Adolfo Pérez Esquivel (SERPAJ)

En 1980, la academia sueca otorgó la distinción al dirigente pacifista argentino. “El premio Nobel de la Paz es un instrumento al servicio de los pueblos.

A 30 años del Nobel de la Paz

Adolfo Pérez Esquivel compartió su testimonio de vida en dos jornadas con las comunidades educativas de la Escuela de Enseñanza Media Nº 1, D. E. 12 “Julio Cortázar” y de la Escuela Primaria Nº 13 D.E. 19 “Presbítero Alberti”.

Sus orígenes

Nació en un humilde hogar de Buenos Aires, el 26 de noviembre de 1931.

“Yo era un pibe que comía un día y dos días no comía. Mi padre era inmigrante, un pescador, que llegó aquí como tantos inmigrantes.

“Mi abuela era una india guaraní, nunca llegó a hablar el español, era una mujer de la selva y por lo tanto era una salvaje, ser salvaje significa ser gente de la selva. Ella era iletrada, pero era una mujer sabia porque comprendía el sentido profundo de la vida. Ella me decía: “Te voy a enseñar la historia de mi pueblo”, y así comencé a comprender lo que son las culturas de los pueblos originarios. Hoy menospreciadas, marginadas, excluidas y sin embargo con una capacidad de resistencia enorme.

Desde chico sentí mucha discriminación en las escuelas porque los maestros nos decían que los indios eran vagos, que no querían trabajar, que hacían malones, pero nadie, ninguno de esos maestros, decía cómo le quitaban las tierras, cómo los expulsaban, cómo los masacraban…hasta el día de hoy. Entonces, no es sólo mi identidad, sino que es un desafío que se respete la vida de los pueblos originarios, su lengua, su cultura, su espiritualidad, el derecho a la tierra.”

“Aprendo de la vida”

*“Comencé a trabajar a los diez años, vendía diarios y después de a poco fui aprendiendo. En la Plaza de Mayo estaban los kioscos de libros que están ahora en Plaza Lavalle. Cuando era chico había un librero con un puesto, nunca supe su nombre y él nunca supo el mío. El era Don y yo era Pibe. Yo compraba libros usados porque no podía comprarlos nuevos. Un día Don me dijo: “Pibe, tengo dos libros. Uno te lo regalo y el otro me lo pagás como puedas”. Y así fue…el libro que me regaló era la autobiografía de Mahatma Gandhi, “Mis experiencias con la verdad”, y me marcó para siempre. El otro libro era “La montaña de los siete círculos” de Thomas Merton. De éste último, yo le decía: “Don, no entiendo nada este libro, la autobiografía de Gandhi sí.” Entonces me dio un método de lectura, de aprendizaje. Me explicó: “Mirá, lo que tenés que hacer es leer una página por día y pensarla. No es leer letras sino pensar lo que las palabras te dicen”. Y así aprendí el método de lectura.

Fui creciendo y trabajé en las parroquias y me formé con los franciscanos. Aunque era travieso, algo aprendía. Después comencé a trabajar en el mismo barrio en que vivía, San Telmo, La Boca. Ahí poco a poco fui tomando conciencia de lo que era la pobreza, que yo la vivía porque no me regalaron nada.

Siempre trabajé desde adolescente en los barrios, en las parroquias, después tratando de compartir con la gente en las villas. Creo que eso es lo que nos hace crecer como personas.

De comenzar a trabajar en el barrio, pasé a trabajar con las comunidades y poco a poco fui avanzando con esto. Siendo adolescente comencé a viajar a Brasil, a Paraguay, al Uruguay, los países limítrofes. Y así me fui acercando poco a poco a la realidad latinoamericana. Conocí mucha gente que me ayudó a pensar, a trabajar, a encontrar los caminos. Uno va creciendo y hasta el día de hoy soy un aprendiz, aprendo de la vida. Muchos maestros míos fueron indígenas, campesinos, hombres y mujeres en distintas partes del mundo, de vivir en las favelas en Brasil o en las villas aquí, acercándome a la gente. Educarnos no es simplemente informarnos, uno tiene que aprender a escuchar”.

