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Gabriel Chaile: Patricia

Desde el 11 de marzo hasta el 18 de junio.

Esta es la primera gran exposición en un museo del joven artista tucumano (n. San Miguel de Tucumán, 1985) y fue diseñada para la Sala de Proyectos Especiales del Moderno. Allí se exhiben una escultura, una instalación y una escritura ilegible, tres obras que se relacionan con necesidades básicas como la alimentación, la vivienda y el trabajo.

Patricia, la escultura que le da nombre a la exposición, es una diosa-horno de adobe que se ubica en el centro de la sala. En ella, Chaile relaciona una figura materna, una cerámica antropomorfa de la cultura candelaria de Tucumán y un horno de barro para hacer pan, todos elementos vinculados a la fertilidad, a la historia del arte y al alimento.
Por otro lado, al fondo de la sala, se encuentra la instalación Los jóvenes olvidaron sus canciones, un entrepiso de madera realizado como un obrador de construcción con un colchón: una cama-encofrado que relaciona la precariedad de los materiales con la necesidad de un espacio habitacional. Por último, Forma y Razón hace referencia a la trasmisión de los saberes por medio de los oficios. Se trata de una escritura cuneiforme diseñada sobre las líneas de polvo de ladrillo de una chocla de albañil. En la obra, Chaile imagina un lenguaje ilegible para la trasmisión de un oficio que se aprende en la práctica: un código compartido por una comunidad de trabajo.

Gabriel Chaile nació en San Miguel de Tucumán, ciudad en la que vivió hasta 2009, cuando se mudó a Buenos Aires para continuar su carrera de artista.

“Tucumán es densa en sus formas y en su historia, desde la resistencia de los indios Quilmes en la Conquista, hasta la del cierre de los ingenios de azúcar en los años ’70”, describe.

Su familia, el desplazamiento y la densidad que acarrean los objetos y los materiales a través del tiempo son hilos conductores que atraviesan sus obras desde esos primeros años.