El yerbal

Está ubicado en el mismo sitio -el Cantero 126- donde Carlos Thays plantó la yerba mate en el Jardín Botánico de Buenos Aires en 1896.

A fines del siglo XVIII, luego de la expulsión de los jesuitas de América del Sur, se habían perdido los yerbales como explotación productiva. El comentario de la época era “los jesuitas se llevaron consigo el secreto de su plantación y todo lo que se haga al respecto es inútil”. Ante la necesidad de importar gran cantidad de yerba mate desde Brasil y Paraguay para satisfacer el consumo interno -además de la nada sustentable explotación de los yerbales naturales para cosecha de hojas- Thays emprende la tarea de investigar los métodos de germinación de las semillas. En 1895 recibe desde Paraguay, de manos de Honorio Leguizamón, las primeras semillas y algunos gajos de yerba mate. Los gajos no prosperaban pero, después de varios ensayos, logró hacer germinar las semillas al someterlas a una prolongada inmersión en agua caliente. Esta metodología se publicó en el Boletín de la Sociedad Nacional de Agricultura del Paraguay y así comenzó su difusión generalizada, dando lugar a una nueva producción comercial que se convertiría en fundamental para la economía del noreste argentino.

En 2010, año del Bicentenario, gracias al trabajo de cooperación entre el Jardín Botánico de Buenos Aires y el Establecimiento Las Marías, se recuperó la plantación de yerba mate en Buenos Aires, recreando el que fuera el primer yerbal de los tiempos modernos. Está ubicado en el mismo sitio -el Cantero 126- donde Carlos Thays plantó la yerba mate en el Jardín Botánico de Buenos Aires en 1896.

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