Sala Keen

En esta sala encontrarás una colección de platería rural donada por Alfredo Keen y Sara Davis de Keen.

George Keen (1794-1884) nace en Birmingham, Inglaterra, y llega a Buenos Aires en 1818. Abre un hotel en la calle 25 de Mayo a una cuadra del fuerte.

En 1821 se casa con Mary Yates (1803-1872). Hacia 1825 comienza a invertir en la compra de estancias y, con los años, es dueño de las estancias Pedernales (en 25 de Mayo), China Lauquen y Reconquista (Azul), La Península (Chubut) y La Virgen de los Dolores (en Uruguay).

La colección de platería rural que se expone en esta sala, donada por sus descendientes Alfredo Keen y Sara Davis de Keen testimonia la riqueza acumulada en dicho proceso.

La segunda mitad del siglo XIX es la época de la lana en la economía argentina. Su producción crece de tal manera que desplaza al tasajo -carne salada- y pasa a ocupar el primer lugar en la economía del litoral, principalmente en Buenos Aires.

Ya desde la década de 1820 la raza merino va mestizando los rebaños criollos y las exportaciones de lana comienzan a crecer. El tasajo vinculaba al país con un mercado restringido y en declinación: iba a Brasil y Cuba para alimento de los esclavos. La lana lo pone en contacto con mercados como Bélgica, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Los avances técnicos necesarios para esta actividad impulsan la formación de un sector de ganaderos de características más modernas que las de los dedicados exclusivamente a la cría del vacuno.

Principalmente irlandeses, escoceses, ingleses – como Harratt y Keen -, y algunos franceses y vascos, predominan en la cría del ovino. Los hijos del país, propietarios de enormes estancias, se dedican preferentemente a la cría del vacuno para el saladero. Entre 1850 y 1855 comienza a observarse que en cada partido del norte de Buenos Aires pueden encontrarse cinco o seis ganaderos dedicados exclusivamente al lanar y dueños de considerables fortunas reunidas en pocos años de labor. El ejemplo de rápidas y fáciles fortunas hechiza a Buenos Aires produciéndose un movimiento hacia la cría del ovino que se compara con la fiebre del oro californiana.

El auge de las ovejas determina el gradual desplazamiento de los vacunos de las mejores tierras, es decir las más cercanas al puerto de la capital. Este proceso se invertirá a fines de siglo, cuando el frigorífico valorice nuevamente al vacuno y la carne congelada, junto con los cereales, pasen a ocupar la vanguardia de la producción. A raíz de ello comienza el desplazamiento de los merinos hacia los campos patagónicos, que pobres y alejados de los frigoríficos sólo pueden producir lana.

Bibliografía:

-Hilda Sábato. Capitalismo y ganadería en Buenos Aires. La fiebre del lanar 1850-1890. Bs. As. Sudamericana, 1989
-José Carlos Chiaramonte Nacionalismo y liberalismo económicos en la Argentina. Bs. As. Hyspamérica, 1986
-Horacio C. E. Giberti, Historia económica de la ganadería argentina. Bs. As. Solar – Hachette. 1970

La expansión de la frontera agraria

Hacia mediados del XIX en casi toda América Latina, se acelera el asalto a las tierras indias, impulsado en algunos casos por la expansión de cultivos para el mercado mundial. En la Argentina, el proceso de expansión económica descansa, fundamentalmente, en la gran disponibilidad de tierras localizadas en la línea de fronteras. Durante décadas los avances habían sido lentos y penosos, y generalmente alternados con retrocesos producidos por los constantes contraataques de los indios. La creciente especialización y profesionalización del ejército y la mayor movilidad de fuerzas gracias al ferrocarril y el telégrafo, favorecen ahora el proceso, a lo que se agrega el convencimiento de que dicho avance opondría una valla ante la posibilidad del avance de Chile. El avance de la línea de fronteras se realiza en dos etapas. La primera de ellas bajo la dirección de Adolfo Alsina, entonces ministro de Guerra del presidente Nicolás Avellaneda, se extiende hasta su muerte, en Carhué en 1877. Su plan consiste en la construcción de una línea de fortines unidos entre si por una gran zanja (la zanja de Alsina). La línea de fronteras se ubica en Carhué, Trenque Lauquen, Puán, Guaminí e Italó, incorpora 2.000 leguas de tierra.

Julio Argentino Roca, emprende una campaña mucho más agresiva. La política del nuevo ministro queda claramente expresada en su mensaje al país de 1879: “El viejo sistema de las sucesivas ocupaciones (…) ha demostrado ser impotente para garantir la vida y la fortuna de los habitantes fronterizos continuamente amenazados. Es necesario abandonarlo de una vez e ir directamente a buscar al indio a su guarida, para someterlo o expulsarlo, oponiéndole en seguida, no una zanja abierta en la tierra por la mano del hombre, sino la grande e insuperable barrera del Río Negro profundo y navegable en toda su extensión, desde el Océano hasta los Andes”. Hacia 1881 la campaña había finalizado con el sometimiento de 14.000 indios y la incorporación de 15.000 leguas. El 12 de octubre de 1880 Roca asume la presidencia de la Nación y convierte a la ciudad de Buenos Aires en capital federal de la República, luego de superar la revolución que había estallado en julio encabezada por Carlos Tejedor, gobernador de Buenos Aires.

Bibliografía:

-Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde, Historia Argentina. La república conservadora. Bs. As. Paidós, 1990.

La platería criolla

Desde fines del siglo XVIII comienza a desarrollarse lo que hoy conocemos como platería criolla, una artesanía asociada preferentemente al uso del caballo y su jinete. Es también la época de surgimiento del gaucho, ese tipo popular característico de la cultura rioplatense, con quien se suele asociar el uso de estas prendas de plata, aunque en realidad éste solo tendrá un acceso restringido a ellas sólo un siglo más tarde.

El uso de estos objetos de plata está restringido a personas de privilegiada situación económica: estancieros, capataces, mayordomos y ricos comerciantes. Sólo hacia fines del siglo XIX las modificaciones tecnológicas en la producción expanden el consumo de ornamentos de metal plateado a amplios sectores de la población bonaerense, como los peones rurales.

Bibliografía:

-Ana María Cousillas (1987) Transformaciones en la producción y consumo de la platería porteña-bonaerense. De la Revolución al Centenario. Bs. As. Municipalidad de Buenos Aires.

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