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Cocinando cultura

El viernes 25 y sábado 26 de septiembre, 22 participantes representantes de distintas colectividades que conviven en la Ciudad, se enfrentaron en un desafío de cocina digital que tenía cómo objetivo poner en valor el aporte cultural de las colectividades a la pluralidad porteña y descubrir a la o el chef favorito de las vecinas y vecinos. Esta semana visitamos a los dos finalistas para entregarles sus diplomas y conversar sobre su experiencia.

Viernes 9 de octubre de 2020

El viernes 25 y sábado 26 de septiembre, 22 participantes representantes de distintas colectividades que conviven en la Ciudad, se enfrentaron en un desafío de cocina digital que tenía cómo objetivo poner en valor el aporte cultural de las colectividades a la pluralidad porteña y descubrir a la o el chef favorito de las vecinas y vecinos. Esta semana visitamos a los dos finalistas para entregarles sus diplomas y conversar sobre su experiencia.

El desafío que constó de 4 etapas y puso a competir a 22 países durante 36 horas, fue seguido minuto a minuto por una comunidad digital que sumó más 29.500 personas, que no querían perder la oportunidad de influir en el resultado a través de sus votos.

La competencia comenzó el viernes al mediodía con una primera ronda de entre 22 platos típicos de cada colectividad, que dejó cómo resultado una semifinalista y diez candidatas y candidatos a eliminatorias. Estas rondas se resolvieron con videos de las y los chefs que nos dejaban ver qué íbamos a obtener en caso de pasar de fase: recetas muy bien guardadas, tips para triunfar en una cena, secretos familiares; cada participante prometía consejos tentadores para obtener el voto de confianza.

El sábado en la semifinal, pudimos conocer recetas riquísimas de las colectividades mexicana, venezolana, eslovaca, japonesa, brasileña y alemana; de donde finalmente se obtuvo a los finalistas Christian Jesús Lopez en representación de Venezuela y Jakub Šanko de Eslovaquia.

“Organizar el desafío, fue una manera de volver a acercarnos a las colectividades en este contexto tan especial, la comida es una parte fundamental de la vida de las personas y es una de las formas en las que transmitimos costumbres y saberes de generación en generación y conservamos tradiciones. Pero sobre todo, es una forma de sentirnos cerca de quienes tenemos lejos” afirmó Pamela Malewicz.

El premio del desafío fue para el eslovaco Jakub “me siento super orgulloso de haber representado a mi país en el desafío, porque personalmente me costó poder confiar en mí como cocinero”. Y agregó “amo que este año pudimos finalmente, gracias a todos los votos, dar a conocer más nuestra colectividad. Voy a aprovechar este espacio para mostrar la diversidad y reivindicar la importancia de contar las historias y visibilizar las raíces de cada uno, compartiendo la cocina y los platos tradicionales de mi tierra”.

El segundo lugar fue para Christian que dijo “me encantó participar del desafío y representar a Venezuela, sentí mucho orgullo de representar a mi país y dar a conocer un poco de mi cultura. Por redes sociales recibí muchos mensajes de cariño y apoyo de paisanos y otras colectividades, para mi fue una experiencia maravillosa que desde lo profesional, como cocinero también me motivó mucho”.

Mercedes Barbara, directora de la Dirección General de colectividades cuenta que la adaptación del desafío de cocina al formato digital surgió de la necesidad de seguir estando cerca “todo cambió a partir del Coronavirus, tuvimos que adaptar nuestra propuesta cultural que tanto disfrutaban y valoraban los vecinos y vecinas, por eso mudamos el encuentro de las colectividades a las redes sociales”.

Esta semana Mercedes Barbara y Pamela Malewicz se acercaron a saludar a los finalistas y hacer entrega de sus diplomas de ganadores. En el encuentro pudieron conversar y conocer qué fue lo que los llevó a elegir Buenos Aires cómo su nuevo hogar. “Encontré amigos, una familia putativa multicultural. Ahora tengo familia y amigos colombianos, peruanos, argentinos, puertorriqueños en esta maravillosa ciudad vibrante, diversa y multicultural” contó Christian.

Jakub por su parte afirmó “desde que llegué a Buenos Aires me siento feliz de vivir libre y poder ser quién realmente soy”.

Las historias de ambos son un ejemplo de resiliencia e inspiración para migrantes que llegan a la Ciudad de Buenos Aires buscando un lugar para poder elegir su proyecto de vida libremente.

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