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Historia de vida en el Barrio Zavaleta: mujeres que inspiran amor y generosidad

La Ciudad de Buenos Aires está plagada de vecinos anónimos que transforman la sociedad y son dignos de imitar. Como Stella Vega, que es directora de "Pim Pom", un Centro de Primera Infancia desde el que asiste a diario a casi 150 niños vulnerables.

Martes 14 de agosto de 2018


La Ciudad esconde innumerables historias de vecinos que, desde el anonimato, hacen grandes contribuciones a la sociedad. Son personas llenas de amor y sensibilidad que crean posibilidades y transforman la vida de todo aquél que tocan; como el caso de Stella Vega, que dirige el Centro de Primera Infancia "Pim Pom", en el Barrio Zavaleta de Barracas.

Desde que abrió sus puertas bajo ese nombre en 2014, casi 150 niños tienen un lugar confiable que los contiene, los alimenta y contribuye con amor a su desarrollo.

"Cada mañana me levanto y le dedico mi tiempo a este espacio porque hay mujeres y familias que dependen de mi", contó Stella, quien cumple su tarea con absoluto compromiso y dedicación.


Pim Pom es uno de los 77 Centros de Primera Infancia que el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño impulsa, con el objetivo de garantizar el crecimiento de los niños de entre 45 días a 3 años de edad, en aquellas zonas con mayor vulnerabilidad social.

Pero la historia de este espacio empezó mucho antes de que apareciera la ayuda del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Fue en 2007 cuando un grupo de tres compañeras que se recibieron de docente empezaron a cuidar chicos en la casa de Stella Vega, por la necesidad que había en el barrio de contar con un lugar en donde poder dejarlos mientras sus padres salían a trabajar. En ese entonces, el único sostén que tenían provenía de los comerciantes del barrio.

Actualmente más de 10.500 niños y niñas reciben asistencia en estos espacios.

El 70% de estos centros de estimulación temprana están ubicados en el sur de la Ciudad.

Como parte de la atención integral, los niños también reciben el desayuno, el almuerzo y la merienda, que muchas veces se llevan a su casa para el fin de semana.

"Ver a una mamá que se va sin dudar es el mejor regalo que podemos tener porque nos está dejando su tesoro más preciado", continuó emocionada Vega, para quien ese sitio es su vida entera.


Gracias a esta iniciativa, y a la entrega y generosidad de personas como ella, la ayuda llega no sólo a los niños que lo necesitan sino a miles de familias que pueden salir a trabajar o estudiar.

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