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La Donación León Ferrari

Exposición Temporaria en la Sala 1º piso. Cierre: 9 de agosto.

La exposición da a conocer el valioso conjunto de 72 dibujos que la familia del gran artista argentino donó al Museo. En la exposición, la donación dialoga con un importante conjunto de obras que pasarán en comodato al Museo y préstamos de la familia Ferrari.
En el marco de la muestra se realizará el homenaje a León Ferrari. Ideas, voces y creación.

La donación Ferrari, de enorme relevancia por su valor histórico y estético, otorga la posibilidad al Museo de Arte Moderno de representar la multifacética producción e ideas de León Ferrari, nacido en Buenos Aires en 1920 y fallecido el año pasado. Así, el Museo tiene el honor de ser testigo de uno de los grandes momentos de su historia al recibir en donación un invaluable conjunto de obras del artista generosamente cedido por la familia Ferrari.

Una gran donación es un hito, un momento de expansión del corazón de un patrimonio cultural, y, como tal, abre miles de posibilidades para la realización de investigaciones, exposiciones y programas, lo que permite mantener viva y visible la obra de los grandes artistas que la integran. A cincuenta y ocho años de su fundación, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires tiene el gran honor de recibir en donación un invaluable conjunto de 72 dibujos de León Ferrari, cedidos desinteresadamente por Alicia Ferrari, sus hijos y sus nietos. La donación está integrada por obras a lápiz, tintas, acuarelas, xerografías y collages que incluyen brailles, reproducciones de obras de la historia del arte y noticias periodísticas.Son 72 obras realizadas entre 1964 y 2009, que siguen la producción del artista a través de sus diversos intereses a lo largo de su larga y prolífica vida, durante la cual siempre respondió a la realidad socio-política y artístico-cultural que lo rodeaba.

El enorme gesto de generosidad de la familia Ferrari permite incorporar al patrimonio del Museo un verdadero tesoro que, de otro modo, jamás podría haber adquirido, dada la fundamental importancia del gran artista y el altísimo valor de su obra en el mercado del arte actual. Para honrar esta significativa donación, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires emprende una serie de acciones celebratorias y asume compromisos a futuro. La primera de estas acciones consiste en una gran exposición del artista, que permite exhibir la donación junto a otros tres conjuntos de obras de su autoría: una selección de piezas del patrimonio del Museo, un pequeño conjunto de dibujos que la Fundación Augusto y León Ferrari presta para esta exhibición y un importante conjunto de pinturas y esculturas que el Museo recibe en comodato (préstamo prolongado) por cinco años. La segunda es el inicio de una serie de publicaciones facsimilares de libros concebidos y diseñados por Ferrari, que tuvieron escasa circulación en vida del artista. La tercera es el comienzo de un importante proceso de investigación, cuyo objetivo final es la publicación, dentro de un lapso máximo de cinco años, del primer catálogo razonado de dibujos del artista. Iniciamos así un importante proceso de colaboración entre el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y la Fundación Augusto y León Ferrari.

