Vera Jarach

Vera Jarach es la mamá de Franca Jarach, detenida – desaparecida el 25 de junio de 1976 cuando tenía tan sólo 18 años de edad. Acorde con nuestro objetivo de recuperar la memoria histórica, recopilamos su testimonio en este “Archivo por la Memoria”.

La historia de Vera

Vera nació en Italia y siendo pequeña sufrió las consecuencias de la violencia e intolerancia fascista, debiendo su familia emigrar a Argentina. Aquí pudo crecer, estudiar y desarrollarse personal y profesionalmente.

“Me llamo Vera Vigevani de Jarach, soy italiana nacida en Milán. Vine a la Argentina en 1939 después de las leyes raciales de Mussolini. Yo soy judía-italiana. Una pequeña cantidad de judíos-italianos se refugió en la Argentina. Yo tuve muchísima suerte en mi vida porque tuve un compañero fantástico. Me casé muy joven con Jorge Jarach que también era italiano. Durante muchos años no tuvimos hijos, por eso cuando decidimos tenerlos estábamos muy entusiasmados con la idea de ser padres. Nuestra hija Franca nació el 19 de diciembre de 1957. Llegó a nuestro hogar, siendo muy esperada, después de ocho años de matrimonio, en una familia de la burguesía -más o menos intelectuales-. Mi esposo era ingeniero y yo, periodista, por lo cual desde el principio fue una niña muy adorada y que tuvo muchas posibilidades de aprender y gozar de la vida. Creo que fuimos padres muy compañeros de nuestra hija, fue una hija única y constituimos un trío que tuvo características muy peculiares. Los tres éramos muy amantes de la montaña, nosotros dos, sobre todo, ya que nuestros orígenes tanos corresponden a lugares de montaña. Fuimos campamenteros desde siempre, también con Franca y con sus amigos.”

La alegría de Vera de esos tiempos se vio opacada por la violencia del Terrorismo de Estado. El 25 de junio de 1976 su hija Franca fue secuestrada en la vía pública. No se tienen datos exactos ni del lugar ni de las circunstancias del hecho: “El 25 de junio era viernes y nosotros habíamos ido a Tigre, a pasar el fin de semana, como lo hacíamos, generalmente. El novio de Franca nos avisa y a partir de ese momento empieza nuestra búsqueda. Mi hija Franca tenía 18 años cuando fue secuestrada y desaparecida".

Por ese entonces, Vera era periodista de la agencia de noticias italiana ANSA. A partir del momento en que Vera y su marido toman conocimiento de lo ocurrido, comienza la incansable búsqueda de su hija tanto en el ámbito nacional como internacional.

El recuerdo de Franca

Como todas las Madres, Vera recuerda con orgullo a su hija desde la plenitud de su juventud, con los sueños, proyectos e ideales propios de una generación que se comprometía con la sociedad y con su tiempo. Acompañada por el Programa Educación y Memoria, Vera comparte sus recuerdos a partir de las preguntas de los estudiantes:

“Evidentemente una mamá es siempre parcial, pero yo no creo serlo mucho si digo que fue una niña excepcional y una adolescente verdaderamente maravillosa, que hubiera aportado mucho a la sociedad, y desde luego, a sí misma y a su familia. Desde muy niña demostró tener distintos tipos de posibilidades, potencialidades, creatividad. Ella estaba convencida, y lo repetía en forma constante, que para cambiar el mundo había que partir de la educación. Era una chica apasionadísima, sedienta de conocimientos, era una alumna excepcional -fue abanderada del Colegio Nacional Buenos Aires, con un promedio casi de 10- pero también participaba de las asambleas, mesas de trabajo, tomas del colegio, era delegada en el centro de estudiantes. Todo lo que significaba participación y, en cierta manera, rebelión, para acompañar con la acción sus conocimientos”.

¿Cómo era Franca?

Franca era una chica muy alegre, sensible, pero que podía pasar a momentos de gran tristeza. Era muy solidaria y había entendido perfectamente que este mundo, con tantas injusticias, no era una condena eterna sino que esa realidad podía cambiarse. Esperaba esa transformación y luchó por ello, poco tiempo porque su vida fue cortada. Franca estaba convencida de esto, como lo sigo estando yo. Acepto que no se puede ser del todo optimista pero creo que hay posibilidades siempre de mejorar las cosas y que vale la pena tratar de hacerlo. Creo que también podría haber sido una buena abogada porque era amante de la justicia, desde muy pequeña marcaba el sentido de la justicia en muchas cosas. Además hacía teatro, escribía y pintaba. Mi marido era ingeniero pero tenía gran vocación por la pintura así que Franca empezó a dibujar y pintar desde muy chica, mi marido le enseñó mucho.

