“Que valga la pena ese chispazo entre dos tinieblas”, Pacho O’Donnell

Cultura en Grande amplifica las palabras estimulantes del escritor Pacho O’Donnell, ex secretario de Cultura de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires.. Con sus casi 80 años, nos lleva de viaje a los primeros años de la vuelta a la democracia, al sentido profundo que dio origen al Programa Cultural en Barrios en 1984. Pacho nos sitúa en el pasado como punto de partida para revelar los nuevos sentidos que el programa hoy propone. Además, nos ilumina con reflexiones acerca de su propia vejez activa.

Estuve exiliado durante el proceso militar y volví al país antes de que cayera definitivamente. Tuve el honor de ser designado secretario de Cultura con un gran intendente como fue Julio Saguier. En ese entonces el desafío era definir qué cultura llevar adelante, que se diferenciara de la cultura totalitaria y genocida.

Desde el Programa Cultural en Barrios elegimos un proyecto que incorporase a aquellos sectores que tradicionalmente habían sido excluidos delproces ocultural porque, haciendo una lectura geográfica, veíamos que las instituciones culturales estaban en los barrios bacanes. El recorrido se podía hacer caminando desde el Museo de Bellas Artes al Recoleta, Palais de Glace, Teatro San Martín, Teatro Colón. Todo en pocas hectáreas. La cultura era propiedad de los sectores dominantes. Queríamos demostrar que la cultura no debía ser exclusividad de un sector sino de toda la población.

Se trataba también de sacar a la gente de las catacumbas, de adentro. **Recuperar las plazas, la calle, los parques. En definitiva, la confianza en el otro. Ahora hay miedo de que el otro te contagie. En esos tiempos había miedo a la delación, a figurar en la agenda de alguien, entonces era realmente un desafío hacer que la gente volviera a juntarse sin miedo.

Ese fue el objetivo inicial, profundamente democrático. Y se cumplió maravillosamente bien. Fue una paradoja ya que el proceso militar le había dado mucha importancia a la cultura. La había perseguido tanto, tantas personas de la cultura no habían podido regresar que ésta aparecía como un enemigo muy peligroso. De alguna manera la valorizó y la gente se aprestó a recuperar eso que se había perdido. El PCB también sirvió para rescatar a los que estaban en listas negras: actores, músicos, escritores. Muchos se habían ido afuera y se los ayudó a regresar ofreciéndoles nuevos escenarios.

La idea no era llevar espectáculos al barrio sino que los barrios crearan y se sintieran capaces de generar su propia cultura.

Armamos un equipo con Virginia Haurie como directora. Había una mística que hacía que valiera la pena poner trabajo, horas, creatividad. La idea no era llevar espectáculos al barrio sino que los barrios crearan y se sintieran capaces de generar su propia cultura. Cultura como elemento de trabajo. Aprender a hacer cerámica, baile, talabartería, canto. La cultura como algo inherente al ser humano, no como un proceso que está por encima, que nos sobrevuela, a lo que se tiene acceso.

El lugar de las personas mayores en el Programa Cultural en Barrios

Pienso en la adaptación de todos a la pandemia, sobreviviendo a tanta incertidumbre. Yo estudio, leo, participo de charlas, congresos, reunionespor zoom. Y uno de los temas que me interesa es el de las personas mayores. Me gusta hablar de viejas y viejos, reivindico la palabra vejez, ya que no es una palabra fea, que deba ser evitada. A lo largo de las décadas se fue acentuando nuestra participación en el PCB porque cada vez somos más vecinos mayores en la ciudad.

Algo bueno de la pandemia es que nos ha dado tiempo para pensar en nosotros mismos, sin distraernos en lo cotidiano, el trabajo y los desplazamientos. Para reflexionar sobre qué podemos hacer para que nuestras vidas sean aún más dignas de lo que han sido hasta ahora. Es importante comprender que una de las riquezas de haber vivido un tiempo largo, es que uno está en condiciones de pagar las deudas con uno mismo. Después de la jubilación es el momento de hacer esas cosas que no pudimos hacer antes. De reencontrarnos con nuestros deseos profundos. Recuerdo a una paciente que al enviudar sentía haberse quedado vacía, deprimida, porque no podía encontrar su deseo propio. En un sueño se vio bailando en el Colón, lo cual había sido una fantasía de chica. Recuperó el deseo de bailar, lo hizo en un centro cultural cerca de su casa. De esto se trata.

Después de la jubilación es el momento de hacer esas cosas que no pudimos hacer antes. De reencontrarnos con nuestros deseos profundos.

Hay que tener el coraje necesario para romper prejuicios, para enfrentarnos con la posibilidad del fracaso, de no hacerlo bien. Los adultos mayores nos equivocamos muchas veces, lo que quiere decir que hemos aprendido mucho también. Y queremos seguir aprendiendo. En los últimos momentos de la vida estoy seguro de que nos juzgaremos más por lo que no hicimos que por lo que sí.

Me parece fantástico que el programa pueda reinventarse en el contexto actual. Las posibilidades de relación que propone el PCB son sanadoras porque cuando somos mayores el mundo relacional se nos va achicando por distintos motivos. La soledad es no tener a nadie a quien contarle lo que te pasa. El PCB nos ofrece esta interacción con pares, interesados en lo que hacemos.

El sentido que tuvo el PCB en su creación lo ha hecho perdurar. Me gusta ver el entusiasmo con el que hablan de los desafíos actuales y de cómo se van encarando para seguir dando respuesta al vecino del barrio con nuevas propuestas y formatos. Hoy losientovitalizado, crecido, superando situaciones muy difíciles. A través de Cultura en Grande, ustedes practican también el reconocimiento, la gratitud. Hoy recuerdan que el PCB tuvo un origen y que ese origen tuvo que ver conmigo y por ello les estoy muy agradecido.

Estoy por cumplir los 80 años. Así que esto tiene que ver con una reflexión mía en torno al tiempo y a la muerte. Creo que tengo una única vida y quiero exprimirla todo lo posible. Somos un poco hijos del azar. La vida es azarosa. Y es una obligación darle sentido. Como decía Jean Paul Sartre, “que valga la pena ese chispazo entre dos tinieblas”. Hacerlo con coraje, arriesgando, animándonos siempre a nuevos cambios.