La donación León Ferrari pasa a integrar la historia de donaciones fundantes al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Una historia signada por la generosidad de los donantes, cuyos aportes jerarquizaron no solo la colección del Museo, sino también su patrimonio edilicio. Desde donaciones únicas hasta los más grandes aportes que transformaron radicalmente la institución, el listado exhaustivo de donaciones al Museo de Arte Moderno se ha venido complementando, a lo largo de toda su historia, con un importante programa de adquisiciones que los diversos directores, a través de los más variados gobiernos, han sabido gerenciar para permitir que el patrimonio del Museo albergue, a futuro, la gran historia del arte moderno y contemporáneo en la Argentina. Entre las donaciones históricas, debemos mencionar la de Luis Seoane, quien en 1971 dona 200 estampas que integran su primera exposición en el Museo. El mismo año, en el marco de la exposición Afiches polacos, la Embajada de Polonia en la Argentina dona la totalidad de la exhibición, compuesta por 68 afiches. Años más tarde, Ján Jurista, embajador de Polonia, realiza una segunda donación, esta vez de 30 grabados. En 1980, Yente (Eugenia Crenovich) cede en donación 20 obras de su marido Juan del Prete. En 1981, Josefina Pirovano de Mihura dona 55 obras de artistas de vanguardia nacionales e internacionales de la Colección de su hermano Dr. Ignacio Pirovano. Al año siguiente, cede en donación otras 5 obras. Hacia 1987, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dona al Museo de Arte Moderno el predio de la antigua fábrica Nobleza Piccardo para la construcción de su sede definitiva. Dos años más tarde, Santiago Sánchez Elía, el entonces presidente de la Asociación Amigos del Museo de Arte Moderno (AAMAM), dona, a través de su estudio de arquitectura, el primer diseño proyectual del museo y la realización de la obra, la cual se lleva a cabo con el aporte fundamental de María Luisa Bemberg y los Miembros Constructores de la institución.
Años más tarde, en 1997, el arquitecto Emilio Ambasz dona el proyecto para la ampliación del Museo de Arte Moderno. En 1999, el Museo recibe de Pedro Otero su serie “La fotografía y la música”, y Gian Paolo Minelli dona 30 obras de diversos fotógrafos argentinos. En 2000, el gran escultor Alberto Heredia deja, como legado al Museo, su propia casa y un conjunto paradigmático de 750 obras emblemáticas. En 2001 y los años subsiguientes, Ricardo Blanco dona una colección de diseño industrial y diseño gráfico argentino. En estas colecciones de diseño, se destacan, también, los importantes aportes de Ronald Shakespear, Edgardo Giménez, Tomás Gonda, Oscar Smoje y Luis Wells. Antonio Seguí realiza una primera donación de 300 estampas de su autoría, que en 2011 completa con una segunda donación de 200 estampas, conformando la mayor colección del artista en un museo. Entre 2008 y 2009, Liliana Porter dona 18 obras. Éstas y todas las donaciones de artistas, coleccionistas, fundaciones y apasionados del arte que se sucedieron a lo largo de la historia del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires hicieron posible, junto con su programa de adquisiciones, la construcción de un acervo de 11.000 obras de arte tanto argentinas como internacionales, entre las cuales se encuentra una de las colecciones de arte argentino moderno y contemporáneo más importantes del país.

Todas las donaciones al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires tienen la importante particularidad de sobrevivirnos para siempre. Sobreviven tanto a los donantes como a los diversos funcionarios del Museo: sus equipos, directores y autoridades de gobierno. Cada donación, por ley, ingresa al patrimonio cultural del Museo de Arte Moderno y no puede ser desafectada bajo ninguna circunstancia. Las donaciones son cuidadosamente elegidas por el equipo curatorial y de patrimonio del Museo de Arte Moderno y permiten enriquecer los muy diversos relatos que componen la historia del arte local para facilitar el estudio de las grandes obras que la integran.

Con la donación León Ferrari, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires asume el compromiso de estudiar, cuidar y difundir la obra del gran artista argentino, con la convicción de que es necesario mantener viva su memoria en nuestro tiempo y en las generaciones por venir.

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León Ferrari, el gran inventor de signos plásticos y críticos

Sobre los dibujos que componen la donación

Cuando León Ferrari vivía, teníamos la sensación de que era eterno. Un eterno joven, un eterno provocador, un eterno cuestionador de todas las categorías y de todos los posibles mecanismos de poder establecidos. Un eterno irreverente, siempre disconforme y siempre exclamando claramente su posición ante el arte y ante el mundo, y también un eterno explorador, que buscaba constantemente nuevos caminos para dar forma a sus ideas. León cruzaba fronteras y límites con la calma, la mirada crítica y la picardía de un verdadero pionero. Como tal, sus búsquedas se manifestaron en un sinfín de formatos: desde los más tradicionales, como el dibujo y la escultura, hasta los más radicales y experimentales.

