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María Luisa Bemberg: El eco de mi voz

El documental de Alejandro Maci se exhibe en el Museo del Cine acompañando nuestra muestra María Luisa Bemberg: las ideas hay que vivirlas

Jueves 30 de junio de 2022

Por Pablo De Vita

Uno de los eventos centrales relacionados con nuestra muestra dedicada a Maria Luisa Bemberg es la proyección en nuestro auditorio del documental de Alejandro Maci, que vuelve a reunirlo con el recuerdo de la directora para quien fue asistente de dirección en De eso no se habla y con la que co-escribió -junto a Jorge Goldenberg- el guión de El impostor, el proyecto que María Luisa no pudo concretar cuando el cáncer la venció a comienzos de mayo de 1995 y culminó siendo su ópera prima como realizador.

-Inevitablemente su trayectoria esta asociada, en un vínculo muy profundo y muy rico, a la de María Luisa Bemberg. ¿Cuánto de eso contribuyó para realizar esta aproximación documental y cuánto de esa relación personal modifico su objeto de estudio al realizar El eco de mi voz?

-María Luisa es alguien muy importante en mi vida porque me abrió las puertas en su momento con una generosidad, una calidez, amistad y apertura enormes. Siempre la tengo presente, después de tantos diálogos y tantos viajes, es alguien que ha quedado en mí. Pero, en los últimos años, a partir de todo lo que sucedió con esta nueva oleada respecto de la posición de la mujer en la sociedad pensé mucho en ella, en cuanto le hubiera gustado participar de estos debates. Su posición ideológica era muy fuerte pero era muy desoída, incluso por las mujeres, en su lucha por la equiparación de derechos. María Luisa era de 1922 y en los años veinte esta diferencia era mucho más grave además perteneciendo a una familia tan tradicionalista como la Bemberg, donde su padre le repetía que las mujeres tenían que ser “bonitas y virtuosas” y no recibir educación, o una que sólo acompañara a la figura masculina.

-¿Y cómo surgió el proyecto?

-Pensaba en eso, en cómo le hubiera interesado y además, que avanzada a su momento, que pionera. Le han dicho de todo, la han insultado de arriba abajo también y siempre pensé como quisiera yo hacer una trabajo sobre ella como un modo de homenajearla. Así surgió el proyecto. Luego tuve muchísimos impedimentos, como todo proyecto, porque es uno que impulsé, pensé y escribí. Hay un archivo de María Luisa que guarda la familia sobre todo lo que tuvo relación con su biblioteca y sus películas. La familia se tomó su tiempo para evaluar el proyecto y, mientras tanto fui decantando hasta que apareció Patagonik, y Juan Pablo Galli me dijo: “Yo te acompaño”. Ya había trabajado con ellos en Los que aman, odian, la relación había sido muy buena y les encantó el proyecto.

-¿Hubo impedimentos más allá de lo productivo?

-Tenía una dificultad conceptual porque, como procedimiento narrativo, quería intentar hacer hablar a María Luisa. Y que fuera su propia voz y no quienes la conocieron como se muestra de manera tan arquetípica en el cine documental. Cuando empecé seleccioné cuatro o cinco puntos nodales de María Luisa y en intervenciones puntuales de nombres fundamentales como Lita Stantic, a la que considero el ejemplo más importante porque no era su socia solamente: era también su mitad artística. Lita es la productora de todas sus películas, fuera de la última que hizo Kramer, y es quien la apoyó cuando abandonaba el cine. Pero buscando material de María Luisa me tropecé con el problema argentino de que es destrozamos toda nuestra historia, estamos obsesionados con destruirnos. Se borraron los tapes, los audios, las entrevistas no existían, los diarios tenían archivos escasos, todo esto hizo que empezara a buscar afuera. Me llevo mucho tiempo.

-¿Dónde encontró material sobre María Luisa?

