Sala Emisiones, inflaciones y convertibilidad

Esta sala representa la historia económica argentina a través de las sucesivas emisiones de monedas.

Durante el virreinato circulan tres tipos de monedas: la macuquina, la columnaria y la de busto o rostro.

La macuquina (palabra sobre la que se discute su significado) se acuña en la Casa de Moneda de Potosí desde 1573 hasta 1773. Es acuñada a martillo y de tosca acuñación, todas en plata. A pesar de varias ordenanzas que en el siglo XVIII ordenan su retiro de circulación esto nunca se cumple y la macuquina continúa en uso durante el siglo XIX.

La columnaria es denominada así por llevar en sus caras el escudo español y las columnas de Hércules -de allí su nombre- que encierran los dos mundos. Su acuñación en Lima data de 1752 y en Potosí desde 1767 hasta 1770, en que su diseño es abandonado por el de las de busto.

Las monedas de busto o rostro muestran a los monarcas a la manera romana. Se acuñan monedas con el busto de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, en los valores de 8, 4, 2, 1, y 1/2 reales. En 1794 se acuñan monedas más pequeñas llamadas cuartillos de 1/4 de real.

Mayo de 1810

Al momento de la Independencia de España no se conocen aún los billetes de banco, sólo circulan monedas de oro y plata. La Argentina independiente conserva por muchos años el régimen monetario español. No obstante, la preponderancia del sector de subsistencia que se desenvuelve fuera de la economía del mercado determina que la economía monetaria estuviese escasamente difundida.

Con la victoria de Salta, el general Manuel Belgrano llega a Potosí. Como la moneda que circula en nuestro territorio tiene los sellos españoles, el gobierno dispone acuñar monedas en 1813 y 1815 con el sello de la Asamblea. Las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma obligan a los patriotas a la evacuación de Potosí, y con la derrota de Sipe-Sipe se pierde definitivamente. Potosí continuará acuñando monedas a nombre de Fernando VII hasta 1825, cuando la batalla de Ayacucho pone fin a la dominación española en Sudamérica. La Asamblea Constituyente de 1813 no crea entonces un nuevo signo monetario sino que sólo legisla sobre el sello que éste llevaría. A pesar de ello, continúan circulando las monedas españolas.

El 29 de mayo de 1817, Juan Martín de Pueyrredón se ve obligado a dictar un decreto autorizando el pago de las deudas del Estado con "villetes amortizables" admisibles en la aduana en cancelación de la deuda. Estos “billetes” continuaron emitiéndose hasta 1821.

Hasta Caseros

En 1822 la provincia de Buenos Aires aprueba la acuñación de monedas de cobre en Birmingham, con el fin de solucionar la crónica falta de monedas. Varias provincias, principalmente las del litoral, organizan sus sistemas monetarios creando bancos con el poder de emisión de papel moneda.

Cada provincia adopta un signo monetario que no circula en las otras, anarquía que dificulta el comercio, fomenta el aislamiento y la autarquía provinciales. El papel es moneda interna de Buenos Aires; la tentativa de imponerlo al resto del país fracasa; el interior prefiere el peor metálico al mejor papel.

El 6 de septiembre de 1822 abre sus puertas el Banco de Buenos Aires cuyos primeros billetes eran tan primitivos y fáciles de falsificar que se encarga la impresión de nuevos billetes. Realizados en 1827 en Londres o en los Estados Unidos, comienzan a circular billetes de un peso donde aparece en el medallón de la izquierda el retrato de Simón Bolívar (según otras fuentes Don Pedro I) y en el medallón de la derecha George Washington.

Por ley del 28 de enero de 1826 se crea el Banco Nacional. Se autoriza entonces al Banco Nacional a emitir billetes en Europa y una "nota" de un peso en la imprenta de Ponce, con el fin de atender las necesidades urgentes de la plaza. Circulan también notas del Banco Nacional de un peso y de forma rectangular. La escasez de moneda obliga a Rivadavia a hacerla circular en 1826 como moneda corriente.

