Tu navegador no está actualizado. Tiene conocidas fallos de seguridad y podría no mostrar todas las características de este y otros sitios web. Aprendé cómo podes actualizarlo.

Nudge

La Economía del Comportamiento propone complementar las habituales formas de política pública (prohibiciones, multas, incentivos) con una forma de intervención que altera la forma en que las opciones y la información son presentadas al vecino, pero sin restringir las alternativas disponibles ni coartar la libre elección de los individuos.

La elaboración de política pública ha estado tradicionalmente orientada a un único individuo: el ser racional, o lo que el mundo académico conoce como Homo Economicus. Aquel que toma sus decisiones con información perfecta, conociendo y maximizando sus preferencias en base a cálculos semejantes a los de una computadora.

Sin embargo, una breve observación de nuestras propias decisiones, y aún de la especie humana en general, permite concluir que tal comportamiento se encuentra alejado de la realidad. La racionalidad abre muchas veces paso a emociones, sesgos, impulsos y acciones automáticas que distan de nuestras intenciones y preferencias reflexivas.

Esa brecha entre el individuo racional que inspira a la política pública y el individuo real genera la proliferación de regulaciones ineficientes y complejas que no nos ayudan a superar nuestros predecibles sesgos cognitivos. Esta distancia deriva en costos para el Estado y la sociedad en su conjunto, pero fundamentalmente para los vecinos con nombre y apellido, que por la toma de decisiones irracionales no pueden cumplir de manera total sus deseos respecto a su salud, economía, educación o a la Ciudad que quieren habitar.

La Economía del Comportamiento, una disciplina en boga a nivel mundial, viene a dar respuestas a esta problemática. Para la misma, las decisiones dependen del entorno en que son tomadas o del modo en que las alternativas son presentadas. Modificar esa arquitectura de opciones (que por otra parte nunca es neutra), permite acercar las decisiones y acciones cotidianas a resultados considerados deseables por los propios individuos, reduciendo la mencionada brecha.

Para lograrlo, la Economía del Comportamiento propone complementar las habituales formas de política pública (prohibiciones, multas, incentivos) con una forma de intervención que altera la forma en que las opciones y la información son presentadas al vecino, pero sin restringir las alternativas disponibles ni coartar la libre elección de los individuos. Esta modificación sobre el contexto decisorio es conocido como "nudge", en tanto implica un empujoncito al individuo en una dirección predecible y beneficiosa, favoreciendo decisiones racionales. El nudge constituye una intervención controlada: tras diagnosticarse la problemática, se diseña y evalúa de forma experimental y rigurosa, lo que permite conocer certeramente su impacto y favorecer su replicabilidad.

El nudge está siendo aplicado por agencias gubernamentales e independientes en Dinamarca, Gran Bretaña, Singapur, Estados Unidos, Australia y Chile, actuando sobre campos tan diversos como la política fiscal, la protección ambiental, la salud, la educación y el ahorro. E interesantemente, también se aplica sobre los propios decisores de políticas públicas, para que sus determinaciones surjan de un proceso reflexivo y racional que resulte en regulaciones más simples y medidas más beneficiosas para los vecinos.

Tomando el marco conceptual de la Economía del Comportamiento, e incentivados por el éxito de las experiencias internacionales, la Unidad de Evaluación de Programas (UdEP) ha comenzado a transitar el camino del nudging en la Ciudad de Buenos Aires. Para esto, trabaja colaborativamente con distintas áreas de gobierno a fin de generar intervenciones enfocadas ya no en decisores calculadores y racionales, sino en los vecinos reales con sus emociones y sesgos. Estos empujoncitos nos ayudarán a vivir una vida más saludable, próspera y feliz, en el marco de una Ciudad aún más linda.