Aída Sarti

Aída Sarti es la mamá de Beatriz Sarti, detenida – desaparecida el 17 de mayo de 1977, junto a su novio, Ángel Arias, cuando tenía 22 años de edad. Acorde con nuestro objetivo de recuperar la memoria histórica, recopilamos su testimonio en este “Archivo por la Memoria”.

La historia de Aída

Aída Sarti era una mamá dedicada a su familia y a sus hijas, Beatriz y Claudia. Trabajaba como modista y junto a su marido, José Sarti, llevaban una vida amena en un barrio del Gran Buenos Aires: "En mi casa siempre estuvo presente la “comunidad gallega”, nunca se sabía si el día domingo el puchero tenía que ser más grande o más chico, porque venían todos los paisanos, que era una forma de ser de la familia, del pueblo, de la aldea. En mi casa era común que hubiera tanta gente, que venían y nunca se sabía cuántos eran. Mi mamá hacía esos pucheros "a la gallega" y se vivía esa cosa de comunidad y de hacer mucha relación que mis hijas vivieron desde pequeñas".

La armonía de la vida familiar terminó de opacarse cuando la violencia del terrorismo de Estado invadió su casa a pocos días de iniciarse la última dictadura cívico – militar: "Nosotros sufrimos tres allanamientos. Pero el primero fue terrible, tenía un nivel de violencia que nosotros desconocíamos. Fue el 9 de abril de 1976.Beatriz ya no vivía con nosotros, ya se había ido. Supongo que ella sabía que estas cosas estaban pasando. Los vecinos vieron todo por la ventana y contrariamente a lo que yo pensaba, al día siguiente me llenaron de comida, se portaron de maravilla a nivel humano".

Por esos tiempos, Beatriz había desarrollado un fuerte compromiso social con una militancia activa que continuaba aún conociendo los riesgos que asumía. “Ella me dejaba cartitas abajo de la almohada. Ella sabía que iba a morir, estoy segura, segurísima. Me decía que yo era su madre pero que había un montón de madres sufriendo por sus hijos. Yo decía que eso parecía una especie de misticismo. Una cosa así de dar todo, dar la vida... Me parece que fue un sacrificio tan inhumano, tan inocente en algunas cosas, que hacían cosas que no se podía creer que no se dieran cuenta que el peligro estaba, que en cada esquina mataban a alguien y que teníamos que bajarnos del colectivo para que nos revisaran. Y todo eso lo sabían..." .

A Beatriz la secuestraron el 17 de mayo de 1977 junto a su novio, Ángel Arias, del departamento que compartían en la zona sur del conurbano bonaerense. Los vecinos relataron que escucharon muchos disparos y que encontraron manchas de sangre en las paredes de la vivienda:“Nunca supimos nada de ellos. Ni siquiera sabemos si se los llevaron vivos o muertos. Lo único que sabemos es que se los llevaron”.

A partir de ese momento Aída inició la búsqueda incansable de su hija, formando parte desde los inicios del grupo de Madres de Plaza de Mayo.

El recuerdo de Beatriz

“Beatriz nació el 14 de febrero de 1955. La primera nena que tuve, mi primera hija..... Yo le puse el nombre Beatriz porque tuve una amiga entrañable que se llamaba Beatriz, que conocí en el trabajo y le dije: “Si llego a tener una hija le voy a poner Beatriz". Nunca la volví a ver...".

Beatriz era una niña tan inquieta como inteligente. Su personalidad se destacó desde los primeros años de jardín de infantes. A los 5, comenzó la escuela primaria en Barracas y fue una alumna ejemplar: “Bety fue una chica inquietísima desde chica y muy especial. A tal punto era inquieta que el pediatra me dijo que lo mejor sería llevarla al Jardín. Pero en esos años nadie sabía de jardines, así que fui averiguando y la llevé a una escuela de Barracas. Tenía 3 años, no estaba segura de querer mandarla… Le hice el delantalcito, la bolsita, todo. Un día me mandaron a llamar y me dijeron “es muy inquieta”. Le querían enseñar a vestir una muñeca, para enseñarle así como se vestía uno, pero ella hacía todo lo contrario: la bombacha se la ponía en la cabeza… Eso para mostrar el carácter que tenía".

