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Mariette Lydis.Una mirada interior

En el Espacio Confitería se exponen obras de la artista austríaca pertenecientes a la colección del museo.
Del 21 de enero al 26 de marzo de 2017

La intención de esta exhibición es recordar su trabajo y para ello se seleccionaron especialmente siete obras (seis grafitos y un aguafuerte) que dan cuenta de la habilidad de la artista en el manejo del dibujo y de su adaptación a las temáticas más diversas.

Las obras seleccionadas nos abren hacia su universo creativo y a su sello personal de figuras atravesadas por el dolor, por la locura, por los años, de miradas angustiantes y silencios sugerentes.

A pesar de que muchas de las figuras no apelan directamente a un observador, podemos identificarnos como espectadores con la profunda e intensa angustia de los personajes.

Los dibujos están realizados con un trazo preciso que se concentra especialmente en los rostros, se aligera en el resto del cuerpo y se despoja así de todo lo secundario. La artista posee un delicado tratamiento de las diferentes texturas y del manejo de la escala de grises, como se puede observar en “Paisana” y “Niños de Biafra”. Todo esto adquiere otra relevancia cuando tenemos en cuenta su formación autodidacta.

En “Domésticas” las figuras se disponen juntas, sin embargo no interactúan, cada una se halla en su propio mundo. Sus miradas no se cruzan, marcan direcciones que amplían el espacio por fuera de la obra. Los personajes por sí solos estructuran el espacio y lo colman.

Lydis trabajaba con modelos vivos, como se puede apreciar en “Estudio de una enferma mental”, “El viejo” y “El Santo Padre”. Los rostros abarcan la totalidad del soporte, sin casi otra referencia al cuerpo y al espacio.

El aguafuerte “Oráculo” realizado en 1936, nos muestra otra versión totalmente distinta, con una temática que explora los amuletos, los símbolos religiosos y fantásticos, con una estética similar a los mapas medievales.

Las obras seleccionadas nos abren hacia su universo creativo y a su sello personal de figuras atravesadas por el dolor, por la locura, por los años, de miradas angustiantes y silencios sugerentes.

Una artista que plasmó en sus obras el coraje de sobrevivir al horror de la guerra y el dolor de la pérdida de los seres queridos, de la experiencia que marcó a los sobrevivientes de la Primera Guerra Mundial, una experiencia sin precedentes.

Curaduría: Mariel Carrubba Laraignée y Ma. Leticia Orieta

Sobre la artista

Mariette Lydis, artista austríaca nacida en 1887, adquirió notoriedad en Europa en el período de entreguerras, especialmente por la ilustración de grandes obras de la literatura universal. Autodidacta, orgullosa de no pertenecer a ninguna escuela estilística que le quitase libertad de creación, se valió de distintos recursos que le fueron afines a su propósito: indagar en la condición humana. El interés apasionado por la humanidad, afirmó la artista, fue la base de su trabajo y por ello en sus obras aparecen las guerras, el hambre, la locura, los distintos momentos de la vida.

Desarrolló un estilo ecléctico, que muchas veces respondió a la temática de la obra que debía que ilustrar. Adoptó un estilo “decorativo oriental” en sus ilustraciones del Corán y del Jardín de los Suplicios, y en la temática religiosa de sus pinturas y murales, reveló una influencia de los artistas de los siglos XV y XVI a quienes ella admiraba. Asimismo, especialmente en la década del sesenta, su obra contiene muchos elementos que se pueden relacionar con el surrealismo. Sus pinturas son reconocibles por su paleta de colores tierras y grises, la utilización de una luz tenue y teatral, que genera un clima de misterio sobre las figuras, y de animismo en objetos y naturalezas muertas.

Adquirió la nacionalidad francesa en 1939, país donde vivió desde 1924 hasta ese año. Tuvo gran éxito en las galerías parisinas entre 1926 y 1930 con la serie que realizó sobre prostitutas, lesbianas y niñas curiosas con sus cuerpos, figuras de mujeres de fuerte y expresiva sensualidad. Del mismo modo lo tuvo con los retratos de niños de mirada profunda y cautivante, y la serie de estudios de enfermos mentales, que llevó a cabo a lo largo de toda su vida.

Al estallar la guerra, su marido el Conde Giuseppe Govone debió regresar a su Italia natal. Sin embargo ella decidió no seguirlo, con el recuerdo vivo del dolor y la angustia que experimentó al haber sobrevivido a la Primera Guerra Mundial, se trasladó a Inglaterra donde se embarcó en 1940 con destino a la Argentina, invitada por el marchand Muller.

Ese mismo año, se organizó una exitosa exposición auspiciada por la Embajada de Francia en la Galería Argentina. Al poco tiempo se instaló en un departamento sobre la calle Cerrito en el barrio de Recoleta, que además de ser su vivienda, fue su taller y donde dictó sus clases de dibujo. Vivió el resto de su vida en esa residencia y sólo volvió a París por el lapso de dos años, cuando murió su marido.

Se convirtió en una artista muy requerida por la alta sociedad, que deseaba ser retratada por ella y adquirir sus creaciones. Fue una personalidad popular, entrevistada por revistas de actualidad, en las cuales tuvo oportunidad de expresar su gran pasión por la pintura y su fuerte rutina de trabajo. Siempre expresó su amor por la Argentina, agradecida por la generosidad y el buen recibimiento de su obra. Un año antes de su fallecimiento, en 1969, donó al Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori setenta obras entre pinturas, dibujos y grabados, que según sus propias palabras, la acompañaron durante toda su vida porque nunca quiso desprenderse de las mismas. Además de nuestro país, sus trabajos integran la colección del British Museum, la del Castello Sforzesco, y de la Galería degli Uffizii, entre otras.


Entrevista a la artista plástica Estela Pereda

La artista plástica Estela Pereda y su madre, la escritora Estela Laplace de Lacau (Premio Emecé, 1961), tomaron clases con Mariette Lydis en los años ´40.

Accedé a la entrevista completa

Textos de Leticia Orieta y Mariel Carrubba Laraignée.