Lealtad

Texto elaborado por Héctor Oscar Auger.

Lo fiero e viví tan largo, e que se traña...
Se…

Si habremo llorau con la Nilda haciendo empaná. ¡Diez kilo e cebolla! ¡Amigo! Lo jo rojo que parecía un entierro de cómo llorábamo. La Nilda era rápida. No me levantaba la narí e la tabla y me hacía guillotinar como válvula e tren. Ta-ca-taca-tacataca-tacatacatacatacataca…. Era rápida. Pa no llorar sería. Y me pasaba un trapo nomá. Si me había usado pa la carne me lavaba pero siempre me secaba enseguida. No me dejaba ocidar. El ócido me come vivo. Nada e grati, hermano. Te aguanto el filo porque soy duro. Puro carbono soy, pero no va que me dejá mojau… ¡Me hacé morí!

¿La Azucena? ¿La nieta e la Nilda? Vaga era la piba, linda. Me usaba pa lo que venga. Quiso aflojá tornillo conmigo. ¡Loca estaba! ¿No ve que me doblá la punta, piba? Detergente y agua caliente y chau. Que me seque el aire. Yo decía: si me queré matar tirame en la fundición y a otra cosa mariposa. Pa vivir así… Me hacé sin filo, destemplau y con la herrumbre… Nada que ver con la abuela.

La Nilda, querida. Me agarró cuando lo bajaron al Negro, y ahí me empezó la buena vida. Jah...

El Negro era bravo. A él le debo el cabo e marfil. La empuñadura a la medida e su diestra. Me distingue. ¡Por favor! ¡Si seré junau!...

Hoy, visto funda e cuero. El Tomasito no e como la Azucena. Na que ver. De pibe ya le decía: “¡mamá, secalo que se ocida, te dije!”…

Lindo bulín. Modernito. No sabe usar la piedra, ¡pero se me vino con una chaira! Así que basta con que salga e la funda, se me viene la frotadita. Lo único que me tiene preocupau e un fierrito que pusieron en la pare la mesada. ¡Tiran los cuchillo ahí quedan pegau! ¡Tanto andar pa terminar letrocutao!... Bah, no va que lo tengo merecido. Vaya sabe tanto maulaje con el bisabuelo ‘el pibe… la justicia e lenta pero a vece llega.

Con el Negro era ver salir al febo casi to lo día. Si me habrá hundido en triperío. El Negro me tenía hecho un bisturí. Media horita e piedra to la mañana mientra la Nilda le cebaba. Jah… si habré vuelto chorreando sangre e cristiano despanzurrau.

En el cinto ‘el Negro hacía roncha.

ero el alcohol... Tan empedado estaba esa noche que otra mano lo madrugó y me arrebató e la cintura e mi patrón. Y ahí me pasó lo peor que le puede pasar a una hoja: le entré a carne propia, carajo. Y hasta el hijo e puta sabía que yo era tan del Negro que ni me sacó. Me dejó clavau en la hígado e mi dueño. Tirau en un charco. No quedó nadie pa cerse cargo. Tardó en venir el vigilante. Bastante tiempo como pa que sienta como el latido furioso se iba amanzando. Quedé clavau en el hielo. Frío, duro, mirá…

¿Pa qué mierda viví tan largo?


Lealtad, por Héctor Oscar Auger.