Calesita

Texto elaborado por Gisela Ana Canggiani.

Cuando sea grande quiero tener ese vestido celeste camisero que a ella le queda tan bien.

Ella me saluda con la mano mientras paso sentada en el caballito verde con dorado, que por lejos es mi preferido de la calesita.

Ojalá que después me pueda comprar, aunque sea dos vueltas más, yo siempre quiero seguir, pero a veces no tiene plata y hay que volver. Hay días que le pido para quedarme y miro la calesita dando vueltas veo sus colores girar, las luces moviéndose y la música de los Parchís me dan ganas de bailar.

El vestido celeste me queda ajustado, yo lo recordaba más holgado en la cintura, no se sí era mi percepción o es que ella realmente era más flaca. Qué bueno que la moda se recicla siempre y estoy a tono de lo que se usa. Caminamos lento, la chiquitita no se quiere apurar hoy, pero en cuanto vea la calesita le va a encantar.

El caballito verde con dorado sigue estando allí, un poco gastado pero firme dando vueltas sin marearse. Me parece bastante más chico que en esa época. La ayudo a subirse. Feliz mira extasiada a su alrededor. La música que no logro descifrar está sonando y le explico sobre la sortija mientras de a poco arranca a moverse la calesita.

Ella nunca me explicó como agarrar la sortija, así que observo a los otros chicos hacerlo y me pregunto para que servirá, pero algo bueno debe ser porque todos sonríen cuando la agarran (menos el calesitero). Esta vez voy a animarme, cuando vuelva a pasar por ahí, por ahora miro la cara oculta de la calesita, esa que sólo veo cuando la calesita gira.

La veo girar y la pierdo de vista. Me da un poco de miedo y siento por un momento que no va a volver, pero la calesita vuelve a girar y la chiquitita aparece y me saluda. ¿Ya habrá visto la cabina donde guardaban esos muñecos horribles y sucios que regalaban con la compra de un pase por un mes a la calesita? Sentía que era el lado oscuro y abandonado de la calesita, por suerte siempre estaba mamá esperándome del otro lado, aunque la veía distraída muchas veces, ¿en qué pensaría? Podría pedirle a Julián que traiga del supermercado arroz para hacer un guiso, le voy a mandar un audio así compra leche y galletitas para mañana si su jefe se dignó a pagarle en fecha esta vez.

¡Agarré la sortija! ¡Al fin! Voy a poder dar una vuelta más según lo que me dijo mamá cuando le mostré y le pregunté tres veces para que era, a veces siento que no me escucha, son tan raros los adultos a veces...

¿Cómo hacía mamá para traerme a la calesita, preparar la comida y cuidarme ella sola? Yo cuento con Julián y siento un agotamiento que quisiera dormir diez días seguidos. Mamá estaba siempre distraída, pero a la vez presente, y aunque no teníamos plata se las arreglaba para hacerse algún vestido y estar a la moda, como cuando se hizo este vestido camisero celeste que me gusta tanto... ella estaría orgullosa de mí si estaría acá y yo la abrazaría, como cuando venía a la plaza y miraba la calesita y su lado oscuro.


Calesita, por Gisela Ana Canggiani.