Escultor de profesión, Adolfo estudió Arquitectura en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en la Universidad Nacional de La Plata.

“En 1964 no renuncié a mi trabajo docente, me “renunciaron”. Sigo siendo docente, actualmente sigo enseñando en la universidad”.

Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ)

Por el camino de la no violencia, este organismo de Derechos Humanos tuvo su origen en un grupo muy pequeño de cristianos comprometidos. En el proceso de su fundación se señalan dos momentos, uno en Alajuela, Costa Rica, en 1971 y otro en Medellín, Colombia, en 1974, de la que participaron obispos, pastores, religiosos y numerosos representantes de movimientos de base, destacando la presencia de obispos del Tercer Mundo que habían tomado la "opción por los pobres”.

Allí se fijaron tres ejes de trabajo sobre los cuales se creó finalmente el Servicio de Paz y Justicia:

  • 1- el compromiso con los oprimidos en la búsqueda del respeto integral a los derechos humanos, en orden a la construcción de una sociedad más justa y fraterna,
  • 2- vivir el Evangelio junto a los pobres,
  • 3- la orientación no violenta.

“Yo represento al Servicio de Paz y Justicia en América Latina. Nosotros empezamos nuestro trabajo en 1960 desde México. Actualmente estamos en 15 países de América Latina con trabajo indígena. Acá en Argentina trabajamos con jóvenes. Tenemos dos aldeas de “Jóvenes para la Paz”, una en General Rodríguez y otra en Pilar. También trabajamos con los chicos mal llamados “de la calle”, víctimas de la violencia, del paco, de la prostitución, de la persecución. Hacemos un trabajo de acompañamiento y también de buscar soluciones. Yo también, personalmente, estoy trabajando con los problemas de África y Asia. He estado en Irak doce días después de los bombardeos de Estados Unidos y Gran Bretaña sobre la Ciudad de Bagdad.

En este momento estamos trabajando con la Academia de Ciencias del Ambiente de Venecia y vamos a lanzar una campaña internacional para la constitución del Tribunal Penal sobre el medioambiente. Los problemas de contaminación son gravísimos en el mundo, entonces solucionarlos depende de un trabajo organizado a nivel mundial. Por ejemplo, ¿ustedes saben que para sacar el oro y la plata se necesitan dos productos altamente contaminantes como el mercurio y el cianuro? La destrucción de nuestros glaciares significa que el país va a estar contaminado, porque el 60% de su agua sirve para irrigar al país. Por otra parte, hoy el impenetrable en el Chaco ahora es penetrable. Antes se le decía así por las grandes reservas naturales que hoy ya no existen. Entonces, ¿cómo cambiamos esto? Es con la participación del pueblo, con la capacidad de resistencia social. No la resistencia de ir rompiendo cosas, cuidado con eso. Destruyendo no se construye. Hay que pensar, el gran desafío es la creatividad.”

La resistencia en la cárcel

Días después de producirse el Golpe de Estado -el 24 de marzo de 1976-, el Serpaj fue el primer organismo allanado por los militares. En abril de 1977, tomaron preso a Adolfo Pérez Esquivel cuando tramitaba su pasaporte en la Policía Federal. Lo alojaron en un calabozo de castigo en la Superintendencia de Seguridad Federal, donde escuchaba las torturas de otros prisioneros.

“Cuando me metieron en la cárcel estaba a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Nunca fui juzgado, nunca se me acusó de nada, simplemente me sacaron del medio como a tantos otros. Mataron a algunos pero yo soy un sobreviviente, un sobreviviente del horror y de los vuelos de la muerte, el 5 de mayo de 1977.”

“La cárcel para mi fue una experiencia muy dura porque pasé por las torturas, pero también por la resistencia. En la cárcel fui un hombre libre, podían encerrar mi cuerpo, pero no podían encerrar mi espíritu, no podían encerrar mi pensamiento y mi capacidad de resistencia, dentro de la cárcel aprendí a ser resistente frente a las injusticias. Nunca lograron dominarme y nunca lo van a lograr. Soy un militante de la resistencia, y la resistencia debe ser cultural, social, espiritual y política”.