-Encontré cosas perdidas en Colombia, de cuando estuvo en el Festival de Cartagena; cosas perdidas en los Estados Unidos, de una periodista que la entrevistó; cosas en España. Empecé a compilar y yo tenía algo que perdí y apreciaba muchísimo de cuando adaptaba El impostor con María Luisa, en sus últimos días, cuando estaba muy enferma. La pulsión de vida de María Luisa requería trabajar todo el tiempo, y a veces la reescritura de una escena llevaba tres días y mientras tanto no había mucho para hacer, entonces le propuse grabar nuestras conversaciones. “Después vemos para qué”, proyectando la vida para adelante que uno trata de que no se termine. Empezamos a grabar y después María Luisa falleció. Veinticinco años atrás. Yo me mude muchas veces, me separé, fui y vine y esas cintas se perdieron. Cuando empecé el documental me dije: “Hagamos el duelo, se perdieron, no tiene que ser impedimento para hacer el documental”. Y esas cosas que yo creo que hay algo más aparte de todo esto, no sé qué, pero hay algo más. Edité con Peni Carrrillo y estábamos ya en el orden de un tercio del planteamiento. Un día llego a mi casa y me encuentro arriba de mi escritorio una caja blanca que no era mía, la abro y me encuentro con todas esas cintas. Luego hablé por teléfono con mi mujer, que es médica, y me dice: “Ah, te dejé arriba de tu escritorio una caja que estaba en el mío y que para mí es tuya porque mía no es”. Ya estaba en otro matrimonio, habían pasado veinticinco años, y ella ni sabía que era y tampoco le había contado nada y ni que las había perdido. Las mande a procesar, porque eran de un mini-grabador, y las cintas existían. Me golpeó mucho escucharnos en su living. Es extraño todo porque pienso ¿Cómo llegaron a mí esas cintas? No soy del tipo de personas que dice: “Somos seres mágicos”, pero sì creo que hay aspectos energéticos de los proyectos que a veces hacen algo que se mueve. El cine es tan demandante de vida que algo se mueve. El cine es tan grupal pero somos varios que queremos lo mismo y ese deseo suma energías. La caja apareció arriba de mi escritorio gracias a Vanina, así se llama mi mujer, sin saber ella que yo la había perdido y que tenía algo valioso para este proyecto. Eso me modificó, y modificó con Peni el criterio narrativo, porque empecé a encontrar una mirada retrospectiva a la obra por alguien que estaba a diez días de morirse…. es muy emocionante contarlo.

- Sin dudas. ¿Encontró gracias al documental algún elemento que en vida de María Luisa y en su vínculo personal desconociera?

-Si. Cuando a María Luisa todo le dijo que no. Cuando en el Instituto de Cine, previo a Alfonsín, le prohibieron las dos películas y le devolvieron los guiones. A María Luisa le iba a producir la película Tita Tamames y leyó el libro de Momentos y le dijo: “El libro es muy malo, no te lo voy a producir”. No quiero hacer spoiler de la película pero ella, desesperada, conoce a Lita y va a verla. Lita Stantic era socia de Alejandro Doria y tenían juntos una productora. Lita se conmovió con todo y cuando le dijo: “si no la hago con vos no la voy a hacer”, le propuso a Doria producir la película y él le dijo que no. Y Lita se va.

"María Luisa era una directora, tomaba sus elecciones, corría sus riesgos, hacía sus apuestas, todo lo que uno pueda querer decir sobre mirar, para poner en escena, pero sin una expansividad psicopática, digamos, no era autócrata”

- Bueno es famosa la anécdota de cuando estaban los preparativos del rodaje y alguien de la industria dijo: “Es una señora que tiene dinero, que se entretenga”.

-Exactamente. No era un hobbie, era una cineasta. También es cierto que Lita lo supo ver dado que hoy es fácil hablar con el diario del lunes, pero ella supo ver y apostar por eso.

- Como pregunta inversa, ¿el documental cambió su vínculo con María Luisa?

-Y además poder verla globalmente. Porque una cosa es conocer a una persona y otra hacerte cargo del relato de su vida. Narrar. No deja de ser una ficción, es una mirada. María Luisa dirigió su primera película casi a los sesenta porque yo te conté los obstáculos del cine pero no los de la vida, que eran muy anteriores, décadas, a los del cine. Entonces pienso que interesante es la vida, para todos, no sólo la de María Luisa, porque todos estamos plagados de obstáculos y ni que decir de los que nacemos en estas costas donde todo es cuesta arriba. Que interesante como uno puede reinventarse y una persona de sesenta años se haya reinventando. Es existencialmente interesante.

-¿En el set como era el vínculo con María Luisa? ¿Qué quedó como fundamental enseñanza?

-Tenía un modo muy introspectivo y muy reflexivo. María Luisa tenía una manera muy buena de llevar al set, muy concentrada, muy humilde. El mito del director de cine no se daba en María Luisa. Era una directora, tomaba sus elecciones, corría sus riesgos, hacía sus apuestas respecto de lo que se pueda decir de mirar para poner en escena pero sin una expansividad psicopática. No era autócrata. Por eso se enamoró tanto de alguien como Félix “Chango” Monti, porque el “Chango” es así, querido maestro y querido amigo. Es un maestro distinto, del cine de toda la vida, pero también introspectivo, habla bajito, no te voy a presentar al “Chango”, pero también es de alta concentración. Me encanta trabajar con el “Chango”, pensar Santa Evita de Tomás Eloy Martínez, con él es algo que llevaré toda mi vida también como algo muy rico, muy atractivo y que además tiene toda la juventud del Chango. Lo quiero mucho y lo admiro mucho. María Luisa se pegaba a gente de ese tipo. Además en ella hay una cuestión que no podemos dejar de soslayo que es altamente ideológica porque encontraba la manera de divulgar en el cine un pensamiento muy ideologizado sobre la mujer. La primera película con un guión suyo la dirige Raúl de la Torre y la segunda Fernando Ayala y le disgustaron profundamente las lecturas de sus libros por parte de esos dos directores. En buena medida, su llegada al cine se debe a eso porque un director esta leyendo una cosa distinta a lo que ella estaba diciendo. El acercamiento al cine sucede porque otros directores dirigían sus libros y ella así conoce la cocina del cine, y se enamora del cine, enloquece.

¿Cúal es el mejor recuerdo compartido de María Luisa?

Un gran momento para mi vida con María Luisa no sucedió en el set sino en su casa cuando un día, luego de trabajar años juntos primero y luego adaptando El impostor de Silvina Ocampo, se agrava su salud y me dice: “No veo que ni la quimio, ni nada este funcionando, esto no va, esto no va. Con vos hablamos toda esta película, con vos pensamos por qué cada cosa. Yo no la voy a poder dirigir, no hay nadie más que vos que pueda dirigir esta película. Si yo no la dirijo quiero que la dirijas vos”. Menos de una semana después falleció. No es sólo por su generosidad sino también por su voto de confianza que fue fundamental. Esa conversación no la olvidaré nunca porque puso en marcha algo de mi vida que no volvió a ser como antes.

el autor es crítico cinematográfico, profesor universitario y periodista cultural e integra el Museo del Cine “Pablo C. Ducrós Hicken”

Proyecciones en el marco de nuestra exposición "María Luisa Bemberg: las ideas hay que vivirlas":

Sábado 2
16.00: "María Luisa Bemberg: el eco de mi voz"
18.00: "Momentos" (Maria Luisa Bemberg, 1981)
Sabado 9
16.00: "María Luisa Bemberg: el eco de mi voz" función especial con la presencia del director
18.00: "Camila" (Maria Luisa Bemberg, 1984)

Proyecciones incluidas con la entrada al Museo

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