¿Qué tipo de música le gustaba? ¿Qué cosas le gustaba leer?

La música clásica le gustaba muchísimo, pero también le gustaba la música que había en ese momento. Rock nacional, Almendra. Los Beatles eran el sumum. Tocaba muy bien la flauta dulce y también la flauta traversa. Y leía muchísimo, en mi casa se hablaba italiano con ella, así que tenía una buena cultura italiana. Su abuela, le hizo leer los clásicos italianos. Nunca pensamos en mandarla a un colegio italiano porque no queríamos que fuera a una escuela separada del resto de la sociedad y además considerábamos que tenía que ser argentina.

¿Estaba enamorada?

Mi hija era muy apasionada. Tuvo dos novios, que siguen siendo como hijos para mí. Uno vive en España, se casó y estamos siempre en relación, y el otro vive en la Argentina, también se casó. El de España es un fotógrafo, trabaja en Reuters, y ha hecho una cosa excepcional también porque cuando se creó la CONADEP (la Comisión Nacional sobre Desaparecidos, que se creó con el primer gobierno democrático) y comenzaron las inspecciones en aquellos lugares donde hubo prisioneros clandestinos, él se ofreció como fotógrafo y fue a todos esos lugares. Él era el novio en el momento en que la secuestraron.

¿Tenía muchos amigos?

Sí, Franca tuvo muchos amigos, que venían a casa, que venían con nosotros al Tigre, a la montaña, a todos lados. Ella era una figura que aglutinaba, esa es la palabra. Yo lo descubro hasta ahora, con personas que no conozco. Cada tanto me llama alguien que la conocía, que me dice esto, los profesores también, se hizo muy amiga de algunos profesores que después se exiliaron. Muchos de sus amigos siguen siendo amigos míos.

¿Cuáles eran sus ideales?
Franca tuvo una militancia dentro de un colegio muy politizado, en el que alternaron períodos de grandes restricciones con otros de libertad y gran democracia. El sueño o la utopía era que todas las ventajas que estos estudiantes tenían por su origen social y el tipo de educación que recibían pudiesen llegar a todo el pueblo. Ella creía que el mundo se podía cambiar por uno más justo. Lo mismo que pienso yo en la actualidad aunque por otras vías. La democracia no será perfecta pero da la posibilidad de participar, de actuar, se pueden lograr cosas pacíficamente.

La búsqueda y la lucha con las Madres

La búsqueda de Franca tuvo, como punto de partida, el Taller Gráfico donde Franca trabajaba y llegó a diferentes esferas del ámbito internacional: “Uno de los primeros lugares donde fue mi marido, era a ese taller para ver si sabían algo pero no sabían nada. La búsqueda tiene una historia similar a todas pero en nuestro caso fue así: primero a la policía, también hospitales inclusive la morgue y después empiezan los pasos a nivel nacional oficial, en el Ministerio del Interior, el Primer Cuerpo de Ejército, la Marina, a nivel internacional Amnesty Internacional, la Cruz Roja, la OEA, senadores y diputados de los Estados Unidos -era la época de Jimy Carter-, la Embajada norteamericana y, en nuestro caso, la Embajada italiana, en la que al principio no hubo una buena acogida. Las puertas de la Embajada estaban prácticamente cerradas. Pese a ello, nosotros pudimos entrar y contamos con una persona que nos recibió y que trató de ayudarnos, pero –básicamente- nos daba cartas o nos vinculaba con personas de la Iglesia, desde pequeños curas vinculados con los militares hasta las autoridades eclesiásticas y -por supuesto- el nuncio apostólico. Yo me moví por el lado italiano, estuve varias veces con el presidente Sandro Pertini, que estuvo dos veces con el Papa. También mi marido fue a la DAIA y a la Embajada de Israel. Todos prometían, todos decían buenas palabras y nada pasó, como en todos los casos”.

