamental para nosotros", rememora el séxtuple campeón de la Liga Argentina de Vóley.

Pero en la vida de Conte no todo fue vóley, también hubo natación y básquet, deporte que lo tuvo ahí, a los tironeos hasta último momento.

"De chico era socio de GEBA y ahí empecé natación. Competí en varias oportunidades, pero no me sentía cómodo nadando solo. Un día me puse a jugar al vóley, mi mamá también jugaba, y ahí me sentí muy cómodo, era uno más. En el colegio yo era el flaco alto y todos me llegaban al pecho, en el colectivo me chocaba la cabeza con los caños, pero en la cancha de vóley me sentía mucho mejor. Me gustaba jugar vóley", remarca el mejor jugador argentino de todos los tiempos.

Pero en un momento el básquet lo tentó y casi estuvo a punto de cambiarse de vereda por la insistencia de, nada más y nada menos, León Najnudel, el padre de la Liga Nacional de básquet.

"Yo era federado en vóley, pero en Ferro jugaba en forma paralela al básquet. Y León me decía 'pibe, vení a jugar básquet', pero yo no me decidía, seguía jugando a dos puntas. Hasta que en un momento me convocan a las selecciones juveniles de ambos deportes y ahí le dije a León 'me voy a jugar al vóley, me divierto más'", recuerda Hugo con nostalgia y alegría.

Tras aquel histórico tercer puesto en el Mundial 1982, llegó un genial sexto lugar en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984 y luego el logro más importante de su carrera y del vóley argentino: la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

"Llegamos muy bien a Corea, pero antes del debut nos dijimos: '¿Vinimos a ver qué pasa o a subirnos al podio?'. La respuesta fue contundente. Jugamos un gran Juego y estuvimos ahí nomás de pelear la dorada", rememora el astro que también brilló en el vóley italiano.

También en Italia hablar de Hugo Conte son palabras mayores. Su extensa y excelente trayectoria en distintos clubes de la península, más su brillante paso por la selección argentina y los clubes de nuestro país lo llevaron a ser elegido por la Federación Internacional de Vóley como uno de los ocho mejores jugadores del Siglo XX. ¡Sí, entre los 8 mejores del siglo!

La carrera de Hugo se hizo larga. Es que no quería que el DNI lo retirara mientras se sintiera en condiciones de jugar. Y de hecho pisó las canchas hasta los 43 años, pero antes cumplió su gran sueño, volver a ponerse la camiseta de GEBA y jugar con su hijo Facundo, hoy figura rutilante de la Selección y del vóley italiano. "Jugar con mi hijo fue lo mejor que me pasó en mi carrera", se emociona el multicampeón europeo.

Mientras pasa sus días de cuarentena en casa junto a su esposa Sonia, Hugo Conte reflexiona sobre la importancia que hay que darle al deporte. "El deporte no es un gasto, es una inversión, forma a una persona desde chico. Ahí, el día que se vea al deporte de esa manera, puede ser que de una vez por todas empecemos a despegar, si no será difícil", remató este deportista que fue incluido en el Salón de la Fama por Estados Unidos en 2011, el padre de Facundo, el de la barba candado y los podios históricos. El hombre que junto a una generación le dio vida al vóley argentino.

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