Nair Amuedo

Nair Amuedo es la mamá de Patricia Rossana Maddalena de Romero, detenida y desaparecida el 28 de agosto de 1976, a los 19 años de edad. Acorde con nuestro objetivo de recuperar la memoria histórica, recopilamos su testimonio en este “Archivo por la Memoria”.

La Historia de Nair

Nair Amuedo, era una mujer dedicada a su vida familiar hasta que su cotidianeidad se vio interrumpida cuando la violencia y la barbarie del Terrorismo de Estado se hizo palpable: “El 28 de agosto de 1976 se llevan a mi hija Patricia y a su esposo Tato lo dejan asesinado en la casa. ¡Por suerte le entregan los hijos a los vecinos! La nena tenía 46 días, el nene tenía 2 años y 4 meses. Y la orden del jefe del operativo fue que los dejaran ahí. Para nosotros fue un golpe terrible...".

A partir de ese momento, Nair asume la difícil tarea de la búsqueda de su hija.“Después, fui a la comisaría a averiguar por qué la casa estaba toda rota y mis hijos no estaban. Entonces ahí me dijeron que había sido un operativo de las Fuerzas Conjuntas y que tenía que ir al Ministerio del Interior. Ahí es donde yo voy el lunes siguiente. Esto fue un sábado. Enterramos a Tato el lunes y el martes 31 de agosto es cuando yo me convierto, sin imaginármelo, en esto que me llevó toda la vida. La mitad de la vida nuestra, o más. Porque yo ya voy a cumplir 80 años, imagínense cuántos años de lucha, cuántos años de angustia, de dolor”.

Pero su búsqueda y su lucha tuvieron la particularidad de tener que asumir el cuidado y la crianza de los dos pequeños hijos de Patricia y Tato. El terror a una nueva pérdida la llevó a tomar decisiones difíciles. “En mi caso al dolor del secuestro de mi hija tuve que sumarle otra cosa que fue muy terrible también, porque tenía dos chicos. La nena tenía 46 días y empezó a tener problemas con la leche de la mamadera. Estábamos desesperados, no sabíamos qué hacer. El nene lloraba continuamente pidiendo por sus padres. Anduvimos de médico en médico hasta que encontramos a alguien que le dio leche de soja a la nena y entonces con eso pudimos criarla. Yo seguí yendo a la Liga y ahí se formó el grupo de Familiares al cual pertenecí por mucho tiempo. Allí, nos daban las directivas de las cosas que teníamos que hacer, a quién teníamos que entrevistar, dónde teníamos que escribir. Y un día me entero de las Madres que estaban yendo a la Plaza de Mayo. Yo en ese momento viajaba continuamente con mis nietos de un lado para otro. A Jujuy, a Misiones, a todos los lugares donde tenía familiares.

Porque mi papá me había dicho que podían quitarme a los chicos, que me los podían venir a buscar. En ese tiempo teníamos una angustia tan grande que cuando estábamos en Buenos Aires, vivíamos en hoteles. No íbamos a la casa porque teníamos mucho miedo”.

Al igual que otras Madres, para Nair el encontrarse en la Plaza la salvó del aislamiento transformando su búsqueda y su dolor en un proceso colectivo que la ayudó para seguir adelante. “Nosotras al silencio lo combatimos los jueves en la Plaza. La Plaza nos salvó porque nosotros el dolor lo teníamos escondido. Yo digo que nosotros pusimos el cuerpo y escondimos el corazón. ¿Por qué? Porque no podíamos manifestar tanto dolor. Ni en tu casa ni con familiares o amistades. ¿Por qué amargarle la vida a los otros? Pero en la Plaza cada una sabía que el dolor de la otra era igual. Entonces nosotros podíamos hablar de nuestros hijos. Y contarnos unas a otras la lucha de ellos y dónde estaban y cómo eran. Esto que pasó en la Plaza ha servido como ejemplo para la lucha en otros países. Porque somos mujeres, porque somos madres, porque salimos de la casa y enfrentamos una lucha en un momento terrible. Eso nos sirvió a nosotros para seguir viviendo y para seguir aprendiendo. Porque hoy entendemos un poco de política, sabemos del dolor ajeno, sabemos de la lucha de otros países. Y estamos enteradas de muchas cosas".

