Sala El salón porteño

Tiene por finalidad presentar una variedad de muebles y objetos usuales en las viviendas de la burguesía porteña en las cuatro décadas posteriores a la Independencia.

El espacio más importante en la casa burguesa distinguida es el salón. Pero el salón no rinde tampoco servicio a la casa, sino a la sociedad, y esa sociedad está muy lejos de ser meramente equivalente al estricto y fijo círculo de amigos de la casa. La línea fronteriza entre la esfera privada y la publicidad atraviesa la casa. Las personas privadas salen de la intimidad de su sala de estar a la publicidad del salón; pero una y otra están estrechamente relacionadas. Sólo el nombre de salón recuerda el origen de la discusión sociable y del razonamiento público, su procedencia: la esfera de la sociedad aristocrática.

J. Habernas (2006) Historia y crítica de la opinión pública.
Barcelona, Editorial Gustavo Gili

Primera mitad del sigo XIX

Esta ambientación tiene por finalidad presentar una variedad de muebles y objetos usuales en las viviendas de la burguesía porteña en las cuatro décadas posteriores a la Independencia. La intención no es recrear una sala en particular, ya que debido a la relativa humildad de la sociedad del período, en ninguna casa se aglutinarían la cantidad de muebles que aquí se exhiben. Por el contrario, sólo nos limitamos a mostrar distintos bienes apreciados por la sociedad porteña de esa época ambientados en el espacio actual.

Ya desde los primeros años del siglo XIX, el criollo manifestó su rechazo hacia las tradiciones hispánicas que limitaban el acceso al poder de estos ciudadanos, adoptando los modelos que se importaban o contrabandeaban desde las posesiones portuguesas en Brasil, actuando el enclave de Colonia del Sacramento como pivote de ese intercambio comercial. Además, artesanos lusitanos y brasileños abrieron tiendas en Buenos Aires para ofrecer las novedades en materia de muebles, utensilios de plata y loza.

Más tarde, luego de la independencia, Francia y los Estados Unidos de América se convirtieron en el faro que irradiaba las ideas y los gustos sociales. Concluido el monopolio español, nuestro puerto fue receptor de diferentes objetos de procedencia europea y norteamericana.

El gobernador Manuel Dorrego (1827-1828), admirador de la forma federativa de este último país, concertó tratados comerciales que permitieron el ingreso de muebles estadounidenses inspirados en el neoclasicismo británico y/o francés.

La escuela de pintura cuzqueña (de Cuzco o Cusco según la grafía moderna, Perú) es quizá la más importante de la América colonial española, se caracteriza por su originalidad y su gran valor artístico, resultado de la confluencia de la tradición artística occidental, por un lado, y, por el otro, del afán de los pintores indios y mestizos de expresar su realidad y su visión del mundo.

Segunda mitad del siglo XIX

Tras la batalla de Caseros (1852) las variaciones del gusto son notorias. La sencillez que imperaba en la vida del patriciado porteño va siendo reemplazada poco a poco por una suntuosidad cuyo modelo se encuentra en el salón victoriano difundido desde Inglaterra. Esta influencia de la forma de vida británica incluye la incorporación de objetos de procedencias diversas (consecuencia de la expansión del imperio inglés) que comprenden piezas europeas y orientales, o bien la interpretación que hacen en la metrópoli de las formas chinas o indias. Las sillas taraceadas con nácar son una prueba de ello.

La apertura de las importaciones permite a la burguesía adinerada acceder a las novedades que se ofrecen en los catálogos de renombradas firmas francesas y británicas, a través de sus agentes locales. Además, los viajes a Europa de esas familias les permiten conocer las nuevas tendencias decorativas; y a su regreso traen consigo pinturas de artistas en boga, objetos de cristal, porcelana y metal plateado, alfombras, muebles o textiles, que se incorporan a los distintos ambientes de sus residencias.

Las corrientes migratorias contribuyen también a recargar los salones con la inclusión de las pertenencias heredadas. En las últimas décadas de la centuria, la opulencia demostrada por la clase dominante, se asemeja a la forma de vida de la aristocracia europea, cuyas viviendas incluyen numerosos salones para las diferentes actividades desarrolladas cotidianamente, como este salón de música destinado a los conciertos del selecto círculo de amistades.

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