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires tiene el honor de recibir la generosa donación de la familia Ferrari de setenta y dos obras sobre papel creadas por León entre 1964 y 2009. La donación incluye una importante selección de dibujos a lápiz y a acrílico, así como tintas, pasteles, acuarelas, collages y reproducciones intervenidas. En total, conforman un significativo conjunto que representa la producción de León a través de sus diversos intereses y su constante exploración del dibujo –entendido como obra única sobre papel-, al cual volvía una y otra vez para crear obras de gran sensibilidad e impacto que, a lo largo de su prolífica y larga vida, respondieron a la realidad socio-política y artístico-cultural que lo rodeaba. La exposición La donación León Ferrari celebra la llegada de estas obras al Museo. En la muestra, la donación entra en diálogo con obras del artista pertenecientes al patrimonio del Museo, con un importante conjunto de pinturas y esculturas que la familia Ferrari entrega al Museo en comodato por cinco años y con una precisa selección de otras obras sobre papel que también han prestado para esta ocasión.

Cuadros escritos y abstracciones políticas

Entre las obras más tempranas de Ferrari que integran esta donación, se destacan las que exploran las posibilidades del dibujo como escritura, entre las cuales recibimos La cugujada (1964), un dibujo escrito que forma parte de una amplia serie en la cual León inventa caligrafías contorneadas plenas de sarcasmo y de humor. Con ellas, Ferrari establece nuevas posibilidades tanto para el arte como para la escritura. Para el arte, porque crea la posibilidad de un dibujo o cuadro escrito –como se tituló la obra más paradigmática de esta serie y el libro de artista al que dio lugar— que, lejos del conceptualismo ascético que luego se instauraría en los grandes centros artísticos, establece la posibilidad de un conceptualismo crítico imbuido de un expresionismo irreverente, una subjetividad antiacadémica y un confesionalismo excesivo. Para la escritura, porque la hace estallar, la adorna, la estira, la condensa y la redibuja hasta una incomprensión que es en sí misma plenamente comunicativa. La cugujada es un ejemplo de la capacidad de León para sacar a un texto de su lugar de obvia inteligibilidad y reconvertirlo, mediante el uso de palabras que elige por su sonido y su rareza, en ritmo y voz. Más allá de que el texto parezca seguir una estructura sintáctica reconocible, evidenciar una voluntad de construir discurso, su lectura enreda al lector.

Las tintas sobre papel de estos años ya evidencian su crítica a los sistemas de poder político y religioso que caracterizará su praxis hasta el final de su vida. La donación incluye una tinta abstracta de 1964 que es claro ejemplo del significado que podían encarnar estas obras. La obra forma parte de una producción muy amplia de dibujos a la que podríamos referirnos como “abstracciones políticas” y que proponen imágenes de muy diversa índole, ya sean espacios enrejados que el artista alguna vez describió en sus anotaciones como “cárceles para generales”, o bien líneas anudadas o enmadejadas que gradualmente se van desatando y ordenando, proponiendo ritmos cercanos a los de la escritura, pero sin alcanzarla. La verdadera escritura parece imposibilitada, como si en la lucha por expresarse, el trazo sólo lograra líneas rectas y agudas que evocan conflicto, encierro y tensión.

Estos gestos se materializan también desde 1961 en esculturas de alambre, acero y otros metales que construyen espacios agobiantes, algunos de los cuales evocan jaulas, unas más y otras menos densas. De esta serie es Hombre, de 1962, adquirida entonces por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y que acompaña los dibujos de esta exhibición. De líneas rectas, esta obra es uno de los más importantes ejemplos de estos “poliedros metálicos”, tal como los describe la crítica de entonces: delicados y laberínticos dibujos de alambre en el vacío que envuelven la luz y la devuelven en un estallido de sombras enmarañadas, a la vez musicales y punzantes; esculturas a las que el propio Ferrari, años más tarde, se refiere como “fríos paralelepípedos simples por fuera como los cantos de un papel y libres por dentro” 1.

