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La persistencia de los maestros. Selección de obras premiadas en el Salón Manuel Belgrano 1955-1970

Un recorrido inusual sobre la obra de un grupo de artistas que, en su gran mayoría, sostuvo los modos de las escuelas de arte y de sus mentores.
Curador: Nicolás Javaloyes
Del 29 de octubre al 28 de noviembre de 2016

La Colección del Museo Sívori nace de una mirada plural en la que convergen las diversas gestiones que llevaron adelante el museo y las asociaciones que participaron del Salón Manuel Belgrano, íntimamente ligadas al sistema de la educación artística.

En su tramo dedicado a la década del ’60, nos ofrece un recorrido poco usual al escapar del paradigma con que generalmente se describe este período: experimentación y vanguardia. Por el contrario, nuestro acervo permite acercarnos a un grupo de artistas, que en su mayoría sostuvo los modos de las escuelas de arte y de sus maestros. “La Persistencia de los Maestros” intenta mostrar hacia dónde miraba ese colectivo en una década signada por el desvanecer de la modernidad.

Con la curaduría de Nicolás Javaloyes la exposición reúne obras de Bruno Venier, Emilio Centurión, Juan Del Prete, Raúl Russo, Antonio Pujía, Demetrio Urruchúa, Miguel Davila, Héctor Basaldúa, entre muchos otros.

A fines de los años cincuenta, tanto el Salón Nacional como el Municipal ponen su mirada sobre artistas que se han formado con maestros locales pero que a la rigurosidad compositiva han incorporado el lenguaje de las Vanguardias Históricas: el color fauve, la síntesis cubista y el universo poético del surrealismo. Por eso se los suele llamar “la segunda vanguardia”.

En el ámbito del Salón, donde aún predominaba la impronta del nativismo, estos artistas aportaron una mirada fresca, renovadora y moderna sobre el arte. No obstante, son artistas que sostienen la figuración en vísperas de una década signada por el experimentalismo. Sus obras, desde sus títulos –“composición”, “figura”, “bodegón”– hacen referencia a su adhesión al repertorio de motivos tradicionales –la naturaleza muerta, el retrato o el desnudo–.

Hacia 1963 parece cambiar el foco de atención del Salón. Entre las obras premiadas, hay un resurgir de los motivos populares, del paisaje, de las vistas urbanas y los interiores intimistas. Una de las razones del cambio puede atribuirse a la composición de los jurados de Salón. El comportamiento de cada uno de ellos en las votaciones es revelador de los debates que atravesaban al campo artístico.

Llamativamente, este cambio de imagen, el retorno a ciertos temas tradicionales, es contemporáneo al momento de máximo despliegue de la vanguardia internacionalista y experimental y, a fines de los ’60, el arte de la vanguardia revolucionaria. Sin embargo, aunque el Salón conserva distancia con las vanguardias, podemos ver cómo lentamente comienza a permear en las obras premiadas el lenguaje del informalismo, la neofiguración y la abstracción, dándose curiosas combinaciones entre temas tradicionales y formas modernas.