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La yerba y los botánicos

Cuando llegó la colonización, los pueblos originarios ya tomaban mate. Desde entonces, el cultivo fue una de las estrellas de la cultura nacional. Y nuestro Jardín Botánico, un actor imprescindible.

Martes 3 de septiembre de 2019

Cuando los jesuitas se instalaron en el noreste argentino, la yerba mate ya era producida por los indígenas y constituía una importante fuente de ingresos de las reducciones. A fines del siglo XVIII, luego de la expulsión de los jesuitas, los yerbales como explotación productiva se fueron perdiendo.

Ambrosetti, en su viajes de estudios, ya observaba también que los yerbales habían sido destruidos y que era difícil la reposición por la dificultad de producir nuevas plantaciones. El comentario de la época era “los jesuitas se llevaron consigo el secreto de su plantación y todo lo que se haga al respecto es inútil”.

Así, llega a Thays la preocupación sobre las posibilidades de este cultivo: la yerba mate (Ilex paraguariensis) con fines industriales no podía desarrollarse con la magnitud que el país requería : “la yerba mate, cuyo producto se utiliza en la mayor parte de las naciones sudamericanas, alcanza una producción elaborada de cien millones de kilos...La bebida estimulante que se extrae proviene de la disecación y pulverización de sus hojas, produciéndose un polvo con el que se hace una infusión por medio de utensilios especiales y de gran simplicidad”.

Ante la necesidad de importar grandes toneladas desde Brasil y Paraguay para satisfacer el consumo interno, además de la manera en que se arrasaban los yerbales existentes para cosechar sus hojas, Thays emprende la tarea de investigar los métodos de germinación de las semillas. Esto ya había sido enunciado (aunque dejados en olvido) por el sabio naturalista Aimée Bonpland, quien había vivido muchos años en las misiones jesuitas.

En 1895 recibe desde Paraguay a través de Honorio Leguizamón las primeras semillas de yerba mate y gajos de plantas. Los gajos no prosperaban; morían. Pero después de varias experiencias, logró hacer germinar las semillas, al someterlas a una prolongada inmersión en agua a elevada temperatura. Comienza así a difundirse su metodología, que llegó a publicarse en el Boletín de la Sociedad Nacional de Agricultura del Paraguay.

No satisfecho Thays con conocer el método de multiplicación de la yerba, su interés fue también averiguar la composición química del material que crecía en Buenos Aires comparado con las zonas de producción habitual. Así, se contacta con Pedro Arata, químico, médico y educador, a cargo en ese entonces de la Oficina Química Municipal. Arata sería años más tarde Rector del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria de la Nación (que en 1909 se incorporaría a la UBA como Facultad de Agronomía y Veterinaria) y del que fue su Rector y docente hasta 1911.

Reproducimos la nota, cedida generosamente por el Prof. Dr. Diego Medan, investigador de los archivos y biblioteca de Pedro Arata.

Carta de Thays a Pedro N. Arata

Dirección General de Paseos Públicos

Inportante (SIC)

Sr. Dr. P. N. Arata Presente Muy estimado Señor, Ud. quizá tendrá conocimiento de que he podido reproducir la Yerba mate, en Buenos Aires, por medio del sembrado.

Actualmente tengo 450 plantas en perfecto estado de vegetación y que han probado su completa resistencia, en plena tierra y sin cubrir con un frio de -3º durante varias noches.

Quedando comprobada así la “rusticidad” de la planta, es de alto interés saber si las hojas y brotes formados aquí tienen la misma composición química que la cosechada en el Paraguay, Misiones, etc.

Y por eso le vengo a pedir se sirva informarme cual es la cantidad mínima de hojas que precisa Ud. para verificar el análisis.

Se las remitiría como así otras hojas similares he recibido de Brazil.

Si le interesa a Ud. ver las plantas, están aquí, canteros 16 y 6, donde tendría el mayor gusto en recibirlo cualquier día, de 6 a 10 a/m o a la tarde, teniendo la amabilidad de anunciarme de antemano.

Sin más, lo saluda muy atentamente

Carlos Thays

Febrero 16, 1898.

Adjunto 2 números de “El Tiempo”, donde se habla del asunto.

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