La donación incluye, asimismo, varios dibujos fechados entre 1976 y 1979, período en el cual Ferrari retoma el dibujo después de varios años en los que el clima político nacional e internacional lo había llevado a producir, principalmente, un arte de denuncia más explícita que encontró forma en collages, objetos y textos. Estos dibujos retoman su línea de expresión más abstracta en diálogo con la escritura. El fantástico dibujo cedido al museo Sin título, de 1976, forma parte de este grupo. En él, líneas rojas y vibrantes de pastel a cera dan forma a renglones en los que la línea se contornea, sufre, estalla, se tensiona, se encierra y se escapa, acompañada por líneas de grafito que la siguen cual eco y expanden y mapean el territorio de significación. Acompañan a este dibujo dos pasteles monocromos de 1976 y 1977 en los cuales la escritura continúa ilegible. Abriendo otras posibilidades, se incluyen en la donación dos dibujos a tinta de finísimas líneas rectas y enrejadas de 1977 y 1978. En el primero, de mayor tamaño, los conjuntos de líneas paralelas se entrecruzan formando espacios tensos.Recuerdan a los primeros dibujos de León, aquellos de 1961, 1962 y 1963 de espacios enmarañados, todavía caóticos, y a las esculturas abstractas del mismo período, ya mencionadas. Tanto estos dibujos como las esculturas de alambre establecen, asimismo, un fuerte diálogo con la música, un interés que el artista desarrollará a lo largo de su vida. Mientras los primeros podrían también leerse como composiciones musicales, las segundas abrieron el paso a los instrumentos musicales propiamente dichos, que Ferrari comienza a construir a partir de los años 80 y algunos de los cuales son hoy acogidos en comodato por el Museo. Este cruce entre escritura y música se evidencia, entre otras piezas, en la xerografía donada Música (1980), en la que una sucesión de líneas cortas y curvas, como pestañas, se ordenan rítmicamente en nueve renglones. El espesor o delicadeza del trazo, su dirección y la manera en que se agrupan o separan sugieren desde el papel una intensa sonoridad. El diálogo con la escritura no se agotará allí, ni jamás. En 1979, a la par que el artista inventa códigos semánticos, crea trabajos como la tinta Sin título, de 1979 (también donación): un dibujo en el que una infinitud de finos paréntesis o comas crean una densa y sensual trama sobre el papel al que Ferrari llamó “ese marco anónimo humilde y callado que se retira y esconde para que el contenido quede desnudo y visible como una mujer sin camisón en el cuadrilátero de la cama”2.

En otro pequeño dibujo de 1991 de la donación, perteneciente a la serie Errores —que Ferrari comienza ese año y describe como “la suma de los infinitos perseverantes errores que comete la pluma al acariciar el papel”—, el artista repite, al infinito, el dibujo de una curva que, trazada a pulso, a la vez busca y pierde perfección. El dibujo está cargado de subjetividad: “Era, pienso, la línea pura serpenteando libre pero sin serlo”, escribió, “libre sólo para equivocarse, sinuosa sobre el papel”3. Dos de susgrandes Errores, de 1991, realizados sobre paneles de alto impacto, son exhibidos como parte del conjunto de obras que integran el comodato, al igual que una importante serie de pinturas escritas que completa el panorama de sus caligrafías.

Heliografías

En 1979, León comienza a realizar dibujos a los que incorpora calcos de Letraset para planos arquitectónicos representando hombres, inodoros, camas o puertas. Estos dibujos darán lugar a sus libros Homens (1984) e Imagens (1989) y ponen en marcha un recurso que se vuelve fundamental en la serie de Heliografías que comienza en 1980: grandes planos heliográficos que describen una sociedad en la cual el hombre se encuentra despersonalizado. El uso de los calcos le permite a Ferrari sistematizar la representación de la figura humana que, multiplicada en su uniformidad, parecen querer vivir bajo las reglas de un sistema de poder anónimo. Una de las tintas originales de esta serie, de 1981, integra la donación Ferrari y sirve como puntapié para la exhibición de algunas de las veintisiete Heliografías que integran desde 2003 el patrimonio del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. De medidas varias —hasta alcanzar un tamaño de uno por casi tres metros—, estos planos, que León describe como “arquitecturas de la locura”, representan un contrapunto importante con el carácter caligráfico de su trabajo previo al plantearse como resultado de un proceso mecánico e industrial. Sobre el papel, infinidad de hombres no dejan de serpentear, de alinearse y de perderse como la línea lo hace en sus dibujos previos. El abigarramiento, el enredo, la repetición y el carácter frondoso de todo el trabajo de Ferrari siguen siendo un elemento fundamental.

