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Gardenia thunbergia

La planta del mes...

Jueves 7 de enero de 2016

De la familia de las Rubiaceae, el género debe su nombre al médico y naturalista escocés Alexander Garden (1730- 1791); el epíteto de la especie rinde honor a Karl Peter Thunber, médico y botánico sueco, uno de los doce apóstoles de Linneo y considerado el padre de la botánica sudafricana.

Es un arbusto de hoja perenne, de 3 a 5 m de altura, con tronco blanquecino de corteza suave, hojas verticiladas verde brillante de márgenes ondulados. Florece de manera espectacular en verano, con flores solitarias, terminales, intensamente perfumadas. Nacen desde un pimpollo totalmente verde, con corola blanca en forma de plato, sostenida por un largo tubo. En su área natural son polinizadas por mariposas de la familia Sphingidae. Los frutos son leñosos, duros, ovoides, color grisáceo, albergan numerosas semillas y permanecen largo tiempo sobre la planta. Se utiliza como portainjerto para producir Gardenia jasminoides. La madera es pesada, densa, dura y extraordinaria, con un aspecto y de color agradable, presentando un gran brillo cuando se pule. También tiene gran flexibilidad, por lo cual es utilizada para la confección de cabos de herramientas y otros instrumentos.

Originaria de Mozambique y Sudáfrica, fue la primera de las gardenias sudafricanas conocidas por los botánicos e introducida en Kew en 1773. Cuentan que cuando Victoria Ocampo aún no se había mudado definitivamente a su Casona en Béccar y vivía en su departamento de Buenos Aires, solía cortar las thumbergias del jardín en grandes cantidades, les ponía algodón húmedo en los tallos, y las envolvía para llevar. “Llegaba, triunfalmente, con esa carga a nuestra casa. Enseguida los cuartos olían a jardín”, escribió en su autobiografía. Su hermana, la escritora Silvina Ocampo le dedicó un poema:

TUMBERGIA

Aquel que no conoce la tumbergia en enero
no conocerá el árbol más precioso del mundo.
Sus flores como cirios se abren en cada punta
erguida de las ramas,
el fruto gris rayado embellece el follaje.
La flor perfuma el agua donde está sumergida
cuando la colocamos en un vaso.
Es la única flor que conserva el perfume
muchos días: los tallos no se pudren
aunque no se le cambie el agua
que podría beberse como elixir.
Apasionadamente florece, luego caen las flores
como guantes blancos de primera comunión.

En varios canteros del Jardín podemos disfrutar durante este mes de su belleza y su perfume.

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