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El Papa Francisco a cada paso

De Belgrano a la Boca; de Retiro a Constitución; de Flores a Palermo; de Núñez a Lugano, miles de porteños se suman a la atracción que transmite el Sumo Pontífice. Crónica de un tiempo histórico.

Jueves 19 de septiembre de 2013

De Belgrano a la Boca; de Retiro a Constitución; de Flores a Palermo; miles de porteños se suman a la atracción del Papa. Crónica de un tiempo histórico.

Llovía como nunca aquel 13 de marzo, que parecía un día más en la vida de los argentinos. Minutos después de las 15 (hora de nuestro país), desde el Vaticano y hacia el mundo, salía una columna de humo grisáceo que, en instantes, mutó en un blanco intenso, casi transparente. Luego de una larga espera de fieles y de los otros, se encendió la luz del balcón celestial de la Basílica y el cardenal Tauran anunciaba el clásico “Habemus Papa”. Sin prolongar la incertidumbre agregó en latín tradicional: “Georgius Marius, Cardinalem Bergoglio…”

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Foto: web/GCBA.

Sí, después de 25 horas de cónclave, los 115 cardenales habían elegido nuevo Papa y era uno de los nuestros, pese a las dudas iniciales generadas a partir de las entrecortadas palabras del anuncio. Argentino, porteño de Flores, de Membrillar 531, el padre Jorge que andaba en Subte A como cualquier vecino, el hincha de San Lorenzo, el jesuita ejemplar, el fanático de San Francisco de Asís, el que se levantaba cada mañana a las 4.30 para ir a buscar en persona los diarios (La Nación y los demás) al kiosco pegadito a la curia… El que escuchaba tango, el que leía a Borges, el que tomaba mate, el que no sabía de emails ni de modernidades cibernéticas, el que escribía religiosamente en su destartalada máquina Olivetti y el que fundamentalmente añoraba una Iglesia cerca de la gente.

Cómo no entender, entonces, la felicidad sin banderas de aquel miércoles de lluvia en Roma y también en Buenos Aires. Los bocinazos se mezclaban con los potentes campanazos que anunciaban un hecho histórico, milagroso y a la vez impensado. En segundos, por ejemplo, se reactivó en Twitter la cuenta @Pontifex (había sido dada de baja el 28 de febrero, tras la salida de Benedicto XVI), con un único y corto mensaje, en mayúsculas: “HABEMUS PAPAM FRANCISCUM”. No tardaron en reproducirse más de 12 millones de menciones de Bergoglio, 2.5 millones de retuits y un millón de interacciones en Facebook.

La Ciudad disfrutaba, mientras la noticia retumbaba sin freno. De Belgrano a la Boca, de Retiro a Constitución y de Flores a Palermo. De la Catedral al Obelisco. Aparecieron voces emocionadas, como la de su histórico vocero y ladero, Guillermo Marcó, quien lo definió como “un argentino, pero por sobre todo un porteño”.

Y empezaron a florecer las anécdotas en torno a este hombre austero (había viajado a Roma para el cónclave en Clase Turista, por ejemplo) que llegó al sacerdocio a los 32 años, casi una década después de perder un pulmón por una enfermedad respiratoria. Y en menos de cuatro años lideró la congregación jesuita en el país. Culto al extremo, además de su lengua materna, el castellano, habla italiano, alemán, lee inglés y conoce algunas palabras del dialecto indígena guaraní. Su formación, académica y pastoral, lo terminó poniendo al frente del Arzobispado de Buenos Aires, la diócesis más importante del país, que tiene bajo su órbita 400 sacerdotes, 200 parroquias, 300 colegios y más de 3.500.000 de fieles.

Los argentinos, ni hablar los porteños, estaban “empapados de amor” con Francisco, el primer Papa del Continente Americano, el primer jesuita y el primer no europeo desde Gregorio III en el siglo VIII, que había nacido en Siria. También lo estaban cada uno de los 1.200 millones de fieles católicos de todo el planeta, más del 40 por ciento de ellos habitantes de América Latina.

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Pins, medallitas y banderas fueron furor tras la elección de Francisco. Fotos: web/GCBA.

La elección de Bergoglio tomó por sorpresa incluso a las tiendas de artículos santos de Buenos Aires, que ante la falta de estampitas del nuevo Papa, agotaron las imágenes de San Francisco de Asís. "No tenemos nada de él porque fue una sorpresa", decía por esas horas una de las empleadas del pequeño comercio de la Catedral de Buenos Aires.