En 1829 el Banco Nacional imprime en Londres billetes de un solo lado que duran poco debido a su enorme tamaño. Se los renueva en 1834. Por decreto del 30 de mayo de 1836 se dispone la disolución del Banco Nacional y se crea una nueva entidad financiera denominada "Casa de Moneda". Esta Casa imprime en Londres billetes de un solo lado, sobre papel colorado, con la divisa federal y sin promesa de pago en oro.

Entre 1826 y 1836 la depreciación del mismo llega al 594 % y en 1840 alcanza al 2100%. En la medida que la política fiscal tiende a paliar los déficit con emisión y no con empréstitos internos, el peso de la financiación se traslada de los sectores terratenientes y comerciales a los sectores de ingresos reducidos de la población, debido a la caída de sus ingresos reales frente al aumento del nivel de precios.

Surge en Buenos Aires un sistema de doble circulación de monedas y valores: el papel moneda para todas las transacciones internas y el metálico para el atesoramiento y el comercio con el interior.

De Caseros a la guerra contra el Paraguay

Las décadas que siguen a la caída de Rosas se caracterizan por el enfrentamiento entre inflacionistas y deflacionistas.

Los primeros fomentan la emisión, sosteniendo que el papel moneda inconvertible abre el camino al progreso material; los deflacionistas, respetuosos de la teoría monetaria, quieren la emisión convertible, considerando lo opuesto como una enfermedad. La moneda inconvertible favorece la especulación: en la Bolsa se juega viciosamente a su alza o su baja.

Los emisionistas dicen que la enfermedad no existe pues el enfermo engorda. La inflación es una realidad permanente. La facultad de emitir papel moneda de los bancos lleva frecuentemente a la expansión monetaria para financiar los déficit fiscales, generalmente en circunstancias de contracción del mercado exterior y reducción de las fuentes normales de recursos, especialmente la recaudación de aduana.

El total en circulación a fines de 1861 llega a 300.370.345 pesos moneda corriente, suma elevadísima que excede en mucho a lo exigido por la circulación de los valores, lo que lleva al peso papel a niveles récord de desvalorización. A comienzos de 1863 hay síntomas de pánico financiero. La onza de oro se eleva en una semana de 410 a 440,50 pesos. Pero súbitamente el problema se invierte y desde 1864 no sólo cesa la desvalorización del papel moneda sino que se genera un proceso inverso, debido a la disminución del circulante, el aumento de la producción y el crecimiento demográfico producido por la inmigración.

En 1866 la guerra del Paraguay, lejos de agravar la crisis, atenúa sus consecuencias y, para algunos observadores, lejos de ser una calamidad, la guerra es una fuente de prosperidad ya que genera un abundante ingreso de oro de los proveedores del ejército brasileño para sus compras de ganado, alimentos y hasta artículos manufacturados europeos.

La ley provincial del 31 de enero de 1867 autoriza la emisión de papel moneda convertible. En 1867 se emiten billetes de moneda corriente llamados "carneritos". En el interior del país existe desde 1866 hasta 1876, una completa autarquía monetaria. Las provincias adoptan como patrón monetario y de emisión de billetes de banco al peso y el real bolivianos, desechando al peso argentino, al peso fuerte y al peso moneda corriente nacionales.

La anarquía monetaria y la necesidad de que circulase una moneda uniforme y normas comunes para el otorgamiento de créditos a la industria y el comercio, llevan a la creación del Banco Nacional en 1873 al que se autoriza a emitir billetes a cambio de depósitos de oro. Hasta entonces el banco de la provincia de Buenos Aires había sido el organismo emisor.

Una nueva crisis económica obliga al retorno a la inconvertibilidad cuando por decreto del 17 de mayo de 1876 se determina el curso forzoso del papel moneda. Billetes que pierden diariamente su valor. Pánico entre poseedores de billetes nacionales. Multitudes que invaden las oficinas del Banco Nacional. Auxiliado por el banco de la provincia de Buenos Aires, el Banco Nacional logra superar el mal momento. La Argentina hacia los inicios de los ochenta continúa sin tener una moneda metálica nacional.

