Sala Ricardo Zemborain

El nombre del Río de la Plata, el del Virreinato del Río de la Plata, y el propio nombre del país derivado del latín argentum (plata) nos introducen a la colección de platería urbana legada por Ricardo Zemborain, gracias a quien se inaugura este museo durante la intendencia de José Luís Cantilo, el 6 de octubre de 1921.

La fundación de Buenos Aires

El 2 o 3 de febrero de 1536 don Pedro de Mendoza establece un asentamiento al que denomina Nuestra Señora de los Buenos Aires. Sus primeros meses son particularmente inciertos debido a la falta de provisiones y al hostigamiento de los nativos.

La dramática situación se refleja en los grabados que ilustraban la obra de Ulrico Schmidl, cuyas inexactitudes en referencia a las características de las precarias viviendas, no disminuyen su alto valor testimonial, no sólo por ser las primeras imágenes de Buenos Aires, sino también por testimoniar las diversas penurias de sus actores (incluida la antropofagia).

En abril de 1537, quebrantado en su salud, Pedro de Mendoza parte rumbo a España pero fallece en alta mar el 23 de junio. En 1541, Buenos Aires es despoblada y sus habitantes se establecen en Asunción, fundada por Juan de Ayolas, el 15 de agosto de 1537.

El 11 de junio de 1580 Juan de Garay funda la Ciudad de la Trinidad en el puerto de Santa María de los Buenos Aires, nombre este último que prevalecerá al de la Trinidad.

El nombre de Río de la Plata, substituye rápidamente a los de río Jordán, Mar Dulce y río de Solís con que había sido denominado.

Las riquezas en plata que imaginaban los conquistadores fueron lo suficientemente atractivas como para que este nombre prevaleciera. El descubrimiento y explotación de las minas de Potosí en 1545 justificaron esas ilusiones, aunque sus réditos fueron escasos para la lejana Buenos Aires.

El éxito que en 1569 había obtenido Alonso de Ercilla con su poema Araucana, es el antecedente para que Martín del Barco Centenera editara su libro Argentina y conquista del Río de la Plata, con otros acontecimientos de los Reinos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil, publicado en Lisboa en 1602. En él, por primera vez se utiliza el adjetivo Argentina (de argentumplata) para denominar a la región vecina al Río de la Plata.

El nombre de Argentina y el colectivo de argentinos que hoy nos aglutina son, no obstante, mucho más modernos. Escribe José Carlos Chiaramonte(1) que, hacia 1810, los pueblos que habitaban nuestra geografía, se definían por su calidad de "americanos", y no por la aún inexistente de "argentinos". Por el contrario, esta última denominación se usaba muy raramente. Los pueblos: "se sentían y se sentirán por mucho tiempo todavía, pueblos americanos, no argentinos, denominación que, al igual que la de Río de la Plata (...) tenía el irritante matiz de sugerir la preeminencia de Buenos Aires". (1)José Carlos Chiaramonte: Ciudades, Provincias, Estados: orígenes de la Nación Argentina: 1800-1846 ( Ariel, Bs. As. 1997)

Virreinato del Río de la Plata

En 1776, la estrategia de la corona española en su afán de detener el avance portugués, determina la creación del Virreinato del Río de la Plata, cuya capital es la aún modesta Buenos Aires. Carlos III es el creador del Virreinato del Río de la Plata. En su medalla se observa el escudo de Buenos Aires que aparece por primera vez con todos sus atributos, al asumir, años antes, su hermano Fernando VI.

La asunción de un nuevo rey motiva la realización de pomposos actos de proclamación y juras de fidelidad en las principales ciudades y villas. Como parte de esas celebraciones, ciudades, villas, instituciones, autoridades, gremios como el de los plateros o particulares acaudalados, acuñan medallas que se distribuyen entre los principales vecinos y autoridades y se arrojan también al público asistente.

Se producen así notables cambios, sobre todo a partir de 1778, cuando se reemplaza el sistema de monopolio por el de libre comercio. Un año más tarde se crea la Aduana, se autoriza la salida de barcos con frutos del país y se orienta hacia ella el tráfico de la plata potosina, lo que significa una notable inyección de riqueza.

Don Juan José de Vértiz y Salcedo, el segundo virrey (1778-1784) y el único criollo- ya que había nacido en Mérida de Yucatán, México- había sido gobernador de Buenos Aires desde 1770. Vértiz impulsa diversas acciones edilicias y urbanísticas que hacen de la ciudad una capital más presentable.

Por esos años, la platería comienza a perder el carácter religioso que había predominado anteriormente, debido en parte a las nuevas ideas del Iluminismo y su actitud anticlerical, para dar origen a una creciente demanda particular que reclamaba vajilla hogareña y personal, no sólo con fines utilitarios sino también de ostentación. Accesorios para los salones y escritorios, objetos de uso masculino como cigarreras, pastilleros, estuches de diverso tipo, mates, bombillas, yerberas, soperas, sahumadores, chofetas, candeleros y candelabros, irrumpen en la escena.

Con la abdicación de Carlos IV, motivada por la invasión napoleónica, se inicia el proceso de independencia de Hispanoamérica. Durante el reinado de su hijo Fernando VII, España pierde casi todos sus dominios americanos.

Bibliografía:
-Adolfo Herrera (1882) Medallas de proclamaciones y juras de los reyes de España. Madrid
-Alejandro Rosa (1895) Estudios numismáticos. Aclamaciones de los monarcas católicos en el nuevo mundo. Bs. As.
-J .T. Medina (1917) Medallas de proclamaciones y juras de los reyes de España en América. Santiago de Chile

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