Ferrari, Centro Cultural Recoleta, 30 de noviembre de 2004 al 27 de febrero de 2005.Por otro lado, es importante destacar que las Heliografías eran reproducidas en ediciones infinitas que León enviaba por correo, con lo que dejaba en claro su interés en la no comercialización de su obra y en distribuir sus ideas lo más ampliamente posible. La reproducción mecánica —que será clave también para la creación de sus collages y la producción de sus numerosos libros de artista— se vuelve una herramienta más para manifestar su crítica al arte elitista.

Collages y brailles. Violencia y religión

De manera paralela a su incesante investigación sobre la línea y su capacidad comunicativa, desde mediados de los años 60 Ferrari se embarca en una enciclopédica investigación que “cuestiona la relación entre la violencia de occidente y la de su religión, su sexofobia, la represión en nuestras dictaduras, el antisemitismo, la discriminación a los homosexuales, a las mujeres, el aborto, el SIDA, etc., la tortura como una expresión de la cultura occidental en los Infiernos de Miguel Ángel, el Giotto, Fra Angelico, y la barbarie de la tortura contemporánea”4. Su crítica a la civilización occidental, que había comenzado a manifestarse en sus primeros dibujos escritos, se plasma desde 1964 en collages y objetos en los que el artista cuestiona los discursos oficiales de los sistemas de poder político y religioso y los contrastaba con imágenes que representan los horrores que esos discursos justificaron. Se trata de una praxis que genera escándalo y que encuentra una de sus más claras expresiones en su gran obra La civilización occidental y cristiana (1965): creada para el Premio Di Tella en declarada crítica a la guerra de Vietnam. Esta pieza de dos metros de altura en la que un Cristo de santería, cuelga crucificado sobre la reproducción de un bombardero norteamericano, es censurada. Las cajas collages que acompañan su presentación en el Di Tella son criticadas por un cronista de La Prensa, a quien León responde públicamente mediante su célebre texto “La respuesta del artista”. En él, Ferrari expresa que sus trabajos parten de su necesidad de denuncia: “nuestra civilización está alcanzando el más refinado grado de barbarie que registra la historia”. Y explica: Ignoro el valor formal de estas piezas. Lo único que le pido al arte es que me ayude a decir lo que pienso con la mayor claridad posible, a inventar los signos plásticos y críticos que me permitan con la mayor eficiencia condenar la barbarie de Occidente; es posible que alguien me demuestre que esto no es arte; no tendría ningún problema, no cambiaría de camino, me limitaría a cambiarle de nombre: tacharía arte y lo llamaría política, crítica corrosiva, cualquier cosa 5. Una gran parte de su trabajo estará entonces dedicado a denunciar la violencia que Ferrari encuentra justificada en las Sagradas Escrituras en un sinfín de fragmentos que compila y que pone en diálogo —mediante el uso ya sea de imágenes históricas que los representan o de las citas mismas— con horrores contemporáneos. Estos horrores se presumen como consecuencia de la crueldad plasmada en incontables amenazas al pecador: “Si no oyeres la voz de Jehová, tu Dios, Jehová te herirá de tisis, y de fiebre, y de ardor, y de calamidad” (Dt 28:15-19, 22, 27 y 61), cita Ferrari, que argumentó: “Cualquier explosión mundial es nada comparada con el Diluvio. A partir de 1983, retoma su crítica en una serie de collages, la mayor parte de los cuales están agrupados bajo el título Relectura de la Biblia, que yuxtaponen imágenes religiosas con estampas eróticas orientales, con símbolos que identificamos con la guerra o con imágenes de la prensa que dan cuenta de la barbarie contemporánea. En relación con esta investigación, exhibimos la obra en comodato Juicio Final (1994), uno de varios trabajos realizados por Ferrari que consisten en reproducciones del Juicio Final de Miguel Ángel sobre las que defecaron palomas. Expresa así su rechazo al “destino aterrador que nos gritan de la cruz”, este juicio que, según Ferrari, “cantado, pintado, tallado y grabado por los grandes de Occidente, es una síntesis y una inagotable enciclopedia del dolor que las justicias cristianas administran”6.