El recuerdo de Patricia

Como toda madre, Nair guarda los mejores recuerdos de su hija Patricia.

“Mi hija Patricia nació el primero de abril de 1957. Era la hermana del medio de tres hijos. Jugaba mucho con su hermana mayor que la protegía mucho, porque se llevaban dos años nada más… Cuando eran chiquitas jugaban a las muñecas, a esas cositas. Después cuando eran más grandes lo que hacían era disfrazarse mucho, se vestían y juegos así, de criaturas, de chicas… Pero siempre fueron muy, muy compañeras. Patricia se destacaba por su dulzura, porque era una criatura hermosa. Además era alegre, era un sol. Era buena, era compañera. Es decir: yo tenía dos hijas mujeres con dos años de diferencia. Ella me ayudaba en todo: cuidaba su ropita, tendía su camita, estudiaba sin que yo le dijera nada. De los tres hijos que tuve era la nena buena, era la nena alegre, era la nena sol. Los otros también eran buenos chicos, pero ella se destacaba por la dulzura que tenía y todo el mundo la quería”.

La adolescencia de Patricia estuvo marcada por el amor y el compromiso social. A los dieciséis años se casó con Juan Ramón Romero:

“Patricia se casó muy jovencita. En la época en la que iban al secundario se usaba que las chicas tuvieran un compañerito con el que salían, que iban a distintas partes, a reuniones. Ella tenía la hermana más grande, que era quien la protegía.Pero después, ella conoció a los quince años a quien fue su marido. Entonces, ahí sí, ella estuvo muy, muy enamorada. Se conocieron y se enamoraron en seguida".

"Ella pensaba que nosotros no íbamos a aceptar a ese chico porque él era un muchacho doce años mayor. Era un obrero y mi marido era un industrial, tenía una fábrica. Nosotros teníamos una casa, un coche, vivíamos muy bien. Y él era más humilde. Entonces le digo “¿A vos te gusta?”. “Sí, mamá. No sabés como es…” Y ahí empezó a hablar de él, de la maravilla que era ese muchacho y empezaron a salir como novios. Tal es así que a los 16 años ella se casó".

"Un día me dice: “queremos casarnos”. ¡Yo me quería morir! Les pregunto cuándo, será el año que viene pensaba. Y me dice: “No, ahora”. Entonces yo le pregunté si estaba embarazada. Y me dijo “¡Mamá!!!!” Toda ofendida. Entonces él me explicó: “No, señora. Son tiempos difíciles y queremos estar juntos”. Era el año ’73 cuando se casaron ellos. Eran realmente años difíciles. No hubo manera de convencerlos de que esperaran. Así que ella se casó de blanco en la Iglesia de Victoria donde vivíamos nosotros. Ellos se fueron de Luna de Miel a Córdoba porque querían ver nieve. Y era una risa porque cuando ellos se iban de un lugar al otro día nevaba. Iban persiguiendo la nieve pero no pudieron ver nevar. Así que mi hija no conoció la nieve. Fue un casamiento muy muy lindo”.

Al año del casamiento, nace su primer hijo. Dos años después nacería la niña. Pero lo que caracterizaba a la pareja de Patricia y Tato era el profundo amor que compartían, a lo que se sumaban los ideales comunes de querer construir un mundo más justo e igualitario. “Ella era muy jovencita. Al año del casamiento nace el nene, el 4 de abril. Así que ella quedó embarazada enseguida después de casarse. Y después al año y pico queda embarazada de la nena. Pero ellos fueron muy felices. Se reían, disfrutaban. Hacían una vida muy linda.Las reuniones en mi casa, eran una alegría tan grande, nos juntábamos muy seguido. Daba gusto estar con ellos, visitarlos, ir a la casa, ver cómo vivían”.

"El de ellos era un amor distinto porque era un amor con compromiso. Ella era una nena que cuando estaba en el colegio, salía y se iba al hogar de tránsito, donde están los chicos en tránsito para ser dados en adopción. Entonces, ella iba a cuidarlos dos veces por semana o tres a la tarde. Y tuvo que dejar de ir porque los chiquitos, cuando ella se iba, se ponían a llorar. Entonces, se conectó con gente de la Iglesia del barrio para ir al Don Orione a atender, a charlar y a cuidar a los chiquitos minusválidos. Yo admiraba el coraje que tenía ella para cuidar a esos chiquitos. Así que ella desde muy chica ya tenía un fuerte compromiso social".

