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El invento que ayuda a personas con poca o nula movilidad de miembros superiores

"Giromouse" fue armado por chicos que estudian Ingeniería Electrónica en la Universidad de Buenos Aires. Recibieron el primer premio del programa Potenciate, que organiza el Gobierno porteño. Una historia de esfuerzo y vocación que beneficia a pacientes y también a la ciencia.

Lunes 17 de abril de 2017



Facundo Cancino, al igual que sus amigos inventores, no es un chico común y corriente. Inquieto, inteligente, locuaz, convincente, también un poco curioso, este pibe de 24 años pero que parece mucho menos, tuvo la genial idea de sentar a su papá neurólogo y hablarle de lo que por entonces era un "tibio proyecto" que hoy se transformó en una "saludable realidad".

"Giromouse" se llama hoy aquella linda locura juvenil, que comparte con sus fieles laderos y compañeros de Ingeniería Electrónica en la Universidad de Buenos Aires: Ivan Isaack (Gualeguaychú), Matías Ñañez (Ushuaia) e Ivan Di Vito (Beccar).

Giromouse funciona así: se pone como si fuese una vincha y tiene sensores que tensan el movimiento de la cabeza.



Pero, ¿de qué trata "Giromouse"? Es un aparato que permite a personas con poca o nula movilidad de miembros superiores, por el motivo que sea, desde una lesión hasta un accidente cerebrovascular, volver a manejar una computadora, una tablet o un smartphone.

Funciona así: se pone como si fuese una vincha y tiene sensores que tensan el movimiento de la cabeza. Es decir, a partir de esos giros de la propia cabeza, "Giromouse" direciona el cursor de la computadora de manera horizontal y vertical. Además, posibilita hacer click con distintos tipos de sensores, a través de gestos. Uno puede hacer clik levantando la ceja, o si no tiene la movilidad de la ceja, sólo con dejar quieto el cursor durante una cantidad de tiempo.

Ese equipo, como les gusta definirse, fue dándole vida a su “obra maestra”, a partir de la prueba y el error. Al principio, admiten, era un paso hacia adelante y dos para atrás. Muchos golpes contra la pared, muchas decepciones, muchas trabas, muchos "no" en el camino. La adversidad, sin embargo, nunca los frenó.

Lo armaron chicos que estudian Ingeniería Electrónica en la Universidad de Buenos Aires. Recibieron el primer premio del programa Potenciate, que organiza el gobierno porteño.



Hasta que se animaron a presentarse en el programa Potenciate, que organiza la Ciudad de Buenos Aires, a través de la Dirección General de Políticas de la Juventud. Sorprendieron de entrada, fueron superando etapas y el premio final del concurso fue suyo. Aplausos, más 100 mil pesos que ayudaron y van a seguir ayudando por un tiempo.

"Potenciate es un programa generador de oportunidades. Ganas y talento hay mucho en este país y nosotros queremos que todos puedan demostrarlo. Nuestros jóvenes son el futuro, pero también el presente y por eso queremos estimularlos a que concreten sus sueños. Este año contaremos con cinco categorías y seguramente se inscribirán más chicos", describe el vicejefe de Gobierno de la Ciudad, Diego Santilli.

"Empezó como una especie de juego", recuerda Facundo, quien agradece día y noche la mano "no sólo monetaria que nos dio mi viejo (Jorge) para poder ponerlo en marcha. Nos bancó en serio, con guita, también prestándonos la casa en Villa Crespo, pero fundamentalmente con sus consejos. Todo el tiempo nos fue marcando la cancha. Fue un guía, un director técnico en las buenas y en las malas".



"Lo importante es que desde que empezamos, hubo mil versiones de 'Giromouse'. Es que nos fuimos dando cuenta de su aplicación a partir de las pruebas con los pacientes. Ellos nos decían, 'esto conviene, esto no conviene…' ¿Y a quién íbamos a escuchar, entonces? Por supuesto, a quienes lo van a usar. En su momento, por ejemplo, lo pensamos con cables y después de un tiempo y de sabios consejos, llegamos a la conclusión de que debemos ir por lo inalámbrico". Lo dice convencido Ivan Isaack, un entrerriano orgulloso de su Gualeguaychú.

"Empezó como una especie de juego", recuerda Facundo, quien agradece día y noche la mano "no sólo monetaria que nos dio mi viejo (Jorge) para poder ponerlo en marcha."

Cada uno tiene un rol dentro del equipo. Facundo, orgulloso estudiante del Nacional Buenos Aires, es quien "diseña y más..."; Ivan es "el financista que le saca agua a las piedras..."; Matías y el otro Ivan, son los que están “en todos los detalles técnicos para que la máquina progrese...". Les gusta usar la palabra equipo, "porque une y nos hace más fuertes", detallan.

En el infinito anecdotario, les viene a la mente los primeros días de 2015, cuando en las tortuosas clases de Algoritmos de la UBA no hablaban entre ellos de otra cosa que de "Giromouse". Ahí Facu los convocó a su casa de Río de Janeiro y Lambaré para "empezar a bocetear... ¡Esos primeros días eran cualquier cosa..! Hasta que llegó un momento en el que nos dimos cuenta de que debíamos dar un giro y tomar a Giromouse como un trabajo... Con horarios fijos, responsabilidades y disciplina. Eso fue clave para avanzar", admite Isaack.

¿Y lo que viene? ¿Cuál es el próximo invento que tienen en mente? Ríen cómplices, como si la respuesta (que seguro la tienen) fuese un secreto de estado, que se juramentaron no revelar, al menos por ahora, ante nada ni nadie. "Nuestra prioridad hoy es 'Giromouse' y no vamos a descansar hasta que quede como queremos", cierran en equipo, como siempre.

Nota a Facundo Cancino en La Once Diez