Fiebre

Texto elaborado por Jorgelina Vera.

Hay un olor a asado vandálico. Por allá susurran cumpleaños. Para ser sábado a la noche de luna llena, todo es poco. Cuatro luces, una brisa; y la opresión de lo que no se ve. No se ve no por la oscuridad, sino porque nadie se deja ver. Hay un encierro temeroso. El ascensor del edificio de enfrente quedó anclado en el sexto y dejó de marchar a las 20 horas clavaditas. Una pena. Con tantas luces y disponibilidad para coquetear con todos los edificios vecinos, ahí se queda hasta mañana. En las épocas de las ventanas de oro se encontraban historias interesantísimas. Sólo había que asomarse y mirar. Se exhibían todo tipo de géneros. Romántico en el octavo, comedia en el segundo, fantástico en el quinto, erótico en todos menos en el primero... Cada ventana tenía una indiscreción muy concreta. ¡Otras épocas! Hoy, en cambio, las ventanas libertinas descubiertas tienen denuncias. El suspenso toma el vecindario. Las muertes son descomunales. El miedo cala los huesos. Sigo mirando esperanzada, pero cada vez hay menos para ver. ¿O es que no quiero ver? ¿O es que no veo lo que se ve? Se apaga la última luz y todo se va a negro.


Fiebre, por Jorgelina Vera.