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Habitar la Ciudad. Obras de la colección

Un recorrido didáctico que refleja distintas visiones de los artistas sobre la Ciudad de Buenos Aires y sobre cómo se habita el espacio en distintos momentos históricos: paisaje urbano, trabajos, tango, celebraciones, etc.
Del 15 de agosto al 22 de noviembre de 2015

Existen muchas maneras de habitar los lugares. Es posible pensar la ciudad como un espacio para vivir, transitar, trabajar; como un espacio de información, de comunicación, en el cual se materializan las representaciones del poder y sus producciones simbólicas. Habitar un territorio no es simplemente permanecer en él, sino también desplazarse, recorriendo ese espacio como "el caminante (que) al hacer camino va leyendo la ciudad como si fuera un texto, un poema y la usa como el hablante lo hace con su propia lengua. De este modo, en el devenir de su propio andar, el caminante construye un nuevo texto, imprimiéndole a dicho espacio nuevas fórmulas, nuevos sentidos. Se trata de concebir el espacio como un lugar practicado y así es como la calle geométricamente definida por el urbanismo se transforma en espacio por intervención de los caminantes, (...) la lectura es espacio producido por la práctica del lugar que constituye un sistema de signos (1)".

Las ciudades son lugares de identificación, de distinción y de ensoñación de mundos posibles. Las prácticas espaciales son una fuente de significados identitarios. Toda ciudad es un espacio simbólico en construcción, que se va transformando a través de los sujetos que la habitan, que la transitan, que viven en ella. Cada manera de construirla es asimismo una manera de habitarla, apreciando así los materiales con los que se la puede crear.

Habitar una ciudad es reconocerla y entenderla, al considerarla también como un espacio en el cual el pasado se encuentra presente, mostrando y ocultando las tensiones entre lo viejo y lo nuevo: una relación de convivencia que se renueva constantemente. Calles, materiales, sensaciones, recuerdos, sonidos, olores, distancias, estructuras, colores, toda esa diversidad forma parte de nuestromodo de habitarla, ya que hay heterogéneas maneras de sentirla y leerla.

(1) De Certeau, M. L'invention du quotidiem. París, Gallimard, 1990