La actual donación incluye ocho collages producidos entre 1986 y 1987 de la serie Relectura de la Biblia y once trabajos realizados a partir de recortes periodísticos. La construcción de estas obras sigue valiéndose de estrategias de montaje que consisten en yuxtaponer lenguajes —como el visual y el textual—, discursos —como el de las Sagradas Escrituras con el de la política contemporánea— e imágenes representativas de distintas culturas, como la occidental y la oriental. A partir de 1997, León suma como recurso la utilización del braille, que pasa a ocupar un lugar fundamental en su poética. Éste comienza a aparecer plasmado en fotografías reproduciendo poemas y, luego, es utilizado para intensificar sus opiniones sobre imágenes religiosas, publicaciones de las Naciones Unidas o noticias periodísticas. Sobre ellas, Ferrari cala en braille versículos evangélicos y así pone en evidencia discursos antagónicos. Completan el conjunto de la donación de obras realizadas a partir de recortes periodísticos, dos paneles armados en 1993 que agrupan artículos recortados por Ferrari en 1976 como parte de su serie Nosotros no sabíamos. Estos artículos, publicados después del golpe de Estado de marzo de 1976, informan sobre cadáveres encontrados en la costa del Río de la Plata o en distintas localidades de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, cuerpos acribillados en distintos sectores de la ciudad o investigaciones en torno a asesinatos y desapariciones, lo que da cuenta de que era imposible ignorar lo que estaba sucediendo en el país en ese entonces. Un desconocimiento que un sector de la sociedad argentina intentó justificar mediante la frase utilizada como título de la serie. Volviendo al braille, Ferrari lo utiliza asimismo de manera altamente sugestiva en obras de carácter melancólico, cuyo énfasis está puesto en las relaciones amorosas, en el erotismo e incluso en cierta fragilidad y debilidad humana. Unión libre, producida en 1998, es una de las piezas donadas que representan esta línea de trabajo: se trata de la reproducción de una fotografía de Man Ray de un sensual rostro femenino que León invita a acariciar con la intervención en braille del poema de André Breton citado en el título y que comienza con las palabras “Mi mujer con cabellera de fuego de leña / con pensamientos de relámpagos de calor / con talle de reloj de arena”. En otro dibujo donado al Museo, las manchas de una colorida acuarela se suceden sobre la transcripción en braille del poema “El ciego” de Jorge Luis Borges.

El carácter sensorial de la obra de Ferrari encuentra una nueva dimensión en la combinación entre las imágenes y la escritura en braille, dibujos de puntos que arman tramas y rejas y se inscriben sobre el papel como una verdad escondida, silenciada. Ésta, en su mudez, en su carácter de código indescifrable, parece comunicar lo que esa imagen tiene de inalcanzable, una cualidad que reitera la dificultad con que nos encontramos al querer descifrar sus escrituras abigarradas y que, en los brailles, es intensificada por la negación que llevan implícita: al ciego se le niega la imagen y al vidente, la lectura. El acto de leer se vuelve táctil y la lectura invita a su vez a realizar un dibujo invisible en el recorrido sobre el papel que construye la caricia. Imagen y escritura vuelven a encontrarse en los textos que Ferrari delinea caligráficamente sobre imágenes fotocopiadas de desnudos de mujeres, tales como los del expresionista austríaco Egon Schiele, seis de los cuales integran la donación. Estos textos, como el fragmento “Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta”, tomado del cuento “Ausencia” de Jorge Luis Borges, son dibujados sobre los cuerpos casi vistiéndolos. La escritura acompaña la figura de la mujer, la recorre con un trazo que se contornea siguiendo sus curvas y sus pliegues mientras tatúa su piel en un gesto similar al que realizó en sus esculturas tridimensionales sobre torsos femeninos.

