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El Filete Porteño es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

La UNESCO aprobó la postulación realizada por el Ministerio de Cultura.

Miércoles 2 de diciembre de 2015

El Filete porteño fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
La postulación fue presentada en 2014 por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y la decisión surgió de la décima reunión del Comité Intergubernamental de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial que se desarrolla en Namibia.

En la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, el país solo inscribió al Tango en el año 2009, en una presentación conjunta con Uruguay, que también fue impulsada por el Ministerio de Cultura de la Ciudad. En el caso del Filete es la primera propuesta Argentina que llega a ser declarada.

Esta presentación ante la UNESCO se realizó a partir de un trabajo conjunto entre diversos integrantes de la comunidad involucrada y un equipo de antropólogos, sociólogos y realizadores audiovisuales del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. La tarea, abordada desde distintas modalidades (talleres de debate y reflexión, observación de procesos de trabajo en espacios y soportes diversos, entrevistas y filmaciones) permitió establecer la caracterización del elemento propuesto y su significación social en tanto lenguaje visual que expresa contenidos y valores identitarios y, por ende, estimula su apropiación por distintos grupos socio-culturales. Así, aportó también a la sensibilización y concientización sobre la importancia del Patrimonio Cultural Inmaterial en general.

CELEBRACIÓN EN EL OBELISCO

Para celebrar esta designación, el próximo domingo 6 de diciembre se realizarán en el Obelisco una serie de actividades. El evento comenzará a las 17 horas al ritmo de la murga en la Plaza de la República. Allí habrá una muestra con piezas originales de Filete del Museo de La Ciudad y colecciones particulares, que incluye obras de Martiniano Arce, Jorge Muscia, Memo Caviglia, entre otros artistas. Además se exhibirán colectivos y camiones filetados y distintos fileteadores contemporáneos realizarán este oficio en vivo. A las 19, se presentará la Orquesta de Tango de la Ciudad de la Buenos Aires. Más tarde el Obelisco será parte de una performance multimedia sobre el Filete porteño y a partir de las 21 se realizará una gran milonga abierta con DJ Vivi La Falce y clases de Tango.
Por otra parte, desde el viernes y en simultáneo con los festejos, se podrá visitar la exposición del Filete porteño en las instalaciones del Polo Bandoneón, ubicado en Puente Alsina. El Museo de la Ciudad, responsable de la salvaguarda del filete porteño, expone una veintena de filetes que recorren históricamente la evolución del mismo desde los maestros fileteadores Luis Zorz, Enrique Brunetti, Carlos Carboni, entre otros. La entrada es gratuita.

EL FILETE EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

El estilo pictórico del filete porteño está ligado a la ciudad por: 1) sus ornatos y volutas inspirados en molduras y herrería de la arquitectura de estilo francés que abunda en la ciudad; 2) su iconografía que recupera personalidades destacadas de la cultura porteña y argentina; 3) su tradicional vínculo con el tango y más actual con la murga (filete sobre bombos y levitas).
Por tratarse de un oficio, que responde a las exigencias de quien lo demanda (otro trabajador), el filete recoge símbolos de devoción popular como escudos de los clubes de fútbol, ídolos de la música o íconos religiosos; y también cristaliza frases, refranes y sentencias del saber popular. A diferencia de la técnica, estos elementos son los que muestran mayor variación a lo largo del tiempo, porque recogen los usos preponderantes en cada época.
Actualmente, los barrios con más filete son San Telmo, la Boca, Boedo y el Abasto. El hecho de que sean filetes actuales muestra la vitalidad de la práctica.

