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+ Poesía: “Habría que girar alrededor”

Un poema y todo su mundo cada 15 días: ¿Quién lo escribió? ¿Cuál es la historia detrás del poema? ¿Qué otras voces evoca?

Martes 16 de junio de 2020

En esta quinta cápsula vas a conocer el poema de Hugo Padeletti: “Habría que girar alrededor”, del libro El Andariego. Poemas 1944-1980 (FCE, 2008). El poeta nació en Santa Fe en 1928 y murió en Buenos Aires en 2018. Su obra poética está atravesada por el impacto que le causaron las culturas orientales y el budismo zen. Recibió numerosos premios entre ellos el Boris Vian, el Konex y la Beca Guggenhein.

Padeletti también fue artista plástico, discípulo de Juan Grela. Llamaba a sus collages: “poemas plásticos”. En 2008 con motivo de la presentación de su obra reunida El Andariego (FCE) expuso parte de su obra plástica en Biblioteca Casa de la Lectura.

Hugo Padeletti

El poema

Habría que girar alrededor

de ti, como lo hace esta mosca,
para captarte en toda tu extensión
redonda (tierra al fin),
verdirroja,

brillante, suavemente
perfumada.
Habría que clavarte los dientes
después para saberte

crujiente,
pulpa agridulce que da ganas
de tragar.
Y habría que alejarse y regresar

de pronto, distraído
de todo,
para sentirte, oculta,
reposar en tu forma.

Rotunda, irrefutable,
inequívocamente modelada
por la luz sobre el plato

escuetamente blanco,

qué opulencia despliegas simplemente
por ser así:

manzana

y no la nada.

En El Andariego. Poemas 1944-1980, FCE, 2008.

Sobre el poema

Por Carolina Esses, curadora de Más poesía:

Este poema es, sin duda, una clase magistral sobre la observación poética. Padeletti es un poeta casi zen –como Juanele a quien vimos en la cápsula 1- que nos muestra su manera de contemplar, su manera de transformar la materia en poesía. Aquí nos presenta algo tan simple como una manzana, pero se toma su tiempo antes de nombrarla definitivamente, antes de decir “manzana”. Esa larga demora es, sin duda, el corazón del poema. Y es que la palabra -y el poeta lo sabe- tiene el peso de lo definitivo y en poesía, muchas veces, de lo que se trata es de dar un rodeo, de tomarnos un tiempo antes de decir. Así, el poeta recorre la forma, el olor, la presencia de la fruta; de esta fruta que comparte las generalidades de todas las manzanas pero que es única e irrepetible: es esta manzana, apoyada sobre este plato, bañado a su vez por la luz de un momento particular del día. Podríamos decir que el poeta intenta captar un instante mínimo e irrepetible y fijarlo en la hoja, hacerlo poema. Es también un poema de gran economía: utiliza versos muy cortos, donde nada falta y nada sobra. Padeletti está muy influenciado por la poesía oriental que, ya sabemos, le rehúye a cualquier exceso y entiende el sentido como un vacío que no hay por qué llenar.

Es interesante también el comienzo. Padeletti no nos exhorta como lo hacía Irene Gruss en “Sirena” (cápsula 2), sino que su invitación es más pequeña más sutil. “Habría que” dice. No dice “Hay que”. No nos empuja hacia la manzana. Nos muestra casi en un susurro como debería ser la observación perfecta de la fruta, cuál sería la mejor posibilidad para verla, para penetrar en el misterio de su olor, de su gusto, de su historia, de la tierra que le dio origen. La propuesta sería devenir mosca: ese insecto pequeño y molesto pero capaz de verlo todo con sus mil ojos. Un escritor zen, Padeletti pero que sabe que el poeta es también una presencia molesta, que incomoda, que ve, muchas veces, lo que otros no ven. Claro que tampoco sería suficiente. Qué poco sabríamos de la manzana si no la mordiéramos, y entonces el poeta abandona la mosca y es él mismo, toda su humanidad disfrutando de esa manzana.

Por último, hay una construcción muy interesante del ritmo. El poeta no le teme a las rimas, sino que hace uso de ellas para escribir un poema extremadamente musical que termina en esa rima asonante, casi de canción: “qué opulencia despliegas simplemente/ por ser así/ manzana/y no la nada.”

Un poema bellísimo que invita a mirar de otra manera.

Padeletti por Padeletti

  • “(La unidad de mi obra) no depende de un sostenido proyecto literario ni mucho menos. Cuando escribo poesía lo hago con plena independencia de criterio; casi diría que escribo lo que se me antoja. Sólo que eso, aparentemente tan azaroso que brota es a la vez muy sintético, muy estético, muy significativo y, por lo menos hasta los poemas del 80, efectivamente muy coherente. La explicación más sencilla sería que se debe a que soy como soy y a que nunca he tratado de parecer otro.”

De una entrevista realizada por el diario La Capital, 20 de enero de 2008.

  • “La palabra lírica viene de la lira, eso no cambia. Si bien desde hace mucho la poesía es escrita y se la lee, el poeta escribe desde una música interna que está puesta en la letra: el que lee tiene que percibir esa música. Y sentirla. Aunque lea en voz baja, tiene que captarla; de lo contrario, no entró en el poema propiamente dicho. Si se queda con los conceptos, no entró.”

De una entrevista realizada por Ángel Berlanga y publicada en Radar Libros, 21 de enero de 2018.

Si te gustó la recomendación

El tema de la observación es clave para el arte. Paul Cezanne el célebre pintor impresionista (y post impresionista) pintó varias veces la Montagne Saint Victoire en diferentes momentos del día y diferentes estaciones del año, te invitamos a verlas en la web.
Si te interesa el arte de lo mínimo, el arte que busca la síntesis, podés escuchar “Fur Alina", una pieza del compositor estonio Arvo Pärt. Te invitamos también a leer a algunos de los poetas que influenciaron a Padeletti como Wallace Stevens o Marianne Moore.


Leer en común forma parte de la programación de #BACulturaEnCasa, la web del Ministerio de Cultura que reúne todo el contenido cultural de la Ciudad. Mirá todo lo que tenés para hacer: www.buenosaires.gob.ar/culturaencasa

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