Mirta Baravalle

Mirta Baravalle es una de las fundadoras tanto de Madres como de Abuelas de Plaza de Mayo. El 27 de agosto de 1976, un grupo de militares irrumpió en su casa y secuestró a su hija Ana María, embarazada de 5 meses, y a su pareja, Julio César Galizzi. Desde ese día, Mirta lucha por la verdad y la justicia y continúa con la búsqueda de ese nieto o nieta que nació en cautiverio y nunca fue restituido a su verdadera familia.

La historia de Mirta

“Mi nombre es Mirta Baravalle. Hemos adoptado el apellido de nuestros esposos para que nuestros hijos desaparecidos sean conocidos. Mi hija desapareció el 27 de agosto de 1976. Entraron a nuestra casa más de 30 individuos vestidos del ejército con pasamontañas en altas horas de la madrugada. Se colgaban saltando paredes vecinas. Todos con armas largas. Yo sentí ruidos. Salí a la galería porque estábamos en la cocina. Estábamos mi hija, mi yerno, mi hermano y yo. Jugábamos al scrabble, y el que perdía cebaba mate. En ese momento, registraron la casa pero no se llevaron a nuestros chicos. Se habían llevado a un vecino buscando aterrorizar a todos los demás. Y se llevaron alhajas, dinero y todo lo que podían. Pensamos que se habían ido y a los 10 minutos sentimos los golpes en nuestra casa. En la entrada preguntaron por nuestra hija Ana. Y en ese momento Ana sintió que había una situación crítica. Me amenazaron. Yo les decía que Ana era mi hija. Y ahí ella avanzó y dijo: “Yo soy Ana”. Ahí es cuando se llevan a mi hija. Nosotros hicimos lo imposible para saber algo más de esa noche, pero nunca nadie nos dijo nada”.

Ana María y Julio César, su esposo, esperaban su primer hijo: “El día que secuestran a Ana María, había ido al médico para saber cómo llevaba su embarazo. El médico le había dado una fecha para antes del 15 de enero. La había felicitado por su embarazo perfecto. Es así, que uno después hace conclusiones de esas cosas. Consideraba que el bebé, estando en perfectas condiciones, estaría vivo. Al principio me decían que entregaban al bebé cuando pasaban 6 meses. Estuve esperando durante varios meses pero nunca llegó…”.

Así, comenzó su lucha, siendo una de las primeras en animarse a salir a la calle a decir lo que le pasaba y cuál era su búsqueda. Mirta es Madre y es Abuela y en todos estos años mantuvo la defensa inclaudicable por la Memoria y los Derechos Humanos.

Ana María nació el 20 de marzo de 1948 en la Ciudad de Buenos Aires y ya de joven era, como la define su mamá, “una militante de la vida”.

“Ana tenía 28 años y Julio, 25. Yo sabía de la militancia social de mi hija. Ella se recibía ese año de Socióloga y trabajaba en el Ministerio de Hacienda. No podían estar ajenos a lo que pasaba en el país. Mi hija era una militante de la vida. Se ponía el despertador a la madrugada para ir a la villa. ‘Si no llegamos a que el pueblo sepa sus derechos, que no tienen que estar sometidos y que sean ellos mismos los hacedores de este país, no va a quedar nada. Si esto no se cambia, en 25 años no va a quedar nada de los argentinos’; me decía. Solía levantarse muy temprano a llevarle comida a la gente que estaba en la calle y decía que no quería que el pueblo se sometiera si no que se integrara".

Ana María, estaba comprometida con su militancia y su situación de estudiante. Peleaban por revertir lo que consideraban injusto y fomentar una sociedad más equitativa:

“En el segundo bimestre, salió y dijo: “yo ahí no sigo estudiando más” porque no estaba de acuerdo con la enseñanza que le estaban dando. Y yo sabía que el objetivo de ella en la vida era estudiar. Estudiaban, estaban conscientes de qué querían y lo que estaba mal, y por eso los llamaban rebeldes. Tenían ideales”.

Fueron su compromiso y su preocupación por los otros lo que los condujo a su irracional desaparición.

“Ellos querían defender esos derechos y eso es lo que sabían esos gobiernos. Eso era el peligro. El peligro de saber. Y ahora por eso, esa generación no está. Eran jóvenes valiosísimos".

La lucha con las Madres y las Abuelas
Mirta acompañó al Programa Educación y Memoria en numerosas oportunidades. Cada una de sus palabras fue un valiosísimo aporte para la construcción de la Memoria Histórica transmitiendo su legado de lucha y esperanza. Mediante las preguntas de los estudiantes, Mirta reconstruyó los inicios de las Madres y las Abuelas.

¿Cómo inició su búsqueda?
Salimos a la calle, al día siguiente. Fui a la Iglesia de Lourdes en Santos Lugares para ver si podía saber algo de los chicos. Creo que todo familiar a quien le fue arrancado ese ser querido de su lado, inmediatamente salía a buscarlo, porque querían saber por qué se lo habían llevado. Desde ese momento empezó esa búsqueda. ¿Y dónde? ¿Y por qué? Preguntaba en cada uno de los lugares a los que iba. Primero, comencé la búsqueda en soledad. Recorrí las cárceles, las comisarías, las Fuerzas Armadas, los Ministerios. Pero nadie decía nada ni respondía a mis preguntas. Más tarde me di cuenta de que había otras madres en la misma situación. Fuimos caminando y fuimos, sin pensarlo, sin conocernos, uniéndonos.