Su nacionalidad italiana y su trabajo como periodista para una agencia de dicho país le permitió a Vera alcanzar otros espacios y llevar su reclamo a otros ámbitos. Su búsqueda solitaria de los comienzos, poco a poco se fue transformando en una búsqueda colectiva: “Antes de ir a la Embajada Italiana habíamos hecho otros intentos: por ejemplo, me llamó un amigo desde Italia, director de un diario, y nos preguntó si habíamos ido al CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). Yo no conocía el CELS y él, desde Italia, lo sabía. Yo como trabajaba en ANSA, la agencia de noticias italiana, iba a todas las conferencias de prensa extranjeras con cartas para los militares, para los eclesiásticos, imploraba. Estuve en Italia, fui a reuniones, conocí a Primo Levi... Tuvimos mucha solidaridad y en el país tuvimos una cosa muy importante que fue conocer a las personas que estaban en nuestra misma situación. Se creó una especie de hermandad entre nosotras”.

¿En ese tiempo nunca tuvo ninguna noticia de ella?

¡Sí! Tuvimos un llamado de Franca. Quince días después de su desaparición, estábamos en casa con mucha gente que se solidarizaba con nosotros y suena el teléfono, mi marido atiende y es ella. Franca dice: “Papá, estoy detenida en Seguridad Federal”. No era verdad, a la luz de lo que supe después. “Me dan comida, me dan abrigo y me dan medicinas si las necesito”. El papá le pregunta: “Franca decime cuándo te tengo que ir a buscar?”. Entonces ella dice: “papá tengo que hablarte en castellano -porque nosotros hablábamos en italiano en casa-, te van a avisar”. Y después dice: “¿Cómo está mamá; como está mi novio? Nos vamos a ver pronto”. Y termina la comunicación. Esta es la última vez que escuchamos la voz de mi hija, lo tengo grabado, ya que en ese momento ya teníamos un equipo para grabar. Estos eran llamados para confundir a las familias y para que no siguiéramos buscando. Pero eso lo entendimos mucho tiempo después, en ese momento realmente pensábamos con mi marido que nos avisarían...

Pero el llamado nunca llegó y tuvieron que pasar muchos años para que Vera pudiera reconstruir el destino de Franca. "Yo supe su destino, el lugar donde la llevaron, hace muy pocos años. Mi marido no lo supo, falleció en 1991. Hasta entonces sólo había versiones nunca comprobadas y, finalmente, supe que su destino fue la ESMA. Una persona que la conocía, que colabora mucho con los antropólogos forenses y que se decidió a hablar, me dijo que la había visto allí, que pudo hablar con ella, me contó algunas cosas. Así que yo de golpe tuve algunos datos y fue buenísimo poder contar con ellos porque la incertidumbre, no saber, es lo peor. Supe que duró muy poco en ese lugar, duró menos de un mes.Creemos que la secuestran en un café que se llama “Exedra”, en Córdoba y Carlos Pellegrini. Ella llama por teléfono a su novio diciendo que había perdido su cartera y sus documentos y que va a procurar encontrarlos, esto es lo último que aparece antes del secuestro. Lo que supimos después es que el 25 de junio y en los días cercanos, fue secuestrado un grupo de cinco personas que compartían con Franca la pertenencia a un pequeño grupo sindical de gráficos".

“En la ESMA, estuvo en el sótano y como necesitaban lugar porque seguían entrando centenares de nuevos secuestrados, empezaron los vuelos de la muerte. Hay cruces de fechas que lo demuestran, esto de la entrada y del asesinato de los que estaban. La otra cosa que supe y que fue muy importante para mí fue saber que en ese momento no tenían miedo, no sabían qué podía pasarles. En cambio la gente que secuestraron después sí lo sabía. La persona que la vio y que habló con ella me dijo que en ese momento pensaban dos posibilidades: una de ser legitimados, pasados al Poder Ejecutivo y la otra de ser liberados. Nadie, en ese momento, pensaba lo peor. Todos fueron torturados al empezar pero el miedo del destino final no lo tenían. Y en el caso de Franca, una mujer que estuvo detenida con ella me dijo que estaba entera y que hasta tenía sentido del humor. Decía que ella que era gordita y que no necesitaría hacer un régimen para tener buena silueta porque ahí no les daban casi nada de comer. Había ánimo todavía de hacer chistes, todos los que estaban ahí en ese momento estaban enteros".