La lucha con las Madres

Como en todos los casos, la búsqueda de su hija llevó a Nair a transitar espacios desconocidos hasta entonces, con resultados permanentemente desalentadores.

“En el Ministerio del Interior no nos dieron nunca una buena respuesta. Entonces yo fui a la Liga por los Derechos del Hombre, que sabía por mi padre que era un lugar donde se podía ir. Allí me entero que era mucha la gente secuestrada, además de los asesinatos que ya sabíamos. Me aconsejaban hacer un Hábeas Corpus y hacer la denuncia en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Luego de seguir esos pasos, con mi marido empezamos a recorrer todas las guarniciones militares, las seccionales de policía. Todo lugar donde pudieran estar nuestros hijos. A todas las madres nos pasó lo mismo, la respuesta era hacernos esperar mucho tiempo, burlarse de nosotros y decirnos que ellos no tenían nada que ver”.

Nair no se queda sola en su búsqueda, al poco tiempo comienza a formar parte de las Madres de Plaza de Mayo.

"Pasado un año, cuando se empiezan a encontrar las Madres, yo me sumo a ellas y ahí empezamos a caminar. No a caminar todas juntas, a encontrarnos nada más. Así es que después empieza la marcha, de dos en dos porque en ese momento había estado de sitio y es lo que la policía nos pide que hagamos. Fue así como comienza la marcha alrededor del monumento en la Plaza de Mayo. No justamente de la pirámide donde lo hacemos ahora, eso llegó después. Nosotras estábamos tan seguras de que nuestros hijos iban a volver… Jamás pensamos ni que el movimiento de Madres iba ser tan importante, ni que nosotros íbamos a estar tantos años en la lucha. Pero no sabíamos todo lo que supimos después. Y cada vez seguimos asombrándonos cuando escuchamos las cosas que han pasado, también seguimos sorprendiéndonos del horror de lo que ocurrió. Primero, no entendíamos que eran desaparecidos. Después, empezamos a saber que eran torturados. Pero nunca nos imaginamos el horror que había ocurrido”.

¿Alguna vez pudo comunicarse con su hija después de su secuestro?
Sí, sí. Esa fue una historia que fue cuidadosamente guardada. En ese momento yo no se lo conté ni a mi madre ni a nadie, porque era muy riesgoso y muy peligroso. Porque un día un policía me llamó, nos encontramos y me dijo que mi hija estaba entre 16 personas que estaban en un sótano en Martínez. Mi hija me manda la lista de personas y me manda a decir que vaya con un obispo, con periodista extranjero y alguien más y que vaya para ver si los podíamos rescatar. Al otro día me trae ese papelito escrito y firmado por las chicas que estaban ahí. La mayoría eran matrimonios. Y yo recuerdo bien cosas que me fue contando este hombre a medida del tiempo. Ella estuvo desde septiembre hasta enero, en donde viene él y me dice que le mande ropa porque mi hija estaba en camisón. La encapucharon y la sacaron en camisón y descalza. Él me había dicho que una chica de ahí estaba descalza pero que unos compañeros varones le había dado un par de botas, y él se había quedado en medias. Así que entonces él, me dice que le dé ropa porque era el mes de enero y porque los iban a llevar para recuperación a Mercedes. En ese momento creí sinceramente que mi hija volvía. Y continuó la búsqueda…

¿Cómo pudo sobrellevar su dolor durante ese tiempo?
Todo ese tiempo fue muy, muy doloroso. Yo he estado a punto del suicidio. No soportaba pensar que no iba a ver más a mi hija. No lo soportaba. Yo quería que eso terminara y la manera en que terminara para mí era la muerte. Y hablando con otra madre me comentó: “mirá yo cuando iba a un subterráneo me ponía contra la pared porque tenía miedo de arrojarme delante del subte”. Eso es para que se den cuenta de cómo nos han perjudicado, cómo nos han causado tanto dolor, tanta angustia. Eran tan perversos que aún hoy, uno no puede imaginar, por más que lo piense, cómo han sido capaces de hacer semejante cosa. Nunca hicieron lo que nosotros ahora hacemos que es juzgarlos a ellos y condenarlos por lo que han hecho.