La Ciudad misma, en cada uno de los rincones, renovó su fe de distintas maneras. Los colores papales empezaron a flamear en los felices ventanales de los departamentos. Hubo impactantes muestras de afecto, una sintetizada en la gigantografía que cubría la fachada del edificio Del Plata, frente al Obelisco, donde la pacífica cara de Bergoglio, reproducida sobre una tela de 88 metros de ancho por 34 metros de alto, se desplegó en Carlos Pellegrini 211. No sólo se izó, incluso, la bandera del Vaticano en la tradicional Plaza de la República, en honor a quien fuera cardenal y arzobispo de Buenos Aires, sino también se iluminaron con luces amarillas sitios emblemáticos de la Capital Federal, como la histórica Pirámide de Mayo y el Monumento a La Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas, ubicado en la intersección de las avenidas Del Libertador y Sarmiento, más conocido como el Monumento de los Españoles.

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Fotos: web/GCBA.

Fueron días en los que se desató un boom de venta de los dos libros, que hasta ese momento había en el mercado. Uno era “Sobre el Cielo y la Tierra”, de autoría conjunta entre Bergoglio y el rabino Abraham Skorka. Vio la luz por primera vez en diciembre de 2008 y trata sobre el diálogo interreligioso. El otro libro que estaba a la venta, mucho más autobiográfico, era "El Jesuita", de Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti. Luego, sí, hubo una explosión de títulos, en Argentina y en el exterior.

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La imagen de Francisco está en la vida cotidiana muchos porteños. Fotos: web/GCBA.

Las misas argentinas, por obra y gracia del nuevo Papa, duplicaron y hasta triplicaron la cantidad de fieles. Las demostraciones de afecto se repetían sin freno. En la Legislatura porteña, por ejemplo, se organizó el cincelado del cáliz que el reconocido orfebre Juan Carlos Pallarols preparó para Francisco, del que participaron millones de personas de aquí y de lugares remotos como China, hasta donde se llegó con esos golpecitos, que son como pequeñas gotas de agua o granitos de alpiste que sumados lograron una textura muy elegante llamada martelé o martillado en francés. Más sobre este cáliz: está confeccionado a partir de un lingote de plata argentina 925 de 1,320 kilogramos proveniente de una mina santacruceña.

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Fotos: web/GCBA.

"Tiene una relación muy especial con esta parroquia, todos los años en Semana Santa daba misa acá y lo esperábamos para este 23 de marzo", repetía orgulloso el cura Gabriel, párroco de la Iglesia San José de Flores, el reducto donde Bergoglio pasó su adolescencia. El cura Gabriel asegura que en los confesionarios de la parroquia a su cargo fue donde "Bergoglio, a los 17 años, tuvo una revelación divina para ingresar al sacerdocio y por eso tiene una relación muy especial con esta parroquia. Muchas de las personas pobres que vienen a alimentarse en el comedor de la parroquia le han escrito cartas, y Bergoglio se las contesta de puño y letra. Es sencillo y humilde, es una persona muy serena, muy tranquila, muy directa y un gran intelectual". Y a modo de infidencia, remata: “Cuando fue seminarista, era un fumador empedernido".

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La imagen de Francisco acompaña a miles de porteños en sus lugares de trabajo. Fotos: web/GCBA.

Más voces de amigos. Osvaldo Dapueto rememora: "Cuando Jorge era chico jugaba a la pelota (al fútbol) con nosotros en la plaza Herminia Brumana, acá en Flores, pero después cuando entró al noviciado estaba siempre estudiando: pasaba por allí los sábados, nos veía jugando, nos saludaba y se iba".Idéntica descripción hace Rafael Musolino, quien vivía en la misma casa que Bergoglio, en la calle Membrillar, un inmueble compartido por varias familias, como era habitual en Buenos Aires en las primeras décadas del siglo pasado, aunque su casa sólo conserva un patio interior de la construcción original: "Era muy estudioso, cuando entró al seminario pasaba para saludar, pero no jugaba".

Francisco, repiten en Flores, es un "Papa de barrio". "Está casa está bendecida. Tengo una emoción... pensar que nació y vivió aquí", suspira Marta Romano, dueña desde hace 35 años de la casa en la que nació el entonces a secas Jorge. "No se llega a Papa siendo revoltoso. Pero es un Papa de barrio, el Papa de Flores", dice orgulloso Osvaldo Dapueto, quien sigue en contacto con Bergoglio y a quien describe como "un hombre de una lucidez extraordinaria y de una capacidad increíble, con un altísimo vuelo intelectual".

"Por los patios de esta escuela anduvo correteando de chiquito. Acá hizo el jardín (de infantes) y también tomó la primera comunión en esta parroquia", recuerda la hermana Isabel, de 78 años, de la Iglesia de la Misericordia, ahí donde el Papa llegaba en colectivo varias tardes a la semana para compartir una taza de té.

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Fotos: web/GCBA.

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