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¡Victoria! Floreció el irupé

Esta semana floreció por primera vez la Victoria cruziana que vive en el Jardín desde hace un mes.

Lunes 3 de febrero de 2020

Sus bellas hojas como fuentes ya eran bastante belleza. Pero la floración, es exquisita.

La especie es nativa y endémica en las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay, en su paso por Argentina, Bolivia y Paraguay. Pertenece a la familia de las ninfeáceas como su “hermana mayor”, la Victoria regia, que crece más al norte, en las cuencas del Amazonas y otros ríos de zonas cálidas.

El género, nombrado en honor de la Reina Victoria de Inglaterra, se describió por primera vez para la Victoria regia.

Años más tarde, Amado Bonpland descubrió que los ejemplares que había en Corrientes no pertenecían a la misma especie. Pero fue Alcides D’Orbigny quien le puso el nombre de cruziana, en honor a Andrés Santa Cruz, el caudillo boliviano que, como presidente, había financiado la expedición científica.

Victoria cruziana tiene una característica particular en su proceso de polinización. La planta es capaz de producir calor para hacer más notable el fuerte aroma a ananá de las flores y así atraer a los polinizadores, unos pequeños escarabajos. La flor es femenina y masculina pero en diferentes momentos, lo que hace muy difícil su fecundación y posterior fructificación, para la obtención de semillas, si no hay polinizadores o si no se poliniza manualmente.

Abre durante las noches y cada flor dura solamente dos días. En la primera noche, atrae a los insectos que, llegando desde otras flores, traerán polen. En ese momento, solamente los órganos femeninos están maduros. Al amanecer, la flor se cierra, atrapando a los insectos dentro.

Durante el segundo día, maduran los estambres y cubren de polen a los insectos encerrados. En la noche, la flor volverá a abrirse para que los polinizadores lleven el polen a otras flores.

La Victoria cruziana del Jardín Botánico fue donada en diciembre de 2019 por Javier Tarillo Egner (Vivero Naturalia) y es cuidada con pasión por nuestras técnicas Gabriela Cutrera y Silvia García Lois, junto a los voluntarios del Jardín.

Se la conoce también como irupé, nombre venido del guaraní que significa platos del agua y ha servido como objeto de diversas leyendas entre los pueblos originarios, desde las más románticas a las más trágicas.

Desde el inicio de los tiempos, los irupés han vuelto al Jardín Botánico para dar a nuestros visitantes un regalo especial de belleza.

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