RESEÑA DE LA HISTORIA DEL FILETE PORTEÑO

La técnica pictórica del Filete Porteño es una tradición mayormente urbana que comienza con el arribo de amplios contingentes de inmigrantes europeos entre fines del siglo XIX y principios del XX. Cambiando de soportes y de motivos, el filete acompañó la transformación de Buenos Aires en gran metrópoli, sosteniéndose con altibajos hasta el día de hoy. En su momento de surgimiento, el filete porteño era practicado como oficio y trasmitido bajo la relación de maestro-aprendiz. Inicialmente, era solicitado para la decoración de carros tirados a caballo y luego de camiones y colectivos, de manera que muchos fileteadores fueron empleados permanentes de las carrocerías. Hacia mediados de la década de 1970, había alcanzado una notable visibilidad en el espacio público, momento en que su demanda comienza a disminuir. No obstante, desde entonces los fileteadores siguieron haciendo trabajos publicitarios en carteles y vidrieras, mientras que algunos se adentraron en el arte de caballete.
Los servicios del fileteador eran (y en gran medida todavía son) solicitados por otro trabajador urbano, que buscaba imprimirle un sello personal a su vehículo o comercio, mediante frases –generalmente escritas en lunfardo–, íconos religiosos como la Virgen de Luján o ídolos populares como Gardel y Evita, con los que se identificaba. De esta forma, el filete se convirtió en un verdadero medio de expresión colectiva asociado al mundo del trabajador, que sumado al hecho de ser un estilo pictórico desarrollado como oficio, lo consolidó como un elemento distintivo de la cultura popular porteña.
En el año 1970, momento que puede calificarse como “de apogeo”, los artistas plásticos Nicolás Rubió y Esther Barugel se propusieron llevar el filete a una galería de arte, ofreciendo una mirada controvertida de este viejo oficio. En un libro publicado con ayuda del Fondo Nacional de las Artes, relatan los inconvenientes sorteados para dar con los fileteadores y convencerlos de participar de la exposición como del esfuerzo que debieron hacer para conseguir una galería que accediera a exponer tablas de carros fileteadas. Asimismo dan a conocer los resultados de la única investigación desarrollada hasta ese momento sobre los inicios y expansión del filete acompañada de cuantiosas fotografías a color, motivo por el cual actualmente los fileteadores y fileteadoras lo consideran la “Biblia del Filete”. En dicho libro, transcriben lo que Carlos Carboni, uno de los grandes maestros fileteadores, dijo el día en que se inauguró la exposición: “Me asombra que la gente se asombre de lo que hasta ayer no le asombraba” (Rubió y Barugel 1994: 140), dando cuenta de lo “invisible” que era esta expresión artística para los cultores del arte consagrado por la crítica y el mercado.
Sin embargo, mientras ganaba espacio en el circuito del arte, lo perdía como oficio. Con la prohibición de la tracción a sangre en la década del 60 y del uso del filete en los colectivos en el año 1975, sumado al cierre de muchas fábricas de carrocerías por la entrada de camiones importados, se perdió uno de los soportes de mayor visibilidad en el espacio público, produciendo la impresión en los ciudadanos porteños de que el oficio de fileteador había desaparecido, al tiempo que efectivamente el fileteador perdió una fuente importante de trabajo.
Los años 90 trajeron una nueva amenaza para el oficio, cuando la aparición de la tecnología del plotter, que posibilitaba la impresión a bajo costo de cartelería de gran tamaño, desplazó el trabajo artesanal del fileteador. Para entonces, la visión generalizada –manifestada en los titulares de algunos diarios de la época– era que el oficio del filete se había extinguido. Martiniano Arce, considerado “el último fileteador”, fue declarado personaje ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por ordenanza municipal en 1996 (Boletín Oficial del Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, 03/02/1997).
Pero paradójicamente, las condiciones adversas para el desarrollo del oficio recién mencionadas estimularon que, por un lado, los maestros fileteadores empezaran a dar clases fuera de los espacios de trabajo; y, por otro, que muchos hombres y mujeres quisieran aprender esta técnica como forma de resistir a la estandarización de la imagen tanto por lo que tenía de artesanal como de tradicional. Esta revalorización del filete fue potenciada por el fenómeno de resurgimiento de identidades locales que se dio como contracara del proceso globalizador (Bayardo y Lacarrieu, 1999).
Por otro lado, el incremento del turismo internacional fomentado por la devaluación de la moneda nacional posterior al 2001 potenció aún más al filete, que ahora se ofrecía al extranjero como un producto artesanal típicamente porteño. Una vez más, acompañando los cambios urbanos, barrios como San Telmo o La Boca, frecuentemente visitados por turistas, son los que actualmente concentran la mayor cantidad de filete en comercios y el espacio público en general.

FILETE PORTEÑO. TÉCNICA PICTORICA TRADICIONAL

Se trata de una técnica pictórica a la que la comunidad refiere como un “arte popular” porque, entre otras razones, está visible en el espacio público y no es enseñada en instituciones de educación formal. Si bien su práctica requiere un complejo proceso de aprendizaje y una profunda destreza, nunca fue reconocido oficialmente como parte de las artes plásticas.
En tanto técnica pictórica, consiste en la creación de diseños ornamentales originales a partir de ciertos elementos tradicionales y reglas de composición visual. Se caracteriza por el uso de brillantes colores, el efecto de volumen creado por contraste de luces y sombras, y la saturación del espacio.
El trabajo comienza con un dibujo realizado en papel que luego se traspasa al soporte a través del “espúlvero” (papel punzado) y la “muñeca” (tela rellena con tiza). Para pintar se emplea esmalte sintético, “yapan” (barniz con color) y pinceles de pelo de oreja bovina (de 4 a 6 cm).
El repertorio de elementos en la ornamentación es diverso pero finito. Fundamentalmente incluye hojas de acanto, espirales, volutas y filigranas. Los marcos encuadran el diseño y las llaves dividen el espacio compositivo. También son habituales cintas y moños, principalmente, con los colores de la bandera argentina, junto con flores, pájaros, caballos y animales fantásticos. Los íconos, delimitados por un óvalo, son generalmente ídolos populares o imágenes religiosas significativos para la comunidad ampliada. Las letras, con volumen y decoración interior, recrean frases o sentencias del refranero popular, frecuentemente en lunfardo, una forma de lenguaje también propia del tango.