La unificación monetaria

El 5 de noviembre de 1881 se sanciona la ley sobre acuñación de moneda metálica. Se fijan sus valores respecto a los billetes del Banco Provincia y las monedas extranjeras en circulación. Hay consenso de que con esa ley desaparecerá la anarquía. Pero por una falla legal la regularización se ve frustrada. La moneda ingresa a los bancos quedando como encaje metálico y sobre esa reserva debe hacerse la emisión de papel moneda. Pero la ley no especifica si ello se haría con relación al valor del oro o el de la plata. Consecuencia: 1) especulación cambiaría, 2) depreciación de los billetes emitidos con relación al valor plata; 3) en Buenos Aires se opera principalmente con oro y en el interior con plata.

Se solicita entonces la unificación legal de la moneda, es decir el monometalismo. La ley del 4 de octubre de 1883 desmonetiza la plata y entrega su monopolio al Banco Nacional con la intención de que el comercio del interior use los billetes del Banco Nacional. La ley del 19 de octubre de 1883 dispone que los bancos de emisión sólo puedan emitir billetes convertibles en oro, lo que fomenta el comercio exterior y perjudica el interior.

Excesivos gastos del gobierno, balanza comercial deficitaria y crecimiento de la deuda pública motiva la depreciación de los billetes. En 1885 se declara nuevamente el curso forzoso y se prohíbe la convertibilidad por dos años que luego se extienden hasta 1889. El 3 de noviembre de 1887 se sanciona la ley de Bancos Nacionales Garantidos. Los críticos sostienen que con ello se empapelará la República.

La crisis del 90

La crisis de 1890 determina el fin de los Bancos Nacionales Garantidos y del Banco Nacional que es liquidado el 16 de octubre de 1891. El 6 de octubre de 1890 se crea la Caja de Conversión. El 26 de octubre de 1891 se inaugura el Banco de la Nación. El objetivo es lograr la estabilidad monetaria. El 4 de noviembre de 1899 la ley de conversión fija el cambio de 44 centavos oro por cada peso papel. Ello significa rubricar legalmente una inflación del 222% con el consiguiente perjuicio de los acreedores, entre quienes se encuentran los asalariados.

El patrón Oro

Teóricamente el patrón oro proporciona un mecanismo automático de ajuste que permite estabilizar el balance de pagos y el nivel de precios internos. Cuando el país tiene superávit se produce una entrada de oro y divisas, lo que eleva automáticamente la cantidad de dinero en circulación. En condiciones de déficit, se produce la situación inversa: disminuyen los medios de pago y el nivel de ingresos con el consiguiente aumento de la desocupación de mano de obra; las exportaciones y los bienes producidos para el mercado interno se abaratan lo que estimularía las exportaciones y desalentaría las importaciones, lo que llevaría a una nueva posición de equilibrio.

Pero en la práctica el mecanismo no opera como lo supone la teoría ya que el nivel de las exportaciones no depende de los precios argentinos sino de la situación de la demanda mundial. Cuando las exportaciones crecen y sus precios suben es porque lo hace la demanda mundial. Cuando bajan es porque baja dicha demanda. La baja de los precios argentinos no estimula de ninguna manera un aumento de la demanda. Todo se agrava también por el hecho de que el flujo de capitales extranjeros y el pago de ganancias e intereses se mueven de igual manera, lo que agrava las fuerzas que tienden a sacar al sistema de equilibrio.

Bajo el régimen de moneda inconvertible la cantidad de medios de pago no está condicionada por la existencia de oro y divisas. Es independiente del saldo de las transacciones del país con el exterior. Su cotización está dada por las relaciones entre la oferta y la demanda de oro y de papel moneda inconvertible. Los períodos de inconvertibilidad se caracterizan por la depreciación del peso, lo que incide sobre los precios de los bienes producidos en el país y sobre el nivel de los salarios. La depreciación del peso abarata las exportaciones en términos de oro, pero ello, al igual que bajo el patrón oro, no las estimula. Paralelamente se encarecen las importaciones lo que tiende a un ajuste de la demanda. En síntesis tanto bajo el régimen inconvertible como bajo el patrón oro, el mecanismo de ajuste depende de los factores externos.

