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Filippini restaurado en General Pico: La memoria en movimiento

Las películas silentes de Domingo Mauricio Filippini tienen méritos propios en lo etnográfico, lo formal y lo estético. Estuvimos en el Festival Nacional de Cine de General Pico.

Miércoles 12 de julio de 2017

Las películas silentes de Domingo Mauricio Filippini tienen méritos propios en lo etnográfico, lo formal y lo estético, totalmente lejos de que su valor se reduzca a tratarse de meras reliquias: son descripciones completas y ordenadas de espacios, épocas, eventos sociales y naturales, en los que el director no se priva de ostentar trucos de cuadro y montaje, o de permitir a las personas registradas mostrar sus dotes actorales y humorísticas. Son pocas las ocasiones en las que tenemos la oportunidad de mostrar distintas etapas y aristas de nuestro trabajo en unos pocos días consecutivos -aun menos en la misma ciudad donde fue capturado el material que presentamos-, y nuestra visita a la provincia de La Pampa fue una de ellas.

El Festival Nacional de Cine de General Pico es organizado por la Asociación Italiana XX de Septiembre de Socorros Mutuos -presidida por José Luis “Bichi” Angelucci-, con la dirección artística de Pablo Mazzola. Lleva apenas tres ediciones, pero avanza a pasos agigantados en la construcción de una cultura cinematográfica amplia y entusiasta, con sus ciudadanos y los habitantes de las regiones aledañas. La programación es variada, las condiciones de proyección son inmejorables (ayuda bastante lo imponente de sus dos salas, el Cine & Teatro Pico con 500 localidades y el Gran Pampa con 700) y el trato con los espectadores y los invitados es ameno y descontracturado. Lo más importante es que esta estructura no se desmonta completamente una vez finalizado el material, y durante el resto del año a la cartelera comercial se suman ciclos de cine alternativo y la programación de una sala del circuito Cine.Ar (anteriormente llamado Espacios INCAA). El público está continuamente en contacto con una oferta heterogénea, a la que puede acceder en una calidad definitivamente superior a las capacidades hogareñas: un ejemplo a pequeña escala del camino que deberían seguir las grandes cadenas en todo el país.

Las tres proyecciones del material restaurado por el Museo del Cine -originalmente se habían programado dos, y el festival agregó la tercera apuntando al público infantil y la demanda del público- tuvieron todos y cada uno de los condimentos que las convierten en eventos únicos: la respuesta enérgica y positiva de un público numeroso, la emoción de todos los involucrados en la conservación, restauración y proyección del material; y la sensación unánime de estar asistiendo al reestreno de una historia nunca vista de esta manera, en el mismo lugar en el que se produjo. Después de las tres funciones pudimos dialogar con el público, que nos ofrecía sus opiniones sobre las películas y datos sobre las personas y lugares registrados, un apellido que les resultaba conocido o alguien que podría brindarnos mayor información. Además, reafirmamos con sus reacciones positivas que cualquier material, por más antiguo o atíṕico que resulte en principio, puede ser accesible si se lo presenta de la manera adecuada. Pudimos contar con el acompañamiento musical de Daniel González y Aldo Iranzo, y las presentaciones de Pablo Mazzola dieron el espaldarazo y contexto necesarios. Al finalizar la tercera función, en la sala Gran Pampa, niños y adultos conocieron la casa y estudio de Filippini -sede de la Asociación Italiana XX de Septiembre-, donde había sido realizada “Galería Cinematográfica Infantil”. Todo el staff del festival fomentó continuamente nuestro nexo con el público, y el del público con la historia de su ciudad. En nuestras proyecciones nunca dejamos de mencionar y recomendar el Museo Regional Maracó, que dedica gran parte de su espacio a los objetos y la producción de la familia Filippini.

Con la moderación de Ana Contreras, asistente de programación del festival, el domingo 18 se realizó el Encuentro Memoria Audiovisual Pampeana, en el que dialogaron Paula Félix-Didier (directora del Museo del Cine), Carolina Cappa del área de Cineteca y José Ignacio Roca, director del Archivo Histórico Provincial “Profesor Fernando Aráoz” de La Pampa. Tan satisfactoria como la afluencia de público fue la agudeza de sus preguntas e intervenciones, recorriendo las cuestiones más urgentes del patrimonio audiovisual de la región, las necesidades de respaldo legislativo, las posibilidades técnicas de mejorar la situación actual y las cualidades técnicas más sorprendentes del cine de Filippini, además de los detalles de su restauración y conservación por el Museo. Una hora después, los integrantes del encuentro y otros invitados del festival dialogaron en el aire de “La muralla y los libros” de FM Nacional Folklórica, co-conducido por Ana Da Costa y transmitiendo en dúplex con la frecuencia de Radio 5 de General Pico, gracias a la gestión de su staff junto a Paola Pelzmajer, Pablo Mazzola y José Luis Angelucci, quien luego de ser entrevistado no ocultó su emoción por el alcance masivo que cobró el evento que preside, a tan solo tres ediciones de su comienzo.

José Ignacio Roca nos había recibido dos días antes, en la sede del archivo que dirige en la ciudad de Santa Rosa. El esfuerzo de este ente (y de la gestión anterior de Analia Caballero en la Secretaría de Cultura) fue fundamental, facilitando las copias de nitrato que se conservan en el Museo del Cine desde 2014, y que fueron restauradas el año pasado. El Archivo fue desde el comienzo cuidadoso y atento a las particularidades del material y sus requerimientos técnicos, y en nuestra visita pudimos concertar las políticas y pasos futuros sobre el resto del material audiovisual, que tras la donación de la familia Filippini se conserva en Santa Rosa, en cintas de acetato con distintos grados de integridad. La idea en común es que la mayor cantidad posible de cintas permanezcan en La Pampa, para que sus ciudadanos tengan el acceso que merecen y que la preservación adecuada del material no deba centralizarse en Buenos Aires. Nuestro paso por el festival y el archivo provincial ratificó un buen panorama hacia el futuro: el público demostró su interés en reconstruir su memoria audiovisual, y el cine de Filippini queda en buenas manos.

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