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A campo abierto o en el corral

Torcido o trenzado el lazo es indispensables para los paisanos.

Martes 13 de agosto de 2019

Orígenes del lazo

En el libro La cuna del Gaucho Don Martiniano Leguizamón confiesa que Don José Torres Revello, revelole alguna vez la narración atribuida al P. Ocaña según la cual en el año 1601, había observado en las campiñas santafesinas, escenas nativas donde el lazo aparecía en su uso y contextura, como alguien hablara con anterioridad pero, sin la pertinente documentación que así lo confirma. Por lo tanto y conforme a la relación aquella, el lazo primitivo comenzó siendo una soga atada fuertemente al extremo de una caña. Esta soga bien podía ser de cuero o bien confeccionada con manojos de cerdas, pero teniendo siempre un ojal para poderse deslizar sobre el cabo y cerrar la lazada. Este aparato era empleado por habilísimos jinetes montados en pelo y ayudados a sostenerse sobre el caballo, por una especie de cinchón que, pasándole por el pecho les ofrecía un asidero fácil en caso de que la situación así se lo exigiese. (…) La aparición de la argolla metálica, transformó este peligroso, difícil y hasta cierto punto molesto aparato de caza, dando nacimiento al lazo retorcido, comúnmente llamado en la zona bonaerense “lazo chileno”. Dicha argolla de hierro, grande y pesada, deslizándose sobre la cuerda con extrema facilidad, suprimió el mango de caña. La cuerda misma cobró en manos expertas sensibilidad de aguzado nervio. Más tarde y con sabido consejo de la experiencia consumada y la provisión del recado por nuestro hombre de campo, se le dio al lazo mayor resistencia intrínseca. Al simple tiento retorcido con la encarnadura hacia adentro, se le agregaron uno o dos tientos más. Un par de brazadas antes de llegar a la argolla, fue reforzado con la “Yapa”, es decir, un elemento o dos más para aumentar en peso al extremo que se arroja, y darle, por otra parte, mayor resistencia en el lugar en que la argolla quema al ceñirse el lazo. Además en el extremo opuesto al de la argolla se le agregó la presilla para prenderla de la asidera [argolla] de la cincha, y poder así ofrecer con el total la resistencia máxima con la ayuda directa de la cabalgadura. Ya se había llegado con esto a los llamados torzales. Y, más tarde aún, amparados en la prolijidad autóctona en la mayoría de los nativos para las prendas del caballo, se llegó a la concepción del lazo trenzado. Bastaba reunir sistemáticamente cuatro, seis u ocho tientos, escondiendo prodigiosamente las puntas de los elementos utilizados, para construir la perfecta pieza de un lazo empleado como un lujo en nuestra campaña actual. (p. 9 a 11)

Sauvidet, Tito. Vocabulario y refranero criollo. Buenos Aires: Kraft, 1952. 421 p.

Te invitamos a visitar la muestra En crudo | Cuero, tradición y diseño. Lunes, miércoles, jueves y viernes de 13 a 19 h. Sábados, domingos y feriados de 10 a 20 h. Martes cerrado. Termina el 14 de octubre de 2019. MAP Museo de Arte Popular José Hernández. Av. del Libertador 2373. Ciudad de Buenos Aires.

Las fotografías corresponden a un lazo trenzado de ocho tientos de la colección criolla de don Carlos G Daws (1870 -1947) que desde 1949 forman parte del patrimonio del MAP José Hernández. La última imagen corresponde a la misma pieza luego del tratamiento de restauración realizado por Rubén Romero, Lucía Aravena y Arialdo Giménez del MAP efectuado bajo la dirección de Segundo Deferrari, el curador de la muestra.

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