Vera, hoy

Actualmente, Vera es integrante de la agrupación Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora y de la Fundación Memoria Histórica y Social Argentina. Es coautora, entre otros, de los libros “Tantas voces una historia, judíos italianos en la Argentina 1938-1945” y “Il silenzio infranto”, dedicado a los ítalo argentinos durante la dictadura militar Argentina. Además, publicó el libro “Los chicos del exilio” y participó en varias películas que tienen como línea argumental, la dictadura militar argentina.

Para Vera es muy importante la tarea educativa de recuperar la Memoria. Es por eso que recorre las escuelas contando su historia cada vez que se lo requieren.

¿Por qué y para qué sirve transmitir la Memoria en las escuelas?

Esa es una pregunta clave. Si no creyera en eso, no haría lo que hago. Es mi empeño mayor. Creo que la Memoria como tal es una de las principales fuentes históricas –aunque haya también otras-. Nuestra memoria puede ser parcial pero aporta y queremos que sirva a futuro. Cuando decimos “Nunca más” es porque creemos que, aunque no sea una garantía, el “Nunca más” da la posibilidad de conocer lo que pasó, de conocer ciertos síntomas, de conocer ciertas situaciones que preceden las dictaduras, de peligro, de sistemas totalitarios. Estamos tratando de inducir a no ser nunca indiferentes, dejar de lado el “no te metás”, ser activos y, puesto que yo confío en estos canales posibles, les pido a todos que los utilicen y eviten que las historias se repitan. Está demostrado que las historias no serán nunca iguales, pero muchas veces se repiten, desgraciadamente. Mi propia historia lo demuestra: mi abuelo que se quedó en Italia, no quiso venir, decía que “no le iba a pasar nada”. Y fue deportado a Auschwitz. No hay tumba, no hay cuerpo, no hay nada. Y después de muchos años, a mi hija le pasó lo mismo: secuestrada, torturada, asesinada, desaparecida. Hay muchos ejemplos de repetición en la historia.

¿Qué rol cree que debe jugar la educación para que las historias no se repitan?

Su rol es fundamental. Por ejemplo, desde hace un tiempo es obligatorio en los colegios recordar ciertas fechas: el 24 de marzo como el día del Golpe Militar; el 16 de septiembre, como el día en que se recuerda la Noche de los Lápices; y otras. Esos son motores, pero no basta, porque tendrían que complementarse con talleres, con visitas especiales, con distintas actividades -cosa que hacen en algunos colegios-. Entiendo que el trabajo que realizamos sobre Memoria permite vincular a los chicos de hoy con las historias familiares, con las historias de estos jóvenes, saber quiénes eran y por qué luchaban. Ni subversivos, ni asesinos como querían mostrarlos nuestros enemigos. Tampoco héroes: eran chicos, como todos, alegres, apasionados, con sus potencialidades, con sus defectos. Eran personas que, en cierto momento, entendieron que había que luchar por sus ideas, por las posibilidades de mejorar el mundo, se abrió un camino. Hubo una tragedia, una dictadura que truncó esas vidas, pero los caminos están. Y recuperar estas historias de vida es fundamental.

¿Cuál debería ser el rol de los docentes con el tema de la memoria?

El rol es convocar la Memoria, por un lado, con los que la pueden aportar y en nuestro caso será mientras estemos vivos. La memoria también está en los documentos, está en los libros, está en las películas. Hay mucho material sobre la memoria, pero no basta. La memoria debe servir para que las cosas no se repitan y para mostrar que ciertos caminos, esos cambios que soñaron, están ahí. Están pendientes. Cada docente debe encontrar su vía, sabe cómo enseñar y puede inventar formas nuevas, desde el teatro, el arte. El docente tiene su profesión en la mano...

Con su infinita sabiduría, Vera expresa este mensaje final para los jóvenes:

“Mi testimonio es como un mensaje que puede dar una abuela: Sigan siempre adelante. Sueñen, porque no es malo soñar. Proyecten, porque es bueno proyectar. Únanse, porque es bueno estar unidos en todas las cosas. La amistad es uno de los dones más grandes de nuestra vida, la otra es la libertad y la otra es la solidaridad. Todas estas cosas juntas pueden hacer que una vida tenga un largo desarrollo, tenga verdaderamente un sentido".