Como todas las Madres se caracteriza por una increíble perseverancia: “Nosotras, las madres, decimos que mientras podamos caminar seguiremos en la Plaza de Mayo. Y confiamos en los hijos y en toda la sociedad para que siga la ronda. Yo ya no estoy en la Plaza por mi hija, sino por los 30.000 desaparecidos”.Sobre la lucha de las Madres, Nair resalta: “Siempre se suele resaltar que las Madres nunca realizaron un acto de venganza por mano propia. Y esto es así porque jamás nos pareceremos a ellos, sinceramente lo digo”.

Nair, hoy

Actualmente, Nair recorre el país transmitiendo su historia de la mano de la Secretaría de Cultura de la Nación – Programa de Derechos Humanos. Además, Nair ha acompañado en diversas acciones al Programa Educación y Memoria fortaleciendo la construcción de la Memoria en el ámbito educativo.

"Mucho se puede hacer desde las escuelas. Lo importante es reivindicar los ideales de nuestros hijos. En los colegios, generalmente hablamos de lo que nos pasó a todo el pueblo con las consecuencias de que se crea el movimiento de Madres con un solo fin que era el de saber por qué se habían llevado a nuestros hijos y dónde estaban. Era lo que queríamos saber nosotros. Entonces hablamos de ese movimiento tan grande, tan fuerte y que es conocido en el mundo entero. También es muy importante el tema de los juicios. Esto es lo que nosotras no solo queríamos sino que nunca pensamos que lo íbamos a ver".

Nair encuentra en los últimos tiempos la tranquilidad de saber que el recambio generacional está garantizado y que la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia implica a nuevos sectores de la sociedad, especialmente, a la juventud:

"Gracias a todo el compromiso generacional de los últimos tiempos es que nosotros tenemos una paz que antes no teníamos. Primero, la paz vino sola de a poco cuando nosotras pudimos ir aceptando que nuestros hijos no volverían, que ya estaban muertos. La desgracia es que nunca sabremos en qué momento, ni cuándo, ni dónde, ni por qué murieron. En realidad el por qué ya lo tenemos claro. Después se vio las cosas que se han hecho. No se necesita mucho para darse cuenta cuál era el problema de esta gente: el predominio de toda la situación económica. Todo viene por la economía, porque a ellos lo único que les interesaba era que la gente pensara lo mismo que pensaban ellos. Entonces trataron de imponer las cosas por la violencia, por el miedo, por el terror. Por eso se llama “terrorismo de Estado”. Es decir, son terroristas como los terroristas, pero esta vez son del Estado porque las fuerzas legales se convierten en terroristas. Entonces, nosotras queremos que se tenga claro eso para que no vuelva a suceder".

Nair, luego de 35 años de lucha, continúa soñando y planteando nuevos desafíos: “Que cada chico, que cada ser humano, tenga el derecho, la libertad de elegir como se elige ahora a votar, votando y tener los ideales que le gusta. Eso es lo principal para nosotros, que los chicos se den cuenta en el momento que estamos viviendo, el momento de libertad, de democracia, de lucha, de todo… Es decir, hay huelgas, hay pedidos, la gente puede expresarse. Hay gente que se queja porque se cortan las calles pero para mí es una alegría ver que la gente se puede manifestar. Eso es una cosa que nos alegra el corazón”.

"Mucha gente no entiende cómo pudo pasar una cosa tan atroz".

"Esto fue así porque había mucho compromiso social. Eso es lo que llevó a toda esta juventud de gente tan joven, a tener tantos ideales. Y eso, los llevó a la muerte. La verdad es que yo estoy muy orgullosa de mis hijos, mi yerno, de mi familia en general. Ese amor de humanidad, el amor al prójimo, el amor a otro ser humano que necesita más que uno, es un ideal muy fuerte. Y que en ese momento se convirtió en el peligro máximo porque iba en contra de otra parte de la sociedad".