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La historia de la semana: El Operativo Frío contado por dos operadoras del BAP

Alba y Sabrina forman parte de la operatoria que, cada año a partir de junio, refuerza el abordaje de las personas en situación de calle ante la inclemencia de las bajas temperaturas.

Lunes 7 de septiembre de 2020


Cada noche pasadas las 19, decenas de móviles amarillos con el logo de Buenos Aires Presente (BAP) forman una fila en el Centro de Operaciones ubicado en la avenida Entre Ríos. Se preparan para cargar las camionetas con provisiones –mantas, viandas, termómetros- y salir a recorrer las calles de la Ciudad para realizar el abordaje de las personas que se encuentran en situación de calle.

Entre los móviles oficiales se entremezclan autos particulares. Pertenecen a voluntarios que, durante el Operativo Frío –que arranca en junio por las bajas temperaturas- se suman a los equipos del BAP para aumentar la asistencia.

Alba y Sabrina son dos de las profesionales que a base de compromiso y vocación asisten cada noche a quienes duermen en la calle. Este año al Operativo Frío se le sumó un contexto complejo: el de la pandemia. “Eso hizo que nuestra forma de encarar a las personas en situación de calle fuera distinta. Tuvimos que poner otro esfuerzo para contener a esas personas”, dice Sabrina. Según cuenta, cuando quienes reciben asistencia del BAP observan que efectivamente los equipos cuentan con herramientas para ayudarlos acceden a conversar con ellos. “Se genera un vínculo que aunque es momentáneo es cercano”, añade.


Sobre qué la moviliza a estar presente cada noche, Alba reflexiona: “La ayuda social y la gratificación personal que siento al poder llegar desde este puesto de trabajo a tantas personas en un momento tan difícil como el que estamos viviendo”.

Durante todo el año el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad realiza un abordaje continuo e integral sobre las personas que se encuentran en situación de calle. Decenas de equipos de BAP, compuesto por asistentes sociales y psicólogos como Alba y Sabrina, les ofrecen a quienes lo necesiten el ingreso a un Centro de Inclusión Social. Una vez allí, se busca que cada persona trabaje en el rearmado de un proyecto de vida que sea sostenible en el tiempo.

Cuando las personas no acceden a ingresar a un parador se les deja una vianda caliente, postre y agua, y un kit de frío compuesto por un gorro de lana, guantes, medias y una frazada. Además, se entrega un kit de prevención del Covid-19 compuesto por un barbijo, jabón neutro, un tissue personal, paños descartables y vitamina C.

"Se genera un vínculo que aunque es momentáneo, es cercano".

El Operativo contempla una operatoria extraordinaria para los días de clima polar (cuando hay menos de 5 grados) donde además se les toma la temperatura a las personas para detectar cualquier cuadro febril que requiera una derivación al sistema de Salud.

Desde que se dispuso la cuarentena se habilitaron de manera inmediata 10 nuevos Centros de Inclusión Social que se sumaron a los 32 que funcionan todo el año. El objetivo es que toda persona tenga un lugar seguro donde pasar la cuarentena.

Luego, durante el Operativo Frío, se habilitó el parador Roca III. Actualmente, cualquier persona que ingrese a la red de Centros lo hace a través de ese parador para cumplir con 14 días de cuarentena y evitar un eventual contagio a otras personas. Pero además, cada dispositivo cuenta, desde el principio de la pandemia, con un espacio de aislamiento ante un posible caso de coronavirus.


Una medida fundamental fue que los Centros estén abiertos las 24 horas de los 7 días de la semana. Además, se organizan múltiples actividades con los protocolos establecidos para que todas las personas alojadas se sientan contenidas y acompañadas. En los Centros hay mucho más que una ducha caliente y las cuatro comidas, hay un equipo con un compromiso enorme.

“Me enorgullece el equipo de trabajo que tenemos, mis compañeros, trabajan cada día con muy poco descanso. Es un orgullo estar trabajando con ellos acá”, cierra Sabrina.

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