Sala de armas

En esta muestra encontrarás una colección de armas de fuego y armas blancas.

Exhibir armas, sin advertencia previa, debería ser considerado un acto de irresponsabilidad. No exhibirlas significaría que un patético cinismo nos ciega, ya que la historia de la humanidad y su presente demuestran que la violencia entre los hombres no ha disminuido; al contrario: se ha sofisticado. Debe quedar claro no obstante, que lo que aquí mostramos (aunque por el hecho de estar detrás de un vidrio nos parezca inocente, aunque su antigüe- dad le otorgue un halo inofensivo, hasta estéticamente bello en cuanto a su diseño) fue fabricado con el objetivo de matar, de producir la muerte.

Señala el antropólogo y filósofo Edgar Morin que: "a partir de Neardenthal se multiplican no sólo los asesinatos, sino las matanzas y carnicerías. Se puede suponer que el crecimiento demográfico de la especie, al multiplicar los contactos entre los individuos y, por consiguiente, los conflictos y rivalidades entre grupos, multiplica las ocasiones conflictivas, los combates. Por otra, parte la caza ha dado origen a las armas que permiten matar y guerrear (...) La violencia, circunscripta entre los anima- les a la defensa y a la depredación en busca de subsistencia, se desborda en el hombre más allá de sus necesidades (...) Los nómades roban y despojan a los agricultores. Los pueblos migratorios acuden en tropel a las tierras fértiles y a las poblaciones ricas. Cada Estado posa su codiciosa mirada sobre los tesores del Estado vecino, mientras hace lo posible para salvaguardar los suyos de la codicia de los demás; da comienzo la lucha de todos contra todos, en la que cada uno es presa y depredador. La guerra es mucho más que agresión y conquista, es una supresión total de los controles del comportamiento (...) Y cuando en el juego de la vida y la muerte se enfrentan, no sólo intereses y furias, sino también el sentido de lo que es sagrado y de lo que es maldito, de lo que es justo y de lo que es verdadero, cuando los dioses combaten con los ejércitos, la lucha desencadenada llega hasta el genocidio". (El paradigmo perdido. Ensayo de bioantropología. Barcelona, Kairós, 2000).

Podemos soñar con que a partir de algún momento del futuro de la humanidad, la violencia sea solamente una excepción o un accidente. Mientras tanto, nada tenemos que decir. Solo pensar y reflexionar.

Como León Gieco en 1978
"Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente porque es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente"

Como John Lennon en 1971
"Imagina que no hay países, no es difícil hacerlo, nada por lo que matar o morir, tampoco ninguna religión. Imagina a todo el mundo viviendo su vida en paz"*

Como Charles Chaplin encarnando a Monsieur Verdoux (1947), Ahora me condenan por ser asesino. ¿No alienta el mundo a que seamos asesinos? ¿No alienta a la fabricación de armas de destrucción, con el solo propósito de asesinar? Como asesino, en comparación, soy un amateur. (....) Guerras, conflictos, son todos negocios. Un asesinato lo convierte a uno en un homicida. Millones de asesinatos lo convierten en héroe. Los números santifican.

Como Leopoldo Marechal en 1945
"¡Armaduras de sol, carros triunfales, otros dirán la guerra y sus metales! Yo he desertado y cruzo la frontera detrás de mi señora pensativa, porque, a la sombra de la verde oliva, su bandera de amor es mi bandera."

Como Odysseas Elytis (Premio Nobel 1979) en 1945
"¿Por qué?, pregunta suspirando la madre, ¿dónde está mi hijo? Y todas las madres se asombran ¿dónde está el muchacho? ¿Por qué?, pregunta el compañero, ¿dónde estará mi hermano? Y todos sus compañeros se asombran ¿dónde estará el más joven? Tocan la nieve, arde de fiebre Tocan la mano, y se congela. Van a morder el pan pero gotea sangre Miran lejos al cielo y él se ennegrece Por qué por qué por qué por qué no calentará la muerte Por qué ese pan tan amargo ¡Por qué este cielo allí donde antes moraba el sol!"

Como Antonio Machado en 1914
"¡Señor! La Guerra es mala y bárbara; la guerra odiada por las madres; las almas entristece; mientras la guerra, pasa, ¿quién sembrará la tierra? ¿quién segará la espiga que junio amarillece?"

Como Juan Bautista Alberdi en 1869
"... la guerra, es decir el derecho del homicidio, del robo, del incendio, de la devastación en la más grande escala posible; porque esto es la guerra, y si no es esto, la guerra no es la guerra. .... Lo que se da a la guerra se quita a la edu- cación, a la industria, a la civilización, a la libertad..."

O como el saber popular "a las armas las carga el diablo, y las descargan... o como..."

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