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La Usina del Arte, un espacio cultural de todos

Macri inauguró el renovado edificio ubicado en el corazón de La Boca

El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, dejó inaugurada hoy la “Usina de las Artes”, un espacio especialmente diseñado para la música, la danza y la plástica en el corazón de La Boca, que “se integra a los barrios del sur y en el amplio contexto cultural de la Ciudad”.

“Mantenemos la dinámica de la propuesta de cultura que va en sintonía con la reinauguración del Teatro Colón, de la refacción del MAMBA, los festivales de Tango y el BAFICI”, sostuvo Macri.

El jefe de Gobierno estuvo acompañado por su esposa, Juliana Awada; la vicejefe de Gobierno, María Eugenia Vidal; el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, y los ministros de Desarrollo Urbano, Daniel Chain; de Cultura, Hernán Lombardi, y de Desarrollo Económico, Francisco Cabrera.

También asistieron el expresidente y ex jefe de Gobierno, Fernando De la Rúa, y el ex jefe de Gobierno Jorge Telerman quienes fueron especialmente invitados.

Los funcionarios recorrieron las instalaciones y luego asistieron a la función que ofreció el maestro Horacio Lavandera en la Sala Filarmónica de la Usina.

"Con esfuerzo y trabajando con planificación y razonabilidad hemos logrado concretar una gran obra que incorpora lo contemporáneo sin agredir el diseño arquitectónico de un edificio histórico que, a partir de ahora, se va a convertir en una cuna de creatividad para las artes escénicas y visuales”, dijo Macri.

El renovado complejo ocupa una superficie de 15.000 metros cuadrados y cuenta con una sala para conciertos filarmónicos con capacidad para 1200 personas y otra para orquestas de cámaras con 400 butacas.

También dispone de espacios para la realización de espectáculos de danza, exhibiciones de artes plásticas, muestras y exposiciones.

Ubicado en avenida Pedro de Mendoza entre Caffarena y Benito Pérez Galdós, el edificio fue construido por la Compañía Italo Argentina de electricidad, entre 1914 y 1916 sobre la base de un proyecto del arquitecto Juan Chiogna.

El proyecto, que da respuesta al doble objetivo de equipamiento cultural y promoción de los barrios del sur de la Ciudad, permitirá fundamentalmente la presentación de orquestas sinfónicas y de cámara, espectáculos de danza y la realización de exposiciones de artes plásticas.

Contempla Sala Sinfónica, Sala de Cámara, Sala de Ensayos, Foyer, Salón, Sala de Exposiciones, Patio de Acceso, Anexo “Calle Interna” y Camarines, entre otros espacios dedicados a la artes.

La labor ejecutada por el Ministerio de Desarrollo Urbano, que conduce Daniel Chain, se hizo a partir de un diseño que respetó el estilo renacentista florentino del edificio original adecuándolo para su nuevo uso mediante la restauración de fachadas y otras múltiples tareas de refacción y construcción.

Esos trabajos incluyeron la reubicación y el reforzamiento de estructuras metálicas, la demolición de paredes de hormigón y el acondicionamiento acústico del edificio.

La sala sinfónica tiene tres niveles de palcos, pullman y bandejas laterales y también está provista de un escenario móvil, un reflector acústico suspendido sobre el escenario y una sala de control.

Otro ámbito principal es el Salón Dorado, que comprende un área de de 59 metros por 18 metros con una altura libre máxima de 20 metros.

Se trata de un amplio espacio flexible que resulta óptimo para la realización de diferentes eventos, con fachadas internas revestidas en piedra Paris, basamento de granito y molduras y capiteles recuperados de gran valor patrimonial, al igual que los balcones del Anexo Pedro de Mendoza que asoman sobre el Salón y poseen sus barandas originales completamente restauradas.

En el piso del Salón y en coincidencia con los huecos entre los pórticos del piso inferior se han dispuesto solados de ladrillos de vidrio a fin de entregar luz cenital a la sala de exposiciones.

En la totalidad del edificio se han restaurado las carpinterías originales adicionando una doble ventana a fin de mejorar el acondicionamiento acústico y térmico.

A ocho años de su desactivación, la Usina era un edificio con una gran envolvente de ladrillos degradada por falta de mantenimiento.

Tuvo sucesivas ampliaciones en los años 1919 y 1921 para aumentar el suministro de energía eléctrica que demandaba el incesante incremento de los establecimientos fabriles y la electrificación de las redes tranviarias en una ciudad que crecía aceleradamente.

Pasó luego a manos del Estado Nacional y operada sucesivamente por las eléctricas SEGBA y EDESUR y la metalúrgica ACINDAR, hasta que la Ciudad de Buenos Aires lo adquirió definitivamente para salvaguardar un bien de gran valor patrimonial, cultural y arquitectónico.

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