La educación patriótica

Colecciones de platería, porcelana y pinturas costumbristas (1885 y 1920) que dan cuenta del discurso épico criollista de las clases dirigentes de la época.

La educación patriótica

Cuando en 1872 José Hernández publicó su Martín Fierro, transformó al gaucho desheredado y marginal en el epítome del ser nacional. Orden y progreso, civilización o barbarie fueron consignas del grupo de poder que encaró la construcción de una nación moderna y la cristalización de su identidad.

El vasto patrimonio recolectado por Isaac Fernández Blanco entre 1885 y 1921 atendía esos postulados, asentados sobre las bases de un discurso épico-criollista. La educación formal, los museos y las colecciones privadas jugaron un papel preponderante al ilustrar el discurso patriótico del proceso civilizador.

Fernández Blanco alentó a las nuevas generaciones de artistas nacionales que abordaron una temática costumbrista cercana al ideario identitario argentino. Eligió a Della Valle, Giudici y Sívori, entre otros, en tanto registro ideal de la pampa y sus habitantes y descartó de ellos cualquier atisbo de modernidad.

Su otro foco de interés fue la platería que, vaciada de su carácter utilitario, pasó a ser un referente del mundo rural del que provenía la riqueza de la clase dirigente a la que pertenecía.


Mate que perteneció a Fernández Blanco, realizado por el platero catalán José Pallarols.

Con la inmigración llegaron plateros catalanes, italianos y portugueses que se insertaron rápidamente en el mercado, imponiendo estilos dominantes en Europa.

Los aplicaron en objetos de consumo tradicionales, como mates, cafeteras, pavas y, particularmente, en facones, cuchillos, estribos y otros objetos vinculados con la actividad ganadera.

Ya no existieron dependencias de estilos sino un nuevo crisol de tendencias y formulaciones estéticas.

Al coleccionar estas producciones, Fernández Blanco lo hizo convencido de haber contribuido a la formación de una cultura nacional.

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