Cocina

Foto: Archivo MIFB

Con excepción de México, que contó con permiso especial de la corona para el desarrollo de sus artesanías en barro, produciendo ese fenómeno excepcional que significa la cerámica poblana, el resto del continente se vio obligado al consumo de las cerámicas o lozas españolas. Es significativo si pensamos que los españoles no descartaron el conocimiento de tejedores, orfebres, pintores o escultores indígenas, y de una manera u otra los incorporaron a la producción de sus artes coloniales.

Pero en el caso de la alfarería, el conocimiento preexistente se vio relegado a la producción de elementos básicos en barro sin decoración, de uso común, y no a objetos de lujo, los que fueron de plata.

La cerámica que entonces llegó a América, sorteando costos, naufragios, roturas y piratas, fue indefectiblemente española, como forma de protección a los grandes centros de producción alfarera peninsulares.