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Barracas: la misma identidad con nuevos desafíos

Caminamos las calles del Distrito de Diseño y conversamos con los protagonistas de ayer y hoy. Te invitamos a pensar cuáles son los desafíos que encontramos y qué pasado orgulloso es el que mejor representa a los vecinos de Barracas.

Martes 5 de agosto de 2014

“Si uno no sabe la historia de su territorio, no la puede modificar. Acá trabajamos mucho sobre la identidad, la memoria”. Estas palabras de Ricardo Talento, vecino del barrio de Barracas nos reflejan la importancia de conocer dónde estamos para saber hacia dónde queremos ir. Nosotros hoy nos encontramos en el barrio porteño de Barracas, un lugar que estuvo habitado por familias patricias en algún momento y que después de la epidemia de la fiebre amarilla sufrió una despoblación. A partir de entonces, los inmigrantes, italianos en su mayoría, fueron quienes lo eligieron para habitarlo. Así, se convirtió en un barrio fabril.

Hoy, dos siglos después, Barracas busca conservar su identidad con nuevos ingredientes: innovación y creatividad. La revitalización del barrio a través de la promoción del diseño se orienta a mantener el perfil industrial pero redoblando la apuesta. La creación del Distrito de Diseño da cuenta de ello. Se trata de mucha más que un territorio delimitado para desarrollar una zona de la Ciudad como es Barracas. El Distrito de Diseño materializa un cruce cultural: la unión entre los que viven en el barrio y los que cada día lo visitan para ir trabajar y crear. Una combinación que naturalmente enriquece la economía del lugar a través de la generación de nuevos puestos de trabajo así como también, de ideas.

Postal del Pasaje Lanín, un recorrido casi oculto y a puro color.

Los 14 mil m2 que le daban identidad al antiguo Mercado del Pescado se transformaron en el corazón de este Distrito. Se trata del Centro Metropolitano de Diseño (CMD), un lugar que no sólo seduce por su diseño vanguardista, sino también por sus característicos ambientes de trabajo y cooperación en los que se respira innovación. El CMD fue pensado, creado y diseñado para compartir, debatir, investigar y aprender desde el hacer. Estos son los motores de este espacio que todos los días abre sus puertas para que quienes crean en sus sueños, empiecen a concretarlos.

Y una manera de concretar esos sueños es aprender un oficio. El CMD ofrece gran variedad de escuelas de oficios destinadas a la población de la villa 21-24 en su mayoría, para que los habitantes puedan tener un oficio e insertarse en el mundo laboral. Más de 3.000 personas por año se capacitan en Barracas y Corredor Sur en oficios de diseño como: Costura, Sastrería, Marroquinería, Tapicería, Mueblería, entre otros. Se trata de aprender, de construir para transformar. Y el arte juega un papel protagónico en este desafío.

Las Escuelas de Oficios del CMD ya capacitaron a 7000 personas. Foto: CMD

“El arte es transformador social”, asegura Talento, el vecino que hace nada menos que 14 años se encarga de llevar a cabo espectáculos en el Circuito Cultural Barracas. Proyectos de autogestión, independientes y grupos de teatro comunitarios son las propuestas que conviven en este espacio artístico integrado por 300 vecinos de todas las generaciones con un objetivo en común: recuperar los lazos sociales que se han ido perdiendo con el tiempo. Ese sentido de pertenencia al barrio. El Festival Rodante es otra de las iniciativas que parten del Distrito que invita a disfrutar de sábados de música y domingos de ferias y actividades para toda la familia. Esta propuesta cultural y recreativa no sólo está orientada para las familias de Barracas sino para los vecinos de toda la Ciudad. La actividad tiene como característica principal la itinerancia. Cada fecha del programa se realiza en diferentes lugares del Distrito de Diseño.

El Festival Rodante tiene lugar un sábado y un domingo al mes en distintos puntos del Disitrito.

Entre los tiene 70 mil habitantes que tiene Barracas, está Victoria, la dueña del emblemático restaurant La Flor de Barracas, que si bien no vive en el barrio lo siente como propio porque le remite a su lugar actual. “Nunca quise tener un bar. Lo compré como inversión. Después me di cuenta de que me gustaba mucho barracas por la energía que tenía, el cielo abierto, respirar el río, como pasa con el barrio en el que vivo. Esa similitud es lo que hace que me gusten ambos lugares y me sienta bien estando aquí y allá. Además, La Flor de Barracas tiene un montón de gente, comida casera y 118 años de historia”. Una historia que conserva su identidad pero con nuevos desafíos como el barrio de Barracas.

La Flor de Barracas tiene un patio interno lleno de verde que revitaliza el espacio.

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