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+ Poesía: “Desayuno”

Un poema y todo su mundo cada 15 días: ¿Quién lo escribió? ¿Cuál es la historia detrás del poema? ¿Qué otras voces evoca?

Martes 14 de julio de 2020

En esta séptima cápsula vas a conocer un poema de Joaquín Giannuzzi: “Desayuno”, del libro Principios de incertidumbre, 1980. El poeta y periodista (1924 - 2004) publicó siete libros de poesía y recibió numerosos premios entre ellos el Municipal y el Nacional de Poesía. Colaboró con La Nación, Clarín, Crítica y también con la revista Sur dirigida por Victoria Ocampo.

Hoy es una referencia dentro del campo literario argentino y latinoamericano.

Fue un poeta fundamental para las generaciones que empezaron a escribir entre los 80 y los 90. Con una estética que escapa al romanticismo y a cierto lenguaje impostado de la lírica, y con sus poemas de tono narrativo que reflejan lo cotidiano, marcó un quiebre dentro de la poesía argentina de la segunda mitad del siglo XX.

El poema

Desayuno

La primera línea de sol divide la mesa del desayuno.

Hay una especie de porvenir en el fulgor de la mermelada

una convicción todavía incompleta entre las tazas

y en el entusiasmo del perro

lamiendo cada cosa que empieza a moverse.

Lo soñado se disuelve

en la profundidad burocrática de la vida real.

El tintineo de la vajilla ¿es una buena señal

para aceptarlo todo nuevamente?

Si todo está bien, si el día vuelve a tragarme,

¿por qué busco un motivo para salir a la calle

y alcanzar sin morirme la esquina próxima?

Posible desatino de la creación

¿soy algo más digno que el perro de la familia

para negar esta nueva oportunidad, un alimento

donde todos van a morder por una ciega razón?

De Principios de incertidumbre, 1980.

Sobre el poema

Por Carolina Esses, curadora de Más poesía:

Para empezar, una aclaración: como dice Fabián Casas (poeta, narrador y lector fanático de Giannuzzi quien fue su maestro) jamás se puede “explicar un poema”, mucho menos “transmitir objetivamente lo que comprendimos”. Por eso estas cápsulas son formas de acercamiento, de orbitar en torno a poemas memorables.

Vayamos al título: escueto, sencillo, como si se buscara señalar un momento en un álbum de fotos. No alude a nada solemne ni rimbombante, no tiene la carga simbólica de “Sirena”, el poema de Irene Gruss (Cápsula 2), ni nos lleva a la lírica de la naturaleza presente en Juanele (Cápsula 1). Giannuzzi elige una escena familiar que se repite casi idéntica en la vida cotidiana de la clase media, urbana; esos hombres y mujeres que se mueven en la “profundidad burocrática de la vida real” y que son los protagonistas de su obra. “Mi hija se viste y sale”, “Final de un día”, “Mañana en la playa”: son algunos otros títulos que reflejan la sobriedad que caracteriza su poesía.

El poema se divide en dos partes. La primera: es de mañana y la casa recién despierta, todo está comenzando, el sol ilumina la mesa, hay convicción –incompleta, según dice el poema, pero convicción al fin– entre las tazas y el perro lame con alegría “cada cosa que empieza a moverse”. Antes de hablar de sí mismo, el poeta se detiene en la escena, más precisamente en los objetos, en las cosas. Esto es fundamental en Giannuzzi y es la huella que va a dejar en las generaciones posteriores. El poeta le escapa al romanticismo que se interna en los sentimientos del poeta tan presente en los años 60 en la poesía argentina. Antes de hablar de lo que le pasa al yo, Giannuzzi se distancia y describe, como si sobrevolara la escena. “Estoy fuera de cuadro”, dirá en otro poema. Por esta inversión que va del sujeto al objeto subjetivado, se lo llamó objetivista. Esto, como veremos más adelante, es cierto sólo a medias. Si quisiéramos compararlo con los poetas que ya vimos, se podría decir que la manera en la que observa se parece a la de Padeletti (Cápsula 5), aunque sin su optimismo y sin nada de su espíritu zen. La estética de Giannuzzi se contrapone con la apuesta de Pizarnik (Cápsula 4) donde el yo está siempre en primer lugar.