Últimas líneas y acuarelas

“Dibujo desde hace más de treinta años sin un propósito definido”7 , escribe León Ferrari en 1997. “[Lo hago] porque me gusta como forma de expresión, como ejercicio mental y como una fuente de posible renovación de lenguaje. Dibujo palabras que cuentan cosas […], manuscritos cuyos trazos recuerdan voces. La forma de escribir, de dibujar las palabras, es parte de su significado, como lo es el tono de la voz que las pronuncia. Y escribo dibujos para contar pensamientos, imágenes que las palabras no saben contar.” El grupo de acuarelas realizadas entre 1995 y 2000 y los quince dibujos de entre 2005 y 2009 que integran la donación Ferrari al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires son un ejemplo de la inagotable búsqueda del artista, de su libertad de expresión y de las infinitas maneras en que su sensibilidad e imaginación pudieron comunicar, mediante la sencillez de un simple trazo sobre papel y de cada material elegido, emociones, tensiones, crítica, musicalidad y sensualidad. Las acuarelas, que dentro de la donación ejemplifican el uso que Ferrari otorga al color valiéndose de las transparencias con las que le permite jugar el medio, continúan sus exploraciones de los años 60 y 70 en torno a la escritura. Otros de los trabajos en papel de este período, buscan integrar línea y color valiéndose de nuevas herramientas, como pinturas para tela —muchas de colores vibrantes—, plasticolas y brillantinas, que León aplica con naturalidad a ese papel al que se refiere más de una vez como “la piel de una amada”. Esta incesante búsqueda de técnicas que renovaran su lenguaje lo lleva también por estos años a la espuma de poliuretano, que lo atrajo por las formas caprichosas en las que se expande. Aplicada sobre estructuras de alambre en formas lúdicas y grotescas, ella se volvió también rulo enmarañado, línea enredada y caótica, imagen ambigua y sugerente de la amenaza de la guerra o del calor del infierno, de un hombre, como aquéllos de su serie de Músicos —dos de los cuales llegan al museo en comodato— que parecen pertenecer a una era postnuclear. La exhibición incluye también dos de las primeras esculturas de poliuretano realizadas por León en las cuales el material desborda y deforma su estructura de jaula. Entre los dibujos producidos en los últimos años de su vida, se incluyen también algunos realizados con marcador y tinta en los que las líneas se dibujan de una manera novedosa en su obra: lejos de sugerir una escritura, se despliegan en grupos de curvas y diagonales rodeadas de un blanco que parece el aire que las moviliza. Recuerdan incluso a los alambres de sus instrumentos musicales que se doblan y separan cuando son tocados. En otros, de menor formato, conmueve el trazo de una fina línea de lápiz que se repite calma y ligera —y, en algunos casos, temblorosa—, como el rastro de una leve voz. Concebida como una celebración del trabajo de León Ferrari y construida a partir de la importantísima donación de obras en papel que ingresan al patrimonio del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, esta exposición se propone honrar al gran artista y el enorme gesto de generosidad de su familia.


  1. Ferrari, León, “Prismas y rectángulos”, ca. 1979.
  2. Ferrari, León, “Prismas y rectángulos”, ca. 1979.
  3. Citado en Giunta, Andrea, “Cronología”, en León Ferrari, catálogo de la exhibición León
  4. Ferrari, León, respuestas a “Cuestionario para artistas partipantes” de Mari Carmen Ramírez para la muestra de dibujo Re-aligning Vision: Alternative Currents in South American Drawing, en El Museo del Barrio, Nueva York, 1997.
  5. Ferrari, León, “La respuesta del artista”, Propósitos, Buenos Aires, 7 de octubre de 1965.
  6. Ferrari, León, respuestas a “Cuestionario para artistas participantes” de Mari Carmen Ramírez para la muestra de dibujo Re-aligning Vision: Alternative Currents in South American Drawing, en el Museo del Barrio, Nueva York, 1997.