¿Cómo comenzaron a juntarse las Madres de Plaza de Mayo?
Todas hacíamos los mismos recorridos, buscábamos respuesta en los mismos lugares. En un momento, llegamos a ser cinco o seis esperando alrededor de la Plaza, sentadas en algún banco o caminando como al descuido. De esta forma, comenzamos a vincularnos. Un día Azucena Villaflor dijo que teníamos que ir todas juntas a Plaza de Mayo y decidimos que había que ir el 30 de abril (1977). Esa primera vez, fuimos 14 mujeres. Fue un sábado y no nos dimos cuenta de que era sábado, porque no teníamos idea de qué día era. Pero un sábado no era un buen día para reunirse, no había gente en la plaza y apenas nos vieron los militares, nos sacaron. Entonces decidimos reunirnos el viernes siguiente, en horario bancario. Entre tanta gente, a los militares les iba a costar visualizarnos. Así lo hicimos varios viernes y éramos cada vez más. Más adelante una madre propuso reunirnos el jueves, porque decía que el viernes era "día de brujas". Y con el paso del tiempo la columna de Madres se fue aumentando y aumentando. Por un lado, porque iban desapareciendo los jóvenes y por otro lado, porque los familiares se iban enterando de a poco. Se acercaban con mucho temor. Fue muy difícil pero seguimos adelante.

Mirta también fue una de las doce madres-abuelas fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. En un principio se agruparon con el nombre de “Abuelas Argentinas con Nietitos desaparecidos” y ya en 1980 comenzaron a utilizar su denominación actual. "Buscar a sus nietos sin olvidar a sus hijos", fue la consigna que las agrupó

Y las Abuelas, ¿cómo comenzaron a juntarse?
Cierto día fuimos a la casa de una abuela con Mary Ponce de Bianco, la madre que después fue secuestrada por Astiz. A esa abuela le habían llevado al hijo con su bebé, y nosotras fuimos para ayudarle a hacer un Habeas Corpus para su nietita, Clara Soledad. Recuerdo que lo redactamos sobre la cama, arrodilladas en el piso de su dormitorio. Ese Habeas Corpus fue publicado en “La Opinión” de Timerman y resultó un escándalo porque se trataba de una bebé. Al poco tiempo, una monja dijo que en la Casa Cuna había una bebé con las características de Clara Soledad. ¡Y efectivamente era ella! Ahora la abuela tenía que obtener la tenencia. Fue difícil porque cuando se llevaron a la bebé tenía once meses y para entonces tenía más de un año. En esa época no existían las pruebas de ADN, y el Juez Sarmiento, a cargo del Juzgado de Menores, negaba la tenencia hasta que se demostrara el vínculo. Y aparentemente, no había forma de lograrlo. Entonces la abuela, recordó que Clara Soledad tenía un lunar en la plantita del pie. Y efectivamente era así, el Juez lo corroboró. Clara Soledad fue la primera bebé que recuperamos. Las Abuelas nos juntamos en principio quizás por el propio egoísmo de encontrar al propio nieto. Pero después sentimos que cada nieto era de todas…

¿Qué pudo saber de su hija y su bebé?
Por intermedio de un conocido supe que el 12 de enero de 1977 Ana María había dado a luz. Ese día, eran más de las once de la noche cuando golpean mi puerta con mucha urgencia. Salgo corriendo con el corazón en la mano, y veo a un amigo que me dice “los tres están bien”. Él tenía que llegar a su casa antes de las 12, estaba corriendo y vivía a veinte cuadras de casa. Al otro día, esa persona fue secuestrada. Nunca llegué a saber si es nieto o nieta. A ese bebé hasta ahora no lo hemos encontrado, a Camila o Ernesto. Tampoco pude saber en qué lugar estuvieron detenidos ni qué fue de ellos.

¿Alguna vez sintió miedo? Una vez que se llevaron a mi hija embarazada, ¡lo peor ya me había pasado! Después de eso no sentís miedo. Sentís muchas cosas, dolor, impotencia, bronca … Pero miedo no sentí.

Al día de hoy, Mirta sigue buscando a su nieto o nieta, con la incertidumbre doble, de una Madre y una Abuela, que no bajó los brazos con el correr de los años.

Mirta Hoy

En cada una de sus visitas a las escuelas, esta Madre de Plaza de Mayo, deposita su esperanza en sus interlocutores: los chicos y chicas que escuchan con respeto, la historia que ella tiene para contar:

“Nosotros tenemos esto: la esperanza en ustedes. En esa generación que está latente. Es como un reemplazo de esa generación que por querer cambiar el mundo, hoy no está. Pero están presentes hoy y siempre. Lo que nosotras queremos es que nunca jamás vuelva a pasar algo parecido. Esa es la razón por la cual luchamos”.

Su compromiso

“Uno tiene un compromiso y no es un compromiso formal, sino un compromiso de alma, un compromiso de corazón, un compromiso de amor. Yo siempre digo que mientras tenga fuerza, mientras mentalmente más o menos pueda seguir hilvanando y mientras físicamente el cuerpo me responda, yo seguiré en esta lucha de reclamo de justicia. Pero no sólo justicia directamente por los desaparecidos, sino que seguiré reclamando por la justicia social, la justicia actual. No es que dejemos de lado lo que pasó sino que también luchamos por los Derechos Humanos actuales, por lo que nuestros hijos dieron su vida, por lo que toda esa gente sufrió, por querer cambiar a la sociedad, por querer una igualdad para todos. Entonces, yo tengo ese compromiso, y mientras lo pueda hacer lo voy a hacer y lo hago de corazón; porque mis hijos, nuestros chicos de esa época harían lo mismo. Entonces ya es una lucha indefinida y espero me queden muchos años más todavía para continuarla”.

“Yo siempre digo que quiero ser digna madre de mi hija, porque yo sé tal cual cómo era ella desde siempre. Y no quiero estar delante de mi hija sino a su lado… Porque donde yo estoy, es mi hija que también está. Porque yo sé que es ahí donde ella querría estar..."