Pérez Esquivel fue liberado dos días antes del partido final del mundial de fútbol de 1978, luego de ser intimidado en un “vuelo de la muerte”, viajes aéreos donde transportaban prisioneros que eran generalmente arrojados del avión. Con la liberación de Adolfo, el trabajo del Serpaj en Argentina se hizo cada vez más intenso. En 1979 se decidió crear oficialmente el Serpaj Buenos Aires.

El Nobel de la Paz

En 1980, la academia sueca otorgó la distinción al dirigente pacifista argentino. “El premio Nobel de la Paz es un instrumento al servicio de los pueblos, sino no sirve, es un instrumento para poder ayudar y llevar la voz de los pueblos, no hay que buscar premios, hay que buscar el trabajo y el servicio a los demás.

Yo nunca busqué ningún tipo de premio, cuidado con esto. El premio vino y lo acepté, y dije desde el primer momento que no lo asumía a título personal sino en nombre de todos los pueblos de América Latina. De todos aquellos que luchan y trabajan por la paz todos los días. En esto soy coherente, se cumplen treinta años desde que me otorgaron el premio Nobel y siempre digo que ese premio Nobel se lo otorgaron a todos los pueblos de América Latina”.

Al recibir el Premio, frente a los reyes y a la academia sueca, pronunció las siguientes palabras: "Les hablo teniendo ante mis ojos el recuerdo vivo de los rostros de mis hermanos: de los trabajadores, obreros y campesinos que son reducidos a niveles de vida infrahumana y limitados sus derechos sindicales; de los niños que sufren desnutrición; de los jóvenes que ven frustradas sus esperanzas; de los marginados urbanos; de nuestros indígenas; de las Madres que buscan a sus hijos desaparecidos; de los desaparecidos, muchos de ellos niños; de los miles de exiliados; de los pueblos que reclaman Libertad y Justicia para todos".

Construir la democracia

“Podemos hablar de lo que pasó en la dictadura militar, eso no fue casual, fue una política impuesta, una política de terror, y esta política tenía objetivos muy claros: imponer un proyecto político, económico y cultural, que llevaba fundamentalmente a robarle a las nuevas generaciones la esperanza de vida y la lucha. La lucha fue en defensa de la vida, de la dignidad de la persona y de los pueblos.

Si nos quedamos únicamente hablando de la dictadura estamos equivocados, porque todo lo que pasó durante la dictadura tiene consecuencias hoy: el aumento del analfabetismo, del hambre, de la pobreza, el cierre de fuentes de trabajo. Los derechos humanos tenemos que verlos en su integridad, no verlos únicamente para atrás, los derechos humanos hoy, las consecuencias del ayer en el hoy. Y la lucha es por construir la democracia.”

“Pero… ¿qué pasa ahora con los derechos humanos?, ¿qué pasa en las cárceles?, ¿qué pasa con las fuerzas armadas? Porque si no cambiamos la mentalidad no podemos construir un país. La democracia no es poner el voto en una urna solamente, votar es uno los ejercicios de la democracia pero no es la democracia. ¿Qué significa la democracia? Los derechos humanos son valores indivisibles de la construcción democrática. ¿Qué significa la democracia? Que no se nos mueran los chicos de hambre, que exista el derecho a la educación y salud para todos, que haya trabajo y libertad de los medios de comunicación. La democracia va más allá de lo formal, es una práctica cotidiana. Una cosa que tienen que tener en cuenta es que la democracia no se regala, es una conquista cotidiana de cada uno de ustedes. La democracia debe ser participativa. Si queremos que el pueblo gobierne, el pueblo tiene que participar, ustedes tienen que participar y tienen que reclamar por sus derechos. Ustedes en este momento deben ser protagonistas y constructores de su propia vida y de su historia. Nosotros recorrimos un camino y les tenemos que pasar a ustedes la posta. Ustedes son los jóvenes que tienen que seguir construyendo con esperanza la vida de un país".