"Un día, la Directora nos llamó para decirnos que Bety era muy inteligente, fuera de lo común. Fue así como a los cinco años – porque ella nació en de febrero y en marzo empezaban las clases– la pusieron en primero inferior. Yo no le cambié nada, no le compré cartera ni nada, se fue con su bolsita como si fuera al jardín. Era extraordinario, la maestra les contaba la vida de Sarmiento y la mandaba por todos los grados a ella para que a su manera, con los cinco años que tenía, contara toda la historia de Sarmiento que había aprendido. Toda la escuela estaba sorprendida, hasta la directora, pero para mí era una chica normal".

"Luego ya nos mudamos para Remedios de Escalada, Lanús. Ella hizo casi todo el primario ahí y, además, concurría al Club Talleres. Inclusive ahora hay una placa puesta, con su nombre. Yo no estaba muy de acuerdo porque la placa era toda como de cementerio, pero bueno accedí porque ya estaba puesto el nombre de ella en la cuadra donde nosotros vivimos en Escalada”.

Beatriz demostró un marcado carácter desde chiquita y, a diferencia de la mayoría de las nenas, sus juegos eran armar figuras y letras. “Yo era modista y había trabajado en una de las casas más importantes de Buenos Aires, donde se hacían cosas muy lindas, así que Bety siempre estaba muy bien vestida, siempre muy arreglada. Pero las muñecas no le gustaban. Un día yo encontré una en el centro que era de trapo, la Periquita, y vine toda contenta pensando ´ésta le va a gustar´ y, sin embargo, no le gustó. Le gustaba recortar papeles. En aquellos años había esas cosas de madera para armar las letras”.

"Ella vivía el “rioba”, con los chicos del barrio tenían su barra. Iban mucho al club y ahí hacían todo: hacían bailes, le daban de comer puchero a los jubilados, hacían natación, fiestas. Todo con una escala de valores muy marcada. Mis hijas fueron muy queridas por los abuelos, y eso era fundamental, los abuelos se volcaron muchísimo a ellas. Los vecinos de ese pasaje, en donde todavía tengo la casa, se ayudaban unos a otros, se iban muriendo y se cuidaban en la enfermedad. Y ellas vivieron todo eso. Por eso fueron como fueron mis hijas, las dos".

Beatriz cursó sus estudios secundarios con muy buenas notas. A la par, trabajó desde los 13 años en un taller de gráfica. Hizo dos años de Magisterio y luego ingresó en la Facultad de Medicina. Sin embargo, abandonó los estudios y comenzó a trabajar en una fábrica. Su compromiso y su militancia se volvieron riesgosos alejándola de su casa familiar.

La lucha con las Madres

Aída, como tantas madres, inició una búsqueda incansable de su hija. Fue parte del primer grupo de mujeres en busca de sus familiares y fundadora de Madres de Plaza de Mayo: “Que desapareciera mi hija fue una cosa terrible y lo sigue siendo hasta hoy. Hubo un antes y un después. Acá hay madres que tienen dos hijos, hay madres que tienen tres hijos desaparecidos ¿Cómo se vive? Es una atrocidad. Yo creo que una de las cosas que nos salvó, fue el haber podido reunirnos en Plaza de Mayo y hacer esa catarsis. Después de la ronda de los jueves, a la noche era como unos culebrones porque se decía: “Vos sabés que ayer, yo levanté el teléfono y me dijo dos palabras nada más, pero era él, era él". Cada una contaba su historia. Éramos un grupo de mujeres muy diferentes. Porque había algunas de clase baja, pero también hubo muchísima gente que era de clase media alta. Muchas veces nos preguntan por los padres, pero ellos tenían que trabajar, había otros hijos, y entonces había que seguir adelante. Además nosotras no queríamos que vinieran porque creíamos que a las Madres no las iban a llevar pero sí a los padres".