LA “COMUNIDAD” DE FILETEADORES Y FILETEADORAS

Hacia 2012, un importante grupo de fileteadores y fileteadoras constituyó una asociación que reúne a practicantes del oficio, aprendices y otros interesados que identifican al filete como un patrimonio compartido con el resto de la comunidad, detentando además saberes específicos y fomentando su práctica.
El filete porteño es valorado por una comunidad más amplia que lo reconoce en su entorno cotidiano. Aquí se incluye a proveedores, como el fabricante de pinceles; y a quienes solicitan su trabajo, como empresas y choferes de transporte de personas y mercaderías, murgueros (murgas de carnaval), milongueros, comerciantes, coleccionistas y tradicionalistas (personas y organizaciones vinculadas a la preservación de tradiciones nacionales). Finalmente, por tratarse de una ornamentación sobre bienes ubicados en el espacio público, el filete permanece visible a los transeúntes, que lo identifican como parte de su patrimonio cultural.
El filete es ampliamente valorado en la ciudad de Buenos Aires y en gran parte de la Argentina. Históricamente, el sentido atribuido a esta ornamentación fue asociado a la prosperidad en el trabajo. Choferes de transporte colectivo de pasajeros y de camiones frecuentemente solicitan el nombre de sus hijos, el escudo de su club de fútbol preferido o frases que lo identifican, diseños originales que le confieran un carácter personalizado a su vehículo.
Actualmente incorporado a otros soportes, quienes solicitan filete para decorar sus bienes de uso personal y laboral, también suman sus intereses, gustos y valores. El filete se recrea entonces de forma novedosa, relacionando la técnica tradicional con la iconografía del presente. Es justamente en esta época signada por la producción estandarizada y el uso de la tecnología que esta práctica se valora como un trabajo manual y artesanal con el que la comunidad se identifica y que reconoce como propio. Así, el filete porteño constituye un referente en la construcción de la identidad porteña y nacional, asociado con otras manifestaciones culturales locales como el tango y las murgas (carnaval). La técnica pictórica del filete porteño se practica principalmente en la ciudad de Buenos Aires y, en menor medida, en sus afueras y en otros centros urbanos del país. De ahí viene su adjetivo de "porteño", que lo asocia al puerto y el desarrollo de la vida urbana.
Si bien es posible encontrar filetes en cualquier parte de la ciudad, los barrios que más lo concentran en el espacio público son aquellos donde tradicionalmente se desarrollaron actividades vinculadas al abasto de mercaderías, como el Abasto, San Telmo y La Boca y/o identificados con el tango, como también lo son Boedo y Pompeya. En el caso de los barrios que además reciben alta afluencia de turista, estos valores tradicionales para el porteño confluyen con la valoración actual de los turistas.

TRANSMISIÓN DEL CONOCIMIENTO
Los fileteadores son los principales portadores y practicantes del filete porteño como técnica pictórica, que transmiten a quienes desean aprenderlo. Los que enseñan son personas que, gracias a su trayectoria en la práctica del oficio y la calidad de su trabajo, se convirtieron en referentes tanto para el resto de los portadores como para la comunidad ampliada.
En sus comienzos, el filete se desarrolló en ámbitos laborales tradicionalmente masculinos, como empresas de fabricación de carros o de transporte colectivo de pasajeros, por lo que los practicantes eran hombres. Entre ellos, algunos se recuerdan y son admirados hasta la actualidad, siendo referidos como los grandes “maestros fileteadores”. En las últimas décadas, la ampliación de soportes y espacios de trabajo propició la inclusión de las mujeres como aprendices de la técnica, muchas de las cuales también comenzaron a practicarlo como oficio. Si bien no hay unanimidad sobre este punto, algunos de los practicantes reconocen el nacimiento de una nueva estética dado por la mano femenina.
Para practicar la técnica como un oficio, las personas tienen que pasar por un período de aprendizaje previo, variable según sus aptitudes, hasta que logran la destreza necesaria y desarrollan un estilo propio. Entonces su talento es reconocido por la comunidad y sus trabajos empiezan a ser solicitados. De esta forma, se preservan los principios fundamentales de la técnica, al tiempo que puede ser recreada y aplicada en nuevos contextos y soportes de acuerdo con las inquietudes del fileteador y las necesidades de los solicitantes de su trabajo.

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