La segunda parte del poema, entonces, empieza cuando aparece el sujeto. Primero, a partir de la pregunta que desestabiliza el orden de la mañana, el ritmo de lo establecido: “El tintineo de la vajilla ¿es una buena señal/ para aceptarlo todo nuevamente?”. La pregunta ya instala la duda, y la duda es una marca del sujeto que observa. Luego vienen estos versos maravillosos: “Si todo está bien, si el día vuelve a tragarme, ¿por qué busco un motivo para salir a la calle/ y alcanzar sin morirme la esquina próxima?” Aquí aparece no el dramatismo –esto nunca está en esta poesía– pero sí la carga trágica que tienen muchos poemas de Giannuzzi. Es la tragedia de lo inevitable, de la vida cotidiana. Salvando las distancias temporales, es algo así como lo que planteaba Gustav Flaubert en su Madame Bovary al poner en el centro de la novela la desgracia de un matrimonio de la incipiente burguesía, sus ritos, sus miserias.

Es muy interesante como el poeta yuxtapone un término positivo: “si todo está bien” con otro negativo “el día vuelve a tragarme”. Y más adelante: la “oportunidad” del día que comienza junto a la afirmación de que ese nuevo día no es más que una manzana mordida “por una ciega razón.” Ese diálogo que tiene consigo mismo en sus versos plantea un dilema sin solución. ¿Por qué no aceptar el día que comienza si todos lo hacen? Pero a la vez, ese día que comienza es una farsa, algo que se persigue sin más. Sí, pero ¿y la felicidad del perro, la luz que cae sobre la mesa las tazas del desayuno? Ah, claro pero… Y así hasta el infinito. Estamos encerrados en nuestro ser mortales, en nuestra vida pequeña, y nos guste o no, estas son las cartas con las que jugamos, parece decir el poeta.
“Desayuno” es un poema bellísimo que traza el arco que va de una escena pequeña, mínima, a la angustia de la vida cotidiana. Estos temas están presentes en toda su obra. “Rito privado”, por ejemplo dice: “Pero detrás del vidrio raspado por la lluvia invernal/ soy un fragmento activo, mezclado/ a la desgracia de una época.” Cito otro poema: “Entre verso y verso se instala una pausa/ donde el mundo es puesto en duda.” Probablemente la mejor definición que jamás se haya dado sobre lo que implica el corte de verso.

Giannuzzi por Giannuzzi

  • “La abstracción es la muerte de la poesía. Los grandes poetas del siglo XX se distinguen precisamente por la inmersión en lo concreto.”

  • “Quizá lo que más me interese o me llame como temática no es la muerte personal sino la muerte de un mundo, el estado de disgregación en que nos encontramos, la caída colectiva de la belleza que estamos presenciando; y no tanto la muerte en sí sino los espacios que la rodean, el deterioro a causa del tiempo, el sentimiento de la pérdida, la degradación de la energía espiritual, el quiebre de la unidad. En la poesía de hoy a veces noto que no se responde a este gran drama que nos rodea, en el sentido de que no sangra. A veces uno teme, no que abandonemos las palabras, sino que las palabras, fatigadas, acaben por abandonarnos.”

De una entrevista realizada por Yvonne Bordelois en 2000 y publicada en el nro. 4 de la revista Hablar de poesía.

Si te gusto la recomendación:

  • Otros poemas de Giannuzzi: “Mi hija se viste y sale”, “Principios de certidumbre”, “Crimen perfecto”, “Hipótesis sobre objetos” y todos los poemas de un libro anterior, fundamental, que es Señales de una causa personal (1977). De la mano de Giannuzzi se puede leer a poetas como Juana Bignozzi, Jorge Aulicino y Jorge Fondebrider. Y a los que participaron de la generación del 90 como Laura Wittner y Fabián Casas. T. S. Eliot, Walt Whitman y Eugenio Montale fueron una gran influencia en la obra de Giannuzzi. Esta es una excelente oportunidad para leerlos.

  • Si quieren leer algo de crítica, Sobre Giannuzzi, de Sergio Chejfec (Bajo la luna, 2010) es un libro indispensable como también el libro de ensayos, artículos y trabajos académicos compilados por Jorge Fondebrider, Giannuzzi (Del Dock, 2010).

  • Las obras completas de Joaquín Giannuzzi se publicaron en 2000 por Emecé y en 2015 por Ediciones del Dock con prólogo de Jorge Aulicino.

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