¿Estuvo muy cerca de Azucena Villaflor hasta su desaparición?

Yo estuve muy cerca de Azucena Villaflor, la fundadora de Madres. Íbamos de un lado a otro, de una Iglesia a otra. Azucena fue la única que dijo “¡Vamos a la Plaza, qué hacemos aquí!”. Si no lo hubiera dicho, seguramente, se hubiera ido diluyendo este grupo y hubiera quedado todo ahí porque el miedo era muy grande… Y Astiz estaba siempre cerca, Astiz estaba con nosotras teniendo las carteras, porque perseguía a Azucena y tal es así que ella un día le dijo: “¿qué haces acá?, vos no tenés que estar acá, sos un chico joven”. Bien atildado siempre con camisa, pelo corto, yo no le daba mucha bolilla porque no me parecía nada. Pero tuve una pequeña duda porque una vez él llevó a la Plaza al chico que decía era de la hermana desaparecida, pero cuando en junio de 1977 fuimos a hacer los 159 hábeas corpus volvió a llevar al chico pero no era el mismo chico. Yo pensé “el otro chico era con el pelo castaño y éste tiene el pelo distinto y es más gordito”. Pero se me pasó, porque estábamos con el lío de los hábeas corpus. Después seguimos haciendo cosas y teníamos que hacer algo que al mundo le llamara la atención e hicimos esa solicitada tan importante… Porque hacíamos de todo, las Madres: Azucena visitó a Borges, a Victoria Ocampo, y yo con otra madre nos metimos en todas las radios.

¿Sabían del riesgo, tuvieron miedo?

Teníamos un miedo espantoso, pero no nos movían de ahí. Y no porque seamos madres especiales sino porque lo que nos pasó fue un hecho especial.

El secuestro de Azucena...

"Astiz ya lo había planeado, porque él andaba todo el tiempo atrás de ella. Un día le dijo: “¿Pero vos por qué estás acá? A ver, escribíme en este diario -porque llevaba un diario ella- cómo te llamás”. Puso Gustavo Niño. Ya lo tenía pensado.Y fue así: el 8 de diciembre nosotras nos vamos a la Iglesia Betania, pero Astiz nos esperaba en la Iglesia Santa Cruz. Ahí secuestran a Esther Careaga y María Ponce y a las monjitas. El día 9 de diciembre fue el día de la solicitada: desde las 11 de la mañana me tocó estar en La Nación, en Florida. Yo no sabía de qué disfrazarme, desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Y todas estaban haciendo la carta pero manuscrita. A la tarde la presentan pero le dicen: “Manuscritas, no; tiene que estar escrita a máquina”. Yo ya sabía que nos iban a poner ese problema. Como el marido de Nora Cortiñas trabajaba en el Ministerio de Economía se fue corriendo para hacerla ahí. En ese momento se jugaron los empleados y en dos horas, a todo vapor, la pasaron con máquinas de escribir. Volvieron alrededor de las 5 y media, por ahí, no me acuerdo bien, pero se que a las 6 de la tarde cerraban las rotativas. Faltaba pagar. Teníamos monedas y encima en la Santa Cruz, Astiz se había llevado todo el dinero que teníamos. Yo ni siquiera tenía idea de lo que pasaba, que me podía haber pasado algo. Salía un poco a la calle, a la vereda, alguien me podía haber agarrado y llevarme… Los empleados del diario se pusieron locos. Mitre, no sé si el nieto o el hijo dijo: “Agarren todo, llévenlo adentro”. Claro, ya no nos podían ver ni pintadas. Nos fuimos con la duda de que no iba a salir eso, con tantos inconvenientes. A las ocho de la noche estuve en casa de Azucena. Muy nerviosa, nos repartió a cada una de nosotras una poesía de Benedetti que se llamaba “Estás conmigo” o algo así. Azucena estaba muy nerviosa, tomando mate íbamos de acá para allá, mirando la ventanita que daba a la calle, era un día tormentoso. Y le digo: “¿Qué te pasa que mirás tanto para la calle, qué pasa?”. Y le digo: “Mañana vengo. A las 7 estoy acá”. Me dijo: “No vengas porque me lleva Pedro”, por el marido. Entonces yo me enojé: “Yo vengo mañana, voy a estar a las 7 acá”. “No vengas porque me lleva Pedro y se pone muy nervioso.” Me salvó la vida porque si me lo hubiese dicho, como soy yo, hubiese estado ahí un rato antes y hubiésemos ido a buscar el diario juntas. Y el 10 de diciembre fue así: ella fue a buscar el diario pero estaba borroneada una parte de la solicitada. Entonces fue a buscar otro diario y ahí se la llevan, en la mitad de calle Mitre. El diarero que vio todo dice que se defendió como una loca porque era fortachona pero no hubo caso, la metieron adentro y se la llevaron...”.

Aída, hoy

En la actualidad Aída es la responsable del valioso Archivo de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, una militante de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

“Cuando nos reunimos por primera vez en este lugar de las Madres y empezamos a acomodar, yo me estaba yendo y me paró Marta y me dijo: “Vos te vas a ocupar del archivo”. Entonces le respondí: “yo no tengo ni idea de archivo.” Nosotros no teníamos archivo, nadie lo tenía. El archivo eran unas bolsas grandes, llenas de papeles. Nosotras estuvimos en el SERPAJ mucho tiempo, en una piecita y después también en el MEDH. ¡Fue la gloria cuando nos vinimos para acá! Y yo ahí, con todos los papelitos… ¡Si me hubieran sacado una fotografía hubiera ganado un premio!. Yo adelante con cuatro, cinco sillas, me senté en el suelo, agarré las bolsas y empecé a sacar uno por uno los papeles y así fui empezando a poner y a sacar y cuando me quise dar cuenta lo estábamos organizando. Después Memoria Abierta nos mandó un profesional que pagan ellos, y se fue haciendo de a poco. Tuvimos secretaria, cosa que no habíamos tenido en la vida. Y todo eso nos fue ayudando. Tenemos una biblioteca hermosa, hicimos unas pancartas que hubo que recuperarlas. Pero ya tengo ochenta años y me alcanza y sobra con todo esto que tengo que hacer".

El ejemplo de las Madres: "Cualquier madre a la que le hubiera pasado lo mismo hubiera salido a la calle, y la prueba está en que después se repitió, yo lo veo con orgullo en las madres que les fueron pasando diferentes cosas: las madres del dolor, las madres de las violaciones, las madres que luchan contra el paco, que salen a la calle y forman organizaciones. Creo que en eso somos el ejemplo de enfrentar, como enfrentamos miles de veces la dictadura".

En el año 2008, Aída Sarti fue declarada Ciudadana Ilustre de Lanús. En la actualidad, la esquina delimitada por las calles Don Orione y Timote en el barrio de Remedios de Escalada de dicha localidad, lleva el nombre de su hija Beatriz.

Como muchas Madres, Aída acompañó al Programa Educación y Memoria en sus visitas a las escuelas, llevando su testimonio y su mensaje a los jóvenes:

“Una vez los nenes de una escuela me preguntaron: si yo tuviera que identificar a mi hija con un animal ¿cuál sería ese animal? Sin duda, ella sería una leona, porque lo fue siempre, fue muy especial, como todos en la época, fue una generación muy especial. Pero fue una luchadora… Ella no quiso irse del país porque, para ella, tenía que hacerlo todo estando acá. Y ella sabía lo que estaba pasando pero siguió luchando. Entonces después de todo, lo único que les puedo decir a los jóvenes es que luchen, que sigan luchando como puedan aunque sea difícil, como nos fue difícil a todos nosotros".