La **Primera Guerra Mundial **obliga a que el 8 de agosto de 1914 se suspenda la convertibilidad hasta el 25 de agosto de 1927. El 16 de diciembre de 1929 se establece una nueva suspensión debido a la gran crisis internacional desatada ese año. En 1935 con la creación del Banco Central desaparece la Caja de Conversión. En 1946 el Banco Central es nacionalizado.

Emisiones, inflaciones y convertibilidades

Los nuevos cambios de moneda nos resultan familiares, lo que no nos priva de terribles sobresaltos. Las etapas de crecimiento interrumpidas por sucesivas crisis, han constituido, desde siempre, un brutal mecanismo de redistribución y concentración de riquezas. En 1970, el peso moneda nacional pierde dos (2) ceros y hacen su aparición los Pesos Ley 18.188 (100 $ moneda nacional = 1 $ Ley 18.188).

En 1975, el ministro de economía Celestino Rodrigo, dispone una devaluación de 160% para el cambio comercial y 100% para el cambio financiero que queda inmortalizada con el nombre de Rodrigazo. En 1982, junto con la guerra de las Malvinas, se produce otro derrumbe cambiario y una formidable crisis financiera: como consecuencia en 1983, los pesos Ley 18.188 pierden cuatro (4) ceros y surgen los Pesos Argentinos (10.000 $ Ley 18.188 = 1 $ Argentino), y en 1985, los brevísimos pesos argentinas pierden tres (3) ceros y nacen los Australes (1.000 $ Argentinos = 1 Austral). A raíz de la entrada en circulación del Austral, Tato Bores señalaba imaginativa y sarcásticamente que, si obviáramos inflación y devaluaciones, la pérdida de nueve ceros hacía que un Austral se correspondiera con mil millones de pesos moneda nacional, es decir que un Austral equivalía a 12 millones de dólares.

Los azotes de la hiperinflación en 1989-1991 generan la Ley de Convertibilidad y es así como en 1992 los Australes pierden cuatro (4) ceros y surgen los pesos convertibles (10.000 Australes = 1 $ convertible). Años después, comienzan a proliferar los bonos provinciales que habían aparecido a mediados de la década de 1980, cuando las provincias se ven sometidas a procesos de racionamiento de fondos por la Nación. Pero a mediados de 2001 con la emisión de los patacones y, casi simultáneamente, de los Lecop, títulos emitidos por el Banco de la Nación Argentina, la situación cambia de magnitud. Es curioso notar que estos títulos son avalados por el Fondo Monetario Internacional, que los consideraba un instrumento capaz de financiar el desequilibrio fiscal. Surgen así además del Lecop (Nación) y el Patacón (provincia de Buenos Aires), los nombres de Lecor (Córdoba), Federal (Entre Ríos), Cecacor (Corrientes), Bocade (Tucumán), Quebracho (Chaco), Boncafor (Formosa), Petrom (Mendoza), Bono Público (Catamarca), Bocade (La Rioja) y Patacón (Jujuy).

Tal proceso se genera en la necesidad de superar la restricción aguda de recursos del sector público provocadas por el "corralito" y la crisis abierta que estalló a comienzos de diciembre de 2001. Su presencia contribuyó a amortiguar los efectos negativos de las reglas de la convertibilidad que se manifestaron, entre otras cosas, en la fuerte reducción de la circulación monetaria y en la significativa reducción de los depósitos bancarios. Las cuasi monedas han sido un "mal necesario" que permitió cubrir al principio la ausencia de circulación monetaria y, luego, las restricciones impuestas por el corralito al uso de los fondos depositados en cuentas corrientes. En 2001-2002 el fin de la convertibilidad genera otro cataclismo cambiario, una crisis similar a la de 1890 y la mayor depresión de la historia argentina.

¿Cómo evitar o aminorar las recurrentes detenciones y retrocesos de nuestra economía? Este es el interrogante cuya resolución, acaso, aún esté pendiente.

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