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En la actualidad, los Chané habitan en la provincia de Salta, mantienen su identidad y producción artesanal

El Censo Nacional de Población de 2010 en Argentina reveló la existencia de 3.034 personas que se auto reconocieron como Chanés en todo el país, 1.862 viven en la provincia de Salta.

En la actualidad, los Chanés habitan en Tuyunti, Ikira, Algarrobal, Campo Durán (todas ubicadas en el departamento San Martín, provincia de Salta). Hay también familias asentadas en comunidades y pueblos como Capiazuti, Coronel Cornejo y en los barrios de Orán y San Pedro. Algunos han emigrado y viven dispersos en los cinturones de las grandes ciudades.

Son agricultores de maíz, zapallo y porotos; pocos pueden vivir de la tierra, porque no la tienen. Subsisten por sus trabajos en los ingenios azucareros, obrajes, aserraderos, YPF o a través de empresas tercerizadas y, realizando trabajos en los municipios. Son cosecheros golondrinas: desde la zafra del norte migran a la vendimia cuyana, llegando a las provincias de Río Negro y Neuquén para la cosecha de la manzana.

Campo Durán constituye hoy día el principal centro productor de artesanías chané, en particular máscaras de madera y piezas de cerámica destinadas fundamentalmente a la comercialización. Mantienen su identidad y patrimonio cultural. Hoy, algunos efectúan convites con kâwi (chicha) y celebran el ritual del arete ( “la verdadera fiesta”), un ritual agrario y cazador que a veces coincide con los días de carnaval, creen en su I`payé (curandero) .

Muchos de ellos hablan su lengua, una variación dialectal del guaraní. Misiones franciscanas han suplido algunas necesidades como construcción de viviendas, escuelas y agua potable. A la vez, han impuesto su religión y cultura, muchas veces negándoles y prohibiendo la propia. Desde 1987 hay educación bilingüe en las escuelas.

Las máscaras que antes se usaban para el arete y luego se destruían, ahora se comercializan y eso suma a su subsistencia. Promocionan sus obras por su propia cuenta asistiendo a ferias, mercados y eventos; también, a través de programas públicos especializados en promover sus artesanías o en apoyar a los pueblos originarios. Hay algunas organizaciones sin fines de lucro y fundaciones que colaboran en proyectos específicos. Algunas de estas relaciones resultan provechosas y son respetuosas del precio justo y de sus pautas culturales pero, en otros casos, son revendedores, que se aprovechan de su talento y necesidades como sucede con muchas otras artesanías del país, pagándoles un precio mucho menor al que luego se les asigna para vender en el mercado, y que les permite apenas la supervivencia.

Como otros pueblos originarios, continúan luchando por sus tierras, una zona cercada por ríos y selva donde yacen sus ancestros y que reúne todo su acervo material e inmaterial. Muchos habitan en tierras fiscales (Campo Durán, Ikira y El Algarrobal), la situación de Tuyunti es distinta. Es pertinente nombrar la ley 26160 de relevamiento territorial de comunidades indígenas que fue sancionada en 2006, por un plazo de vigencia de 4 años. La misma fue prorrogada en tres oportunidades, la última fue en 2017 y se realizó mediante la Ley 27.400. Pese a la antigüedad que tiene esta ley, gran parte de sus medidas todavía no se han efectivizado. Sin embargo aún no están definitivamente asignadas a quienes fueran sus más remotos dueños, y continúan insistiendo en que se respeten sus derechos: la posesión de la tierra también permite perpetuar este saber hacer, tan original y portador, además, de difundir un mensaje de respeto de la naturaleza.

“Hace tiempo sufrimos los problemas que acarrea el desmonte, que hacen particulares o empresas. Botan todo a su paso, transformando nuestro ecosistema. Nosotros caminamos muchos kilómetros por semana para elegir partes de árboles en las que podamos trabajar sin dañarlos y duele mucho ver cómo, en la destrucción que ocasiona el desmonte, se matan otras especies y se destruyen nidos y hogares de todo tipo de animales. Este bebé de lechuza, por ejemplo –cuenta uno de los artesanos mostrando una máscara–, lo hice al descubrirlo en el campo, llorando, sin su madre. La construí y pinté para conservar su espíritu”, dice René Castro en una entrevista al diario Página 12.

Bernabé Díaz, Ricardo Saravia, Rene Castro, Martín Segundo, Oscar Molina, Emilio Ovando, Juan José López, Mateo López, Leonardo Saravia, Genaro López y José Acosta son algunos de los maestros mascareros de los parajes de Campo Durán, Iquira y Tuyunti, que han aprendido a confeccionar máscaras desde muy temprana edad y hoy enseñan el oficio a las nuevas generaciones, transmitiendo la cultura e identidad de su pueblo.

Los mascareros fueron distinguidos en 2019 con el Premio a la Trayectoria Artística por el Fondo Nacional de